Las formaciones geológicas peculiares siempre han estado impregnadas de misticismo. Quizá porque el hombre valora la sincronicidad de elementos que resultaron en paisajes exóticos, o porque la rareza estética y la perplejidad que genera produce estados sagrados. Lo cierto es que casi siempre, ahí donde yacen peculiaridades geológicas extraordinarias, el hombre ha pintado con leyendas y veneraciones su presencia.

Al norte de Grecia, en las llanuras de Tesalia, se erige una atractiva peculiaridad geográfica: monolitos separados a poco distancia, y con una altura inusual. Son rocas grises, agrupadas y talladas por la erosión. Su nombre, Meteora, alude al término de monasterios suspendidos en el aire o cielo.

En estas montañas se edificaron templos del cristianismo ortodoxo, uno de los vestigios más arcaicos de esta religión en la Grecia de la Edad Media. Según la mitología cristiana de la región, las rocas habían sido enviadas por el Cielo para facilitar a los griegos su retiro a la oración. Los centros religiosos fueron erigidos en el siglo XIV, a unos seiscientos metros de altura.

meteora (1)

Antes de su creación, alrededor del siglo XI, algunos monjes vivían en las cuevas de los monolitos para estar más cerca del Señor. Las estructuras de piedra están tan separados entre sí, que los monasterios situados en la cima solitarias y altas rocas, en forma de bastones, se respiran místicos.

Del total de monasterios originales solo sobrevivieron seis a los ataques alemanes en la Segunda Guerra Mundial: el de San Nicolás, San Esteban, la Santísima Trinidad, Roussanou, Varlaam y el del Gran Meteoro. Este último, también llamado Monasterio de la Transfiguración, fue fundado por Athanasio (el popular militar griego), donde hoy se atesora una iglesia tipo bizantino que guarda reliquias de esos primeros cristianos ortodoxos, y murales que figuran la persecución de los primeros religiosos.

Meteora-Monastery-From-Afar

Meteora demuestra la influencia geológica sobre la manera en que pensamos. Y es que los lugares naturales más extravagantes nos obligan a reconocer la perfección de todo lo existente. En lo alto de Meteora, los monjes se percibían predestinados al acercamiento de dios… un lugar que ciertamente responde a una ponderación divina.

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Las formaciones geológicas peculiares siempre han estado impregnadas de misticismo. Quizá porque el hombre valora la sincronicidad de elementos que resultaron en paisajes exóticos, o porque la rareza estética y la perplejidad que genera produce estados sagrados. Lo cierto es que casi siempre, ahí donde yacen peculiaridades geológicas extraordinarias, el hombre ha pintado con leyendas y veneraciones su presencia.

Al norte de Grecia, en las llanuras de Tesalia, se erige una atractiva peculiaridad geográfica: monolitos separados a poco distancia, y con una altura inusual. Son rocas grises, agrupadas y talladas por la erosión. Su nombre, Meteora, alude al término de monasterios suspendidos en el aire o cielo.

En estas montañas se edificaron templos del cristianismo ortodoxo, uno de los vestigios más arcaicos de esta religión en la Grecia de la Edad Media. Según la mitología cristiana de la región, las rocas habían sido enviadas por el Cielo para facilitar a los griegos su retiro a la oración. Los centros religiosos fueron erigidos en el siglo XIV, a unos seiscientos metros de altura.

meteora (1)

Antes de su creación, alrededor del siglo XI, algunos monjes vivían en las cuevas de los monolitos para estar más cerca del Señor. Las estructuras de piedra están tan separados entre sí, que los monasterios situados en la cima solitarias y altas rocas, en forma de bastones, se respiran místicos.

Del total de monasterios originales solo sobrevivieron seis a los ataques alemanes en la Segunda Guerra Mundial: el de San Nicolás, San Esteban, la Santísima Trinidad, Roussanou, Varlaam y el del Gran Meteoro. Este último, también llamado Monasterio de la Transfiguración, fue fundado por Athanasio (el popular militar griego), donde hoy se atesora una iglesia tipo bizantino que guarda reliquias de esos primeros cristianos ortodoxos, y murales que figuran la persecución de los primeros religiosos.

Meteora-Monastery-From-Afar

Meteora demuestra la influencia geológica sobre la manera en que pensamos. Y es que los lugares naturales más extravagantes nos obligan a reconocer la perfección de todo lo existente. En lo alto de Meteora, los monjes se percibían predestinados al acercamiento de dios… un lugar que ciertamente responde a una ponderación divina.

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