Hablar de Merlín, el poderoso consejero del rey Arturo, es hablar del arquetipo del hechicero en su forma más pura. El escrito más antiguo en el que es posible encontrar a este personaje es la crónica pseudohistórica Historia Regum Britanniae (c. 1136) de Geoffrey de Monmouth, considerado el creador del personaje de la mítica corte artúrica. A partir de este texto evolucionarían las varias versiones de esta figura, no todas ellas relacionadas con el famoso rey de Camelot e inconsistentes entre sí, cuestión que hace aún más enigmático al legendario Merlín y lo convierte en el mito que es hoy.

Los estudiosos afirman que Geoffrey de Monmouth se basó en dos personajes históricos distintos para crear a Merlín. Por un lado, en Myrddin Wyllt (o Merlinus Caledonensis), bardo, profeta y loco proveniente del sur de Escocia, un personaje que nunca tuvo conexión alguna con el Arturo histórico. La leyenda cuenta que, tras presenciar la batalla de Arfderydd (en el siglo VI), Myrddin perdió la razón y se retiró a vivir como un salvaje en los bosques. El segundo personaje que, se cree, fue inspiración de Geoffrey de Monmouth es Ambrosius Aurelianus (por esta razón, de Monmouth llama al hechicero Merlin Ambrosius), un líder militar de la civilización romano-británica. Este personaje, a su vez, aparece en versiones de la historia como hermano de Uther Pendragón y tío del legendario rey Arturo.

La leyenda cuenta que Merlín fue el hijo de una dama noble (en algunas versiones, la hija del rey de Nortumbría), y un íncubo o demonio; poco después de nacer, el pequeño fue bautizado y limpiado de su herencia demoníaca. Figura paradójica, el mago encarna el encuentro del bien y el mal: un servidor bondadoso, dotado de poderes sobrenaturales por su padre.

En algunas versiones de la historia, el gran Merlín construyó lo que hoy conocemos como Stonehenge con piedras traídas de Irlanda para que ahí fuera enterrado el gran Aurelius Ambrosius. Pero la faceta más conocida del mago lo sitúa como una figura clave en la historia del rey Arturo de Camelot, su llegada al trono e incluso su concepción; con su magia, Merlín habría ayudado a Uther Pendragón a entrar disfrazado al reino de Tintagel (hoy Cornualles) y embarazar a Igraine, la esposa de su enemigo. De esta unión nacería Arturo, uno de los reyes más legendarios de la historia de la Gran Bretaña.

En el poema posterior Merlin de Robert de Boron —poeta francés de principios del siglo XIII— Merlín tiene el poder de cambiar de forma: por momentos es un hombre viejo y barbado, para luego convertirse en un joven apuesto, un niño pequeño o un venado. Además, en esta versión, la historia del mago está profundamente conectada con la del Santo Grial.

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Las distintas leyendas de Merlín también lo relacionan con mujeres legendarias; el mago fue amante y maestro de la bruja Morgana Le Fay, media hermana y adversaria del rey Arturo. También, en otras versiones de su historia, el hechicero se enamora de Niviane (o Vivien), la hija del rey de Nortumbría, a quien enseña sus poderes para conquistarla. Al final ella lo rechaza y lo hechiza, en una de las varias versiones de la muerte del gran Merlín. Otras fuentes narran el deceso del mago a manos de la famosa Dama del Lago, hechicera responsable de haber dado la famosa espada Excalibur a Arturo.

Las fuentes que han creado y recreado durante siglos la figura de uno de los magos más famosos de la historia lo dibujan como muchos seres a la vez, contradictorios entre sí, algo que nos obliga repensar al personaje de Merlín desde el punto de vista de su valor arquetípico, como un complejo cúmulo de valores que definen lo humano, nuestros más hondos deseos y carencias. Es en este punto cuando deja de importar el valor histórico del personaje, y es posible verlo como un producto de la magia que en realidad ostenta.

 

*Imágenes: 1) An Alchemist in his laboratory, David Teniers the Younger / Dominio Público; 2) Manuscrito de la alquimia inglesa, George Rippley, 1490 / Dominio Público

Hablar de Merlín, el poderoso consejero del rey Arturo, es hablar del arquetipo del hechicero en su forma más pura. El escrito más antiguo en el que es posible encontrar a este personaje es la crónica pseudohistórica Historia Regum Britanniae (c. 1136) de Geoffrey de Monmouth, considerado el creador del personaje de la mítica corte artúrica. A partir de este texto evolucionarían las varias versiones de esta figura, no todas ellas relacionadas con el famoso rey de Camelot e inconsistentes entre sí, cuestión que hace aún más enigmático al legendario Merlín y lo convierte en el mito que es hoy.

Los estudiosos afirman que Geoffrey de Monmouth se basó en dos personajes históricos distintos para crear a Merlín. Por un lado, en Myrddin Wyllt (o Merlinus Caledonensis), bardo, profeta y loco proveniente del sur de Escocia, un personaje que nunca tuvo conexión alguna con el Arturo histórico. La leyenda cuenta que, tras presenciar la batalla de Arfderydd (en el siglo VI), Myrddin perdió la razón y se retiró a vivir como un salvaje en los bosques. El segundo personaje que, se cree, fue inspiración de Geoffrey de Monmouth es Ambrosius Aurelianus (por esta razón, de Monmouth llama al hechicero Merlin Ambrosius), un líder militar de la civilización romano-británica. Este personaje, a su vez, aparece en versiones de la historia como hermano de Uther Pendragón y tío del legendario rey Arturo.

La leyenda cuenta que Merlín fue el hijo de una dama noble (en algunas versiones, la hija del rey de Nortumbría), y un íncubo o demonio; poco después de nacer, el pequeño fue bautizado y limpiado de su herencia demoníaca. Figura paradójica, el mago encarna el encuentro del bien y el mal: un servidor bondadoso, dotado de poderes sobrenaturales por su padre.

En algunas versiones de la historia, el gran Merlín construyó lo que hoy conocemos como Stonehenge con piedras traídas de Irlanda para que ahí fuera enterrado el gran Aurelius Ambrosius. Pero la faceta más conocida del mago lo sitúa como una figura clave en la historia del rey Arturo de Camelot, su llegada al trono e incluso su concepción; con su magia, Merlín habría ayudado a Uther Pendragón a entrar disfrazado al reino de Tintagel (hoy Cornualles) y embarazar a Igraine, la esposa de su enemigo. De esta unión nacería Arturo, uno de los reyes más legendarios de la historia de la Gran Bretaña.

En el poema posterior Merlin de Robert de Boron —poeta francés de principios del siglo XIII— Merlín tiene el poder de cambiar de forma: por momentos es un hombre viejo y barbado, para luego convertirse en un joven apuesto, un niño pequeño o un venado. Además, en esta versión, la historia del mago está profundamente conectada con la del Santo Grial.

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Las distintas leyendas de Merlín también lo relacionan con mujeres legendarias; el mago fue amante y maestro de la bruja Morgana Le Fay, media hermana y adversaria del rey Arturo. También, en otras versiones de su historia, el hechicero se enamora de Niviane (o Vivien), la hija del rey de Nortumbría, a quien enseña sus poderes para conquistarla. Al final ella lo rechaza y lo hechiza, en una de las varias versiones de la muerte del gran Merlín. Otras fuentes narran el deceso del mago a manos de la famosa Dama del Lago, hechicera responsable de haber dado la famosa espada Excalibur a Arturo.

Las fuentes que han creado y recreado durante siglos la figura de uno de los magos más famosos de la historia lo dibujan como muchos seres a la vez, contradictorios entre sí, algo que nos obliga repensar al personaje de Merlín desde el punto de vista de su valor arquetípico, como un complejo cúmulo de valores que definen lo humano, nuestros más hondos deseos y carencias. Es en este punto cuando deja de importar el valor histórico del personaje, y es posible verlo como un producto de la magia que en realidad ostenta.

 

*Imágenes: 1) An Alchemist in his laboratory, David Teniers the Younger / Dominio Público; 2) Manuscrito de la alquimia inglesa, George Rippley, 1490 / Dominio Público