La plaza pública, conocida como ágora por los griegos, era esencial para la democracia. Era este el lugar de reunión y discusióndonde los ciudadanos ejercían su libertad de expresión, y la opinión se envolvía de significado con respecto a lo público.

Las plazas públicas representan, al menos simbólicamente, el sentido de pertenencia a una colectividad: ahí se manifiestan los movimientos y demandas colectivas. Es por esto que una urbe debiese ser una extensión del ágora. Persiguiendo este sentido el artista urbano, Florian Riviére interviene estéticamente la urbe para apropiarnos del espacio colectivo. Una de sus creaciones que sobresale, por su profundo sentido, es la instalación de megáfonos públicos.

Todos vivimos reflexiones, autonarrativas de lo que pensamos y creemos, pero no estamos acostumbramos a expresarlas en la calle. El megáfono de Riviére alienta la expresión pública en lugares abiertos y transitados. La exteriorización de las ideas es relevante porque enriquece y revitaliza la cultura –ese engranaje que define y es definido por las conductas y creencias que se gestan de forma colectiva. .

El proyecto general de intervención urbana de Riviére se llama Urban Hacking, y está estrechamente ligado al humor. Este artista quiere detonar la simpatía en la convivencia citadina. Si bien algunas de sus ideas critican con agudeza la deshumanización de las urbes, generalmente Riviére apuesta más a la inspiración que a la denuncia. El megáfono público empuja a la recreación de las ideas y a la expresión como aliciente de cohesión cultural. Todos tenemos algo qué decir, incluso si ignoramos el megáfono, estamos expresando algo.

La plaza pública, conocida como ágora por los griegos, era esencial para la democracia. Era este el lugar de reunión y discusióndonde los ciudadanos ejercían su libertad de expresión, y la opinión se envolvía de significado con respecto a lo público.

Las plazas públicas representan, al menos simbólicamente, el sentido de pertenencia a una colectividad: ahí se manifiestan los movimientos y demandas colectivas. Es por esto que una urbe debiese ser una extensión del ágora. Persiguiendo este sentido el artista urbano, Florian Riviére interviene estéticamente la urbe para apropiarnos del espacio colectivo. Una de sus creaciones que sobresale, por su profundo sentido, es la instalación de megáfonos públicos.

Todos vivimos reflexiones, autonarrativas de lo que pensamos y creemos, pero no estamos acostumbramos a expresarlas en la calle. El megáfono de Riviére alienta la expresión pública en lugares abiertos y transitados. La exteriorización de las ideas es relevante porque enriquece y revitaliza la cultura –ese engranaje que define y es definido por las conductas y creencias que se gestan de forma colectiva. .

El proyecto general de intervención urbana de Riviére se llama Urban Hacking, y está estrechamente ligado al humor. Este artista quiere detonar la simpatía en la convivencia citadina. Si bien algunas de sus ideas critican con agudeza la deshumanización de las urbes, generalmente Riviére apuesta más a la inspiración que a la denuncia. El megáfono público empuja a la recreación de las ideas y a la expresión como aliciente de cohesión cultural. Todos tenemos algo qué decir, incluso si ignoramos el megáfono, estamos expresando algo.

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