La tenue frontera entre vigilia y sueño es, a decir de Salvador Dalí, “un hilo invisible y tenso” a través del cual el artista era capaz de caminar con una pequeña rutina.

Ésta consistía en tomar una o dos microsiestas durante el día, como preparativo para emprender una tarea demandante en el terreno creativo. Para ello es necesario seguir estos pasos:

1. Sentarse en una silla cómoda pero de respaldo recto, de preferencia con reposabrazos.

2. Sostener entre índice y pulgar una llave metálica y pesada.

3. Colocar bajo la llave un plato volteado bocabajo.

4. Cerrar los ojos y despejar todos los pensamientos de la cabeza, tratando de respirar tranquilamente.

Cuando Dalí “cabeceaba” y sus dedos soltaban la llave, ésta caía sobre el plato, lo que lo despertaba y traía de vuelta a la vigilia. Visto en cámara lenta, la microsiesta de Dalí duraba lo que tarda la llave en resbalar de los dedos y tocar el plato-campana, pero esto era más que suficiente para reponer fuerzas creativas.

El sueño hipnagógico es la primera de las cuatro etapas de un ciclo entero de sueño; es el famoso “estado alfa” donde el cuerpo está preparándose para ponerse en estado de suspensión, pero la conciencia aún se encuentra vigilante y es fácil despertar. Es el tipo de sueño donde nos vemos resbalando o cayendo y del cual despertamos en medio de un sobresalto.

El método de Dalí introduce una llave y un plato como elementos acústicos que tal vez provocan (aunque esto no ha sido científicamente demostrado) una pequeña descarga de adrenalina o cortisona, por lo que despertamos con una pequeña alerta, al igual que ocurre con las alarmas y despertadores comunes, con la ventaja de que el “gong” dura sólo un instante, lo suficiente para alertar nuestros sentidos y traerlos de regreso a la vigilia.

Durante la noche puedes complementar tus microsiestas con onirógenos, sustancias naturales que promueven la lucidez del sueño y el descanso; y descubre la que para Walter Benjamin era la mejor hora del día para relatar un sueño.

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Pintura por Serge Marshennikov

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La tenue frontera entre vigilia y sueño es, a decir de Salvador Dalí, “un hilo invisible y tenso” a través del cual el artista era capaz de caminar con una pequeña rutina.

Ésta consistía en tomar una o dos microsiestas durante el día, como preparativo para emprender una tarea demandante en el terreno creativo. Para ello es necesario seguir estos pasos:

1. Sentarse en una silla cómoda pero de respaldo recto, de preferencia con reposabrazos.

2. Sostener entre índice y pulgar una llave metálica y pesada.

3. Colocar bajo la llave un plato volteado bocabajo.

4. Cerrar los ojos y despejar todos los pensamientos de la cabeza, tratando de respirar tranquilamente.

Cuando Dalí “cabeceaba” y sus dedos soltaban la llave, ésta caía sobre el plato, lo que lo despertaba y traía de vuelta a la vigilia. Visto en cámara lenta, la microsiesta de Dalí duraba lo que tarda la llave en resbalar de los dedos y tocar el plato-campana, pero esto era más que suficiente para reponer fuerzas creativas.

El sueño hipnagógico es la primera de las cuatro etapas de un ciclo entero de sueño; es el famoso “estado alfa” donde el cuerpo está preparándose para ponerse en estado de suspensión, pero la conciencia aún se encuentra vigilante y es fácil despertar. Es el tipo de sueño donde nos vemos resbalando o cayendo y del cual despertamos en medio de un sobresalto.

El método de Dalí introduce una llave y un plato como elementos acústicos que tal vez provocan (aunque esto no ha sido científicamente demostrado) una pequeña descarga de adrenalina o cortisona, por lo que despertamos con una pequeña alerta, al igual que ocurre con las alarmas y despertadores comunes, con la ventaja de que el “gong” dura sólo un instante, lo suficiente para alertar nuestros sentidos y traerlos de regreso a la vigilia.

Durante la noche puedes complementar tus microsiestas con onirógenos, sustancias naturales que promueven la lucidez del sueño y el descanso; y descubre la que para Walter Benjamin era la mejor hora del día para relatar un sueño.

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Pintura por Serge Marshennikov

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