Neil Young es un rebelde exitoso. Aprovecha su condición como uno de los compositores y músicos más talentosos de su época para incluir en sus canciones, muchas de ellas hits comerciales, un eco de los mayúsculos problemas que deterioran la calidad humana y al medio ambiente.

El consistente activismo medioambiental que predica Neil, así como su humanismo espontáneo, ha hecho reflexionar a más de uno a través de sus virtuosas composiciones. Uno de sus proyectos altruistas más plausibles es el concierto Farm Aid, un festival que ha realizado desde 1985 en compañía del compositor Willie Nelson, para apoyar económicamente a granjeros estadounidenses en peligro de perder sus fincas por hipoteca o desastres naturales. También ha pregonado el uso de biodiésel en vehículos e incluso fabricó su propio auto de motor eléctrico.

Independientemente de ser canadiense de nacimiento, las batallas de Neil Young no conocen fronteras. Lo mismo lucha por casos específicos en otros países, como el caso de Farm Aid o la condena contra el conquistador español que arrasó México (con su track “Cortez The Killer), que por causas globales, como es el medioambiente.

Esta vez el inquieto Neil está de regreso con un nuevo combo entre conciencia y talento. Se trata de su último álbum: The Monsanto Years, la grabación número 36 de su carrera y una oda instrumental diseñada, armoniosamente entre los parajes del folk, para desafiar a Monsanto y a las cadenas corporativas como Starbucks y Walmart que propagan una nefasta idea de la realidad.

960

Producido en colaboración con Promise Of The Real (la banda de los hijos de Willie Nelson), el disco contiene piezas gospel como “A Rock Star Bucks A Coffee Shop”, en donde Neil reitera su crítica a la cadena cafetera, que apoyó en Vermont la demanda de Monsanto para impedir la ley que pretendía etiquetar la comida genéticamente modificada.

Yeah, I want a cup of coffee but I don’t want a GMO. I like to start my day off without helping Monsanto.

También destacan “People Want to Hear About Love”, que no necesariamente habla de amor sino de la tergiversación de esta idea como efecto placebo; de la erosión de nuestra calidad humana y también del suelo que nos alimenta (“all the beautiful fish in the deep blue sea dying… Corporations are hijacking all your rights”) y la melódica “Woolf Moon”, que nos traslada a “campos deslumbrantes de trigo” en compañía de una armónica.

El álbum quizá intentará propagarse del mismo modo que los cultivos transgénicos se viralizan e invaden las tierras vecinas. The Monsanto Years nos recuerda, por cierto, un loable papel que muchos de los más brillantes músicos desempeñaron en su momento: el de señalar y combatir algunos de los principales males que ha enfrentado la humanidad a lo largo de su historia. Lejos de los camerinos, los flashes o el sexo con groupies, Young asume su responsabilidad como figura pública, y por lo tanto como amplificador de alternativas frente al lado oscuro de lo establecido.

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Neil Young es un rebelde exitoso. Aprovecha su condición como uno de los compositores y músicos más talentosos de su época para incluir en sus canciones, muchas de ellas hits comerciales, un eco de los mayúsculos problemas que deterioran la calidad humana y al medio ambiente.

El consistente activismo medioambiental que predica Neil, así como su humanismo espontáneo, ha hecho reflexionar a más de uno a través de sus virtuosas composiciones. Uno de sus proyectos altruistas más plausibles es el concierto Farm Aid, un festival que ha realizado desde 1985 en compañía del compositor Willie Nelson, para apoyar económicamente a granjeros estadounidenses en peligro de perder sus fincas por hipoteca o desastres naturales. También ha pregonado el uso de biodiésel en vehículos e incluso fabricó su propio auto de motor eléctrico.

Independientemente de ser canadiense de nacimiento, las batallas de Neil Young no conocen fronteras. Lo mismo lucha por casos específicos en otros países, como el caso de Farm Aid o la condena contra el conquistador español que arrasó México (con su track “Cortez The Killer), que por causas globales, como es el medioambiente.

Esta vez el inquieto Neil está de regreso con un nuevo combo entre conciencia y talento. Se trata de su último álbum: The Monsanto Years, la grabación número 36 de su carrera y una oda instrumental diseñada, armoniosamente entre los parajes del folk, para desafiar a Monsanto y a las cadenas corporativas como Starbucks y Walmart que propagan una nefasta idea de la realidad.

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Producido en colaboración con Promise Of The Real (la banda de los hijos de Willie Nelson), el disco contiene piezas gospel como “A Rock Star Bucks A Coffee Shop”, en donde Neil reitera su crítica a la cadena cafetera, que apoyó en Vermont la demanda de Monsanto para impedir la ley que pretendía etiquetar la comida genéticamente modificada.

Yeah, I want a cup of coffee but I don’t want a GMO. I like to start my day off without helping Monsanto.

También destacan “People Want to Hear About Love”, que no necesariamente habla de amor sino de la tergiversación de esta idea como efecto placebo; de la erosión de nuestra calidad humana y también del suelo que nos alimenta (“all the beautiful fish in the deep blue sea dying… Corporations are hijacking all your rights”) y la melódica “Woolf Moon”, que nos traslada a “campos deslumbrantes de trigo” en compañía de una armónica.

El álbum quizá intentará propagarse del mismo modo que los cultivos transgénicos se viralizan e invaden las tierras vecinas. The Monsanto Years nos recuerda, por cierto, un loable papel que muchos de los más brillantes músicos desempeñaron en su momento: el de señalar y combatir algunos de los principales males que ha enfrentado la humanidad a lo largo de su historia. Lejos de los camerinos, los flashes o el sexo con groupies, Young asume su responsabilidad como figura pública, y por lo tanto como amplificador de alternativas frente al lado oscuro de lo establecido.

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