Polvo eres y en polvo te convertirás.

Génesis 3:19

 

Es fácil olvidar nuestra futura muerte cuando vivimos rodeados de las distracciones y trivialidades que popularmente llamamos vida. Pero reflexionar en nuestra naturaleza finita no solamente resulta una idea poderosa e inspiradora; es también la iluminada aceptación de eso que hace nuestro tiempo en la tierra valioso y, valga decirlo, espectacular.

Cuenta una leyenda que en épocas de la Roma antigua, un general regresó a su hogar después de haber ganado una gran batalla. El soldado recorrió la ciudad entera para celebrar su triunfo, recibiendo felicitaciones y halagos de las multitudes. Por un instante, el general romano sintió un enorme orgullo y una intensa arrogancia. Fue en ese momento en el que el personaje que tal vez nadie habría recordado, un esclavo, dijo algo tan profundamente obvio e importante, que habría de permanecer en la cultura occidental hasta nuestros días; lo dijo en voz baja, para que sólo su amo pudiera escucharlo: “Recuerda que morirás” (“Memento mori”), le dijo al guerrero, “recuerda que morirás y que eres solamente un hombre” (“Respice post te. Hominem te memento”).

La particular estética que nació de esta leyenda y sus implicaciones ontológicas tocó esencialmente la cultura occidental y floreció particularmente a partir del siglo XVII, durante una era de profunda religiosidad. Memento mori, que terminó por ser un género artístico, invadió poemas, cuadros, tumbas, canciones, joyería, libros y esculturas, adornándolos con cráneos y esqueletos, relojes, velas a punto de extinguirse, flores y frutas, a la manera de lo que hoy conocemos como “naturaleza muerta”.

El cristianismo abrazó el Memento mori por implicar objetos, símbolos y expresiones que hablaban de la importancia del mundo espiritual por encima del mundo terrenal, y por generar coincidencias convenientes con conceptos como el Juicio Final y el Cielo de los cristianos.

Por su naturaleza universal, arquetípica, este recordatorio de la muerte también existe en otras culturas, como si siempre hubiera estado ahí. Nuestro imaginario está poblado por el Memento mori; baste recordar a Hamlet hablando con el cráneo de Yorick, o el sinnúmero de cuadros renacentistas y barrocos adornados con calaveras. También, rememoremos la obsesión que existió en la Inglaterra victoriana con la muerte en expresiones como la fotografía post mortem y la joyería hecha con cabello de personas muertas.

En tierras americanas, la cultura del Memento mori existe de una manera muy particular, como la representación de la muerte en México, particularmente durante el Día de los Muertos, que la retrata como esqueletos que se comportan (celebran, comen, beben, se visten) como los vivos. El islam, el budismo y la estética samurái también tienen su manera propia de representar la inevitable presencia de la muerte en nuestra vida.

Memento mori, dos palabras poderosas que aún hoy hacen eco en nuestra psique como un recordatorio espontáneo, resplandeciente, que podría parecer obvio pero no lo es. Este concepto, abiertamente mórbido para la sensibilidad de nuestra era, no es necesariamente sombrío; podría verse como una invitación a aprovechar el tiempo que tenemos en esta tierra (a la manera del Carpe diem) y de encontrar la forma de distinguir las vanidades del mundo. Memento mori es también un recuerdo de la vida, porque todos moriremos, nunca hay que olvidarlo, pero por ahora seguimos aquí…

 

En seguida una hermosa colección de arte de Memento mori:

stilllifewithaskull
napoli-roue_de_la_fortune_memento_mori
memling_vanity_and_salvation
david_bailly_vanitas1651
catrina-guadalupe-posadas
tacka-laura
hamlet
memento-mori
laura-makabresku-1
laura-makabresku
 
 

*Imágenes:

1, 7, 11) Laura Makabresku

Dominio Público: 2) Still-Life with a Skull (1671), Philippe de Champagne,; 3) Memento mori (1585), mosaico de Pompeya, artista desconocido; 4) Triptych of Earthly Vanity and Divine Salvation (1485), Hans Memling; 5) Self-Portrait with Vanitas Symbols (1651), David Bailly; 6) Catrina (1910), José Guadalupe Posadas; 8) Hamlet – The Shakespeare Quartos Archive; 9) A Collection of Emblemes, Ancient and Moderne (1635), George Wither.

Polvo eres y en polvo te convertirás.

Génesis 3:19

 

Es fácil olvidar nuestra futura muerte cuando vivimos rodeados de las distracciones y trivialidades que popularmente llamamos vida. Pero reflexionar en nuestra naturaleza finita no solamente resulta una idea poderosa e inspiradora; es también la iluminada aceptación de eso que hace nuestro tiempo en la tierra valioso y, valga decirlo, espectacular.

Cuenta una leyenda que en épocas de la Roma antigua, un general regresó a su hogar después de haber ganado una gran batalla. El soldado recorrió la ciudad entera para celebrar su triunfo, recibiendo felicitaciones y halagos de las multitudes. Por un instante, el general romano sintió un enorme orgullo y una intensa arrogancia. Fue en ese momento en el que el personaje que tal vez nadie habría recordado, un esclavo, dijo algo tan profundamente obvio e importante, que habría de permanecer en la cultura occidental hasta nuestros días; lo dijo en voz baja, para que sólo su amo pudiera escucharlo: “Recuerda que morirás” (“Memento mori”), le dijo al guerrero, “recuerda que morirás y que eres solamente un hombre” (“Respice post te. Hominem te memento”).

La particular estética que nació de esta leyenda y sus implicaciones ontológicas tocó esencialmente la cultura occidental y floreció particularmente a partir del siglo XVII, durante una era de profunda religiosidad. Memento mori, que terminó por ser un género artístico, invadió poemas, cuadros, tumbas, canciones, joyería, libros y esculturas, adornándolos con cráneos y esqueletos, relojes, velas a punto de extinguirse, flores y frutas, a la manera de lo que hoy conocemos como “naturaleza muerta”.

El cristianismo abrazó el Memento mori por implicar objetos, símbolos y expresiones que hablaban de la importancia del mundo espiritual por encima del mundo terrenal, y por generar coincidencias convenientes con conceptos como el Juicio Final y el Cielo de los cristianos.

Por su naturaleza universal, arquetípica, este recordatorio de la muerte también existe en otras culturas, como si siempre hubiera estado ahí. Nuestro imaginario está poblado por el Memento mori; baste recordar a Hamlet hablando con el cráneo de Yorick, o el sinnúmero de cuadros renacentistas y barrocos adornados con calaveras. También, rememoremos la obsesión que existió en la Inglaterra victoriana con la muerte en expresiones como la fotografía post mortem y la joyería hecha con cabello de personas muertas.

En tierras americanas, la cultura del Memento mori existe de una manera muy particular, como la representación de la muerte en México, particularmente durante el Día de los Muertos, que la retrata como esqueletos que se comportan (celebran, comen, beben, se visten) como los vivos. El islam, el budismo y la estética samurái también tienen su manera propia de representar la inevitable presencia de la muerte en nuestra vida.

Memento mori, dos palabras poderosas que aún hoy hacen eco en nuestra psique como un recordatorio espontáneo, resplandeciente, que podría parecer obvio pero no lo es. Este concepto, abiertamente mórbido para la sensibilidad de nuestra era, no es necesariamente sombrío; podría verse como una invitación a aprovechar el tiempo que tenemos en esta tierra (a la manera del Carpe diem) y de encontrar la forma de distinguir las vanidades del mundo. Memento mori es también un recuerdo de la vida, porque todos moriremos, nunca hay que olvidarlo, pero por ahora seguimos aquí…

 

En seguida una hermosa colección de arte de Memento mori:

stilllifewithaskull
napoli-roue_de_la_fortune_memento_mori
memling_vanity_and_salvation
david_bailly_vanitas1651
catrina-guadalupe-posadas
tacka-laura
hamlet
memento-mori
laura-makabresku-1
laura-makabresku
 
 

*Imágenes:

1, 7, 11) Laura Makabresku

Dominio Público: 2) Still-Life with a Skull (1671), Philippe de Champagne,; 3) Memento mori (1585), mosaico de Pompeya, artista desconocido; 4) Triptych of Earthly Vanity and Divine Salvation (1485), Hans Memling; 5) Self-Portrait with Vanitas Symbols (1651), David Bailly; 6) Catrina (1910), José Guadalupe Posadas; 8) Hamlet – The Shakespeare Quartos Archive; 9) A Collection of Emblemes, Ancient and Moderne (1635), George Wither.