Parece difícil negar que algunas de las mejores mentes de las últimas generaciones han sido cooptadas o seducidas por el mundo de la moda y la publicidad. La más alta estética se ha fundido con la industria de la belleza, y el arte con el mercado. Un ejemplo de esto es el trabajo de la fotógrafa autodidacta Natalie Dybisz, mejor conocida como ‘Miss Aniela’.

A pesar de su juventud, Miss Aniela, basada en Londres, es ya un referente de la fotografía de moda que coquetea con las bellas artes. El poder de la imagen, aumentado por los grandes presupuestos de las marcas y la belleza de las modelos, alcanza una seducción perfecta en este tipo de fotografías. En su obra podemos ver espléndidas habitaciones con una ornamentación impecable, subvertidas con detalle surrealista y asaltadas por un desplante de aristocracia onírica. De esta forma la elegancia y la perfección de los vestidos, así como de los aposentos, se ve elevada a la potencia de la magia –aquello que hace a las princesas seres soñados.

En su nueva producción, Miss Aniela trabajó en el Chateau de Champlatreux, un castillo histórico en las afueras de París, donde montó una fiesta surrealista de lujo y suave delirio. Entre las bibliotecas, las pinturas y los muebles franceses del siglo XVIII irrumpen animales vivos y muertos, una luz crepuscular y un sutil toque de fantasía. El zoológico se mezcla con un espacio que simultáneamente se funde con la imaginación.

Una de las grandes cualidades de Miss Aniela es su capacidad para crear atmósferas, algunas de ellas reminiscentes de la pintura clásica. Según la fotógrafa, su inspiración viene directamente de los maestros holandeses del claroscuro, específicamente del gran Caravaggio. “Mientras que todos me hablaban de los gadgets y los programas informáticos y la iluminación, yo sólo quería capturar de alguna manera la fascinación mágica que sentía al ver las pinturas”, señala.

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Parece difícil negar que algunas de las mejores mentes de las últimas generaciones han sido cooptadas o seducidas por el mundo de la moda y la publicidad. La más alta estética se ha fundido con la industria de la belleza, y el arte con el mercado. Un ejemplo de esto es el trabajo de la fotógrafa autodidacta Natalie Dybisz, mejor conocida como ‘Miss Aniela’.

A pesar de su juventud, Miss Aniela, basada en Londres, es ya un referente de la fotografía de moda que coquetea con las bellas artes. El poder de la imagen, aumentado por los grandes presupuestos de las marcas y la belleza de las modelos, alcanza una seducción perfecta en este tipo de fotografías. En su obra podemos ver espléndidas habitaciones con una ornamentación impecable, subvertidas con detalle surrealista y asaltadas por un desplante de aristocracia onírica. De esta forma la elegancia y la perfección de los vestidos, así como de los aposentos, se ve elevada a la potencia de la magia –aquello que hace a las princesas seres soñados.

En su nueva producción, Miss Aniela trabajó en el Chateau de Champlatreux, un castillo histórico en las afueras de París, donde montó una fiesta surrealista de lujo y suave delirio. Entre las bibliotecas, las pinturas y los muebles franceses del siglo XVIII irrumpen animales vivos y muertos, una luz crepuscular y un sutil toque de fantasía. El zoológico se mezcla con un espacio que simultáneamente se funde con la imaginación.

Una de las grandes cualidades de Miss Aniela es su capacidad para crear atmósferas, algunas de ellas reminiscentes de la pintura clásica. Según la fotógrafa, su inspiración viene directamente de los maestros holandeses del claroscuro, específicamente del gran Caravaggio. “Mientras que todos me hablaban de los gadgets y los programas informáticos y la iluminación, yo sólo quería capturar de alguna manera la fascinación mágica que sentía al ver las pinturas”, señala.

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