El imaginario colectivo comparte la idea del árbol como un ser vivo y sabio, que conecta el plano terrenal con el celestial y el inframundo; un ser que ha otorgado inspiración y sabiduría a lo largo de los siglos. Buda se liberó bajo el árbol Bodhi, cobijado por su sombra se hizo uno con todo. Los celtas comparaban la personalidad de los individuos con una gran variedad de especies de árboles. El Yggdrasil es el fresno del universo en 1082098744la mitología Nórdica, que nos mantiene unidos y conecta los diferentes planos del mundo, y de sus raíces emana el conocimiento; Dan Simmons propone una versión sci-fi del Yggdrasil como una nave arbórea interestelar, en la que se surca el universo completando la expiación final.

Myoung Ho Lee (1975) es un artista coreano que reconoce el poder del árbol y lo reverencia, es consciente de lo que significa para su cultura y para el mundo espiritual en general. La conexión con la naturaleza fue algo que Lee experimentó a muy temprana edad, sus recuerdos de la infancia incluyen largas caminatas apreciando los patrones naturales del paisaje y, de todo, lo que más sobresalía eran los árboles. En la vida adulta, ya como creador profesional, Lee se enfrentó con eso que los artistas reconocen como el terror del blanco: ¿cómo llenar ese vacío en el papel, lienzo o negativo, cómo darle un significado profundo y revelador?

Las fotografías de Ho Lee consisten en un bastidor blanco detrás de árboles reales, desconectándolos del paisaje y enmarcándolos en un espacio que permite apreciarlos plenamente. Algunas veces las fotografías son a la luz del día, o por la tarde y muy rara vez por la noche iluminados con luz artificial. Es hermoso ver esos diseños fractales de las ramas, perfectamente acentuadas y recortadas de la vida común. Estamos tan acostumbrados a percibir los árboles como una forma genérica cotidiana, nuestro cerebro discrimina el follaje y muchas personas raras veces se sensibilizan ante el placer estético que producen.

Tal vez la extraordinaria labor Myoung Ho Lee abra los ojos de miles de espectadores, y se tome conciencia sobre los detalles hermosos que plagan cada esquina de las ciudades, o del sueño profundo.

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El imaginario colectivo comparte la idea del árbol como un ser vivo y sabio, que conecta el plano terrenal con el celestial y el inframundo; un ser que ha otorgado inspiración y sabiduría a lo largo de los siglos. Buda se liberó bajo el árbol Bodhi, cobijado por su sombra se hizo uno con todo. Los celtas comparaban la personalidad de los individuos con una gran variedad de especies de árboles. El Yggdrasil es el fresno del universo en 1082098744la mitología Nórdica, que nos mantiene unidos y conecta los diferentes planos del mundo, y de sus raíces emana el conocimiento; Dan Simmons propone una versión sci-fi del Yggdrasil como una nave arbórea interestelar, en la que se surca el universo completando la expiación final.

Myoung Ho Lee (1975) es un artista coreano que reconoce el poder del árbol y lo reverencia, es consciente de lo que significa para su cultura y para el mundo espiritual en general. La conexión con la naturaleza fue algo que Lee experimentó a muy temprana edad, sus recuerdos de la infancia incluyen largas caminatas apreciando los patrones naturales del paisaje y, de todo, lo que más sobresalía eran los árboles. En la vida adulta, ya como creador profesional, Lee se enfrentó con eso que los artistas reconocen como el terror del blanco: ¿cómo llenar ese vacío en el papel, lienzo o negativo, cómo darle un significado profundo y revelador?

Las fotografías de Ho Lee consisten en un bastidor blanco detrás de árboles reales, desconectándolos del paisaje y enmarcándolos en un espacio que permite apreciarlos plenamente. Algunas veces las fotografías son a la luz del día, o por la tarde y muy rara vez por la noche iluminados con luz artificial. Es hermoso ver esos diseños fractales de las ramas, perfectamente acentuadas y recortadas de la vida común. Estamos tan acostumbrados a percibir los árboles como una forma genérica cotidiana, nuestro cerebro discrimina el follaje y muchas personas raras veces se sensibilizan ante el placer estético que producen.

Tal vez la extraordinaria labor Myoung Ho Lee abra los ojos de miles de espectadores, y se tome conciencia sobre los detalles hermosos que plagan cada esquina de las ciudades, o del sueño profundo.

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