Imagina llegar a una isla por barco y lo primero que ves es una enorme calabaza moteada reposando tranquila en el extremo de un muelle. Eso lo dice todo. Estas a punto de entrar en una zona que se rige por las leyes dobladas del arte. Naoshima está en el mar interior de Seto, en el sur de Japón, y esa calabaza, creada por Yayoi Kusama, es solo la bienvenida a un Wonderland de arte contemporáneo disperso e inmerso en sus bosques nubosos.

El extraño caso de la emergencia de arte moderno y arquitectura en un lugar tan aislado se debe a las donaciones de un magnate amante del arte llamado Soichiro Fukutake, presidente de la Corporación Benesse, quien por casi treinta años ha financiado un proyecto tras otro, muchos de los cuales forman hoy la colección permanente de Naoshima.

La isla está cubierta de museos que también son hoteles. El primero de estos fue el Benesse House Museum, construido en 1992 por el genial Tadao Ando, quien a la fecha ha diseñado siete estructuras en la pequeña isla, incluyendo otros dos museos. Pero las piezas no se limitan a los muros de las galerías, sino que habitan la isla como seres oriundos y mitológicos.

En los cinco kilómetros cuadrados de isla a donde mires hay alguna intervención que en lugar de irrumpir el paisaje boscoso, lo ilumina. El Art House Project, por ejemplo, es una iniciativa que transformó las casas abandonadas de la isla en esculturas que se tejen a la tela de las tradiciones japonesas.

Una de las contribuciones a este proyecto incluyó la creación de una nueva escultura llamada “Minamidera”: la construcción fue diseñada por Tadao Ando en 1999 para albergar una obra de James Turrell titulada “Backside of the Moon”.

En Naoshima hay obra de Walter de María, Jackson Pollock, Jasper Johns, Frank Stella, Jean-Michel Basquiat y, aunque no lo creas, Claude Monet. Dentro del museo Chichu se encuentra una de las famosas Ninfeas a gran escala del pintor francés, de la misma serie que está en Musée de l’Orangerie en París. Para resaltar la pieza, una escena borrosa de nubes y sauces llorones reflejados en un estanque con luz natural. Afuera del museo hay incluso un jardín modelado como el jardín de Monet en Giverny.

En ningún lugar como en Naoshima el arte imita a la naturaleza y la naturaleza recibe al arte con tan apuesta disposición. Cuando la realidad no sea suficiente, o cuando quieras literalmente hospedarte un tiempo dentro de una experiencia estética constante, está ahí la pequeña Naoshima para doblar tus márgenes de percepción.

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Images:

Walter De Maria “Seen/Unseen Known/Unknown” – at Benesse House – Image by Higjland663 / Creative Commons
George Rickey “Three Squares vertical Diagonal”.
Yayoi Kusama’s “Red pumpkin” on Miyanoura port in Naoshima.

Imagina llegar a una isla por barco y lo primero que ves es una enorme calabaza moteada reposando tranquila en el extremo de un muelle. Eso lo dice todo. Estas a punto de entrar en una zona que se rige por las leyes dobladas del arte. Naoshima está en el mar interior de Seto, en el sur de Japón, y esa calabaza, creada por Yayoi Kusama, es solo la bienvenida a un Wonderland de arte contemporáneo disperso e inmerso en sus bosques nubosos.

El extraño caso de la emergencia de arte moderno y arquitectura en un lugar tan aislado se debe a las donaciones de un magnate amante del arte llamado Soichiro Fukutake, presidente de la Corporación Benesse, quien por casi treinta años ha financiado un proyecto tras otro, muchos de los cuales forman hoy la colección permanente de Naoshima.

La isla está cubierta de museos que también son hoteles. El primero de estos fue el Benesse House Museum, construido en 1992 por el genial Tadao Ando, quien a la fecha ha diseñado siete estructuras en la pequeña isla, incluyendo otros dos museos. Pero las piezas no se limitan a los muros de las galerías, sino que habitan la isla como seres oriundos y mitológicos.

En los cinco kilómetros cuadrados de isla a donde mires hay alguna intervención que en lugar de irrumpir el paisaje boscoso, lo ilumina. El Art House Project, por ejemplo, es una iniciativa que transformó las casas abandonadas de la isla en esculturas que se tejen a la tela de las tradiciones japonesas.

Una de las contribuciones a este proyecto incluyó la creación de una nueva escultura llamada “Minamidera”: la construcción fue diseñada por Tadao Ando en 1999 para albergar una obra de James Turrell titulada “Backside of the Moon”.

En Naoshima hay obra de Walter de María, Jackson Pollock, Jasper Johns, Frank Stella, Jean-Michel Basquiat y, aunque no lo creas, Claude Monet. Dentro del museo Chichu se encuentra una de las famosas Ninfeas a gran escala del pintor francés, de la misma serie que está en Musée de l’Orangerie en París. Para resaltar la pieza, una escena borrosa de nubes y sauces llorones reflejados en un estanque con luz natural. Afuera del museo hay incluso un jardín modelado como el jardín de Monet en Giverny.

En ningún lugar como en Naoshima el arte imita a la naturaleza y la naturaleza recibe al arte con tan apuesta disposición. Cuando la realidad no sea suficiente, o cuando quieras literalmente hospedarte un tiempo dentro de una experiencia estética constante, está ahí la pequeña Naoshima para doblar tus márgenes de percepción.

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Images:

Walter De Maria “Seen/Unseen Known/Unknown” – at Benesse House – Image by Higjland663 / Creative Commons
George Rickey “Three Squares vertical Diagonal”.
Yayoi Kusama’s “Red pumpkin” on Miyanoura port in Naoshima.

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