La popularización de algunos preceptos de la física moderna nos ha sensibilizado hacia ciertas nociones como el origen del universo, o el papel que la materia y la energía han tenido en ese proceso a un tiempo maravilloso y todavía incomprensible que es el desarrollo del cosmos.

Sin embargo, por más que sepamos qué es el Big-Bang o tengamos cierta idea de la teoría de la relatividad de Einstein, igualmente debemos considerar que sobre la naturaleza del Universo todavía queda mucho por decir.

A esa apertura pertenece la propuesta poco conocida que asegura que la información podría ser el elemento fundamental en la constitución de la realidad física. No la materia ni la energía, sino eso tan cotidiano que llamamos información.

Las razones de esta idea se encuentran en los desarrollos científicos de Claude Elwood Shannon, matemático que a mediados del siglo XX sentó las bases de lo que después se convertiría en el “entorno digital” en que vivimos, en buena medida porque gracias a sus investigaciones en matemáticas aplicadas a la información, dedujo que ésta podía comprenderse como unidades medibles en las que el contenido es una opción entre otras probables.

Dicha idea revolucionó tanto el concepto de información como los usos de ésta y, paralelamente, las comunicaciones. De hecho, fue a partir de ésta que Shannon propuso después el teorema que hizo posible el paso de las comunicaciones analógicas a las comunicaciones digitales, es decir, de una forma de procesar información que ocurre continuamente en el tiempo (analógicamente) a otra en donde dicho procesamiento es posible por muestreo y cuantización.

Bajo esa idea, prácticamente todo el universo es susceptible de ser entendido como unidades de información y, por ende, ser procesado como tal. Una partícula subatómica, por ejemplo, no es tanto la suma de los elementos que la integran como los intercambios de información que ocurren entre ellos (que, a su vez, son información en sí mismos).

Queda mucho por saber sobre la composición del cosmos, su comportamiento y sus fenómenos, pero tanto a esa escala como en el nivel más modesto de nuestra vida diaria, quizá comenzar a cambiar nuestro paradigma de pensamiento –y entender que, más que suma de partes, somos combinación de interacciones– nos pondría en la ruta de comprender mejor los fenómenos que nos rodean.

 

 

También en Faena Aleph: El filósofo que previó el concepto del multiverso desde el siglo XIII

La popularización de algunos preceptos de la física moderna nos ha sensibilizado hacia ciertas nociones como el origen del universo, o el papel que la materia y la energía han tenido en ese proceso a un tiempo maravilloso y todavía incomprensible que es el desarrollo del cosmos.

Sin embargo, por más que sepamos qué es el Big-Bang o tengamos cierta idea de la teoría de la relatividad de Einstein, igualmente debemos considerar que sobre la naturaleza del Universo todavía queda mucho por decir.

A esa apertura pertenece la propuesta poco conocida que asegura que la información podría ser el elemento fundamental en la constitución de la realidad física. No la materia ni la energía, sino eso tan cotidiano que llamamos información.

Las razones de esta idea se encuentran en los desarrollos científicos de Claude Elwood Shannon, matemático que a mediados del siglo XX sentó las bases de lo que después se convertiría en el “entorno digital” en que vivimos, en buena medida porque gracias a sus investigaciones en matemáticas aplicadas a la información, dedujo que ésta podía comprenderse como unidades medibles en las que el contenido es una opción entre otras probables.

Dicha idea revolucionó tanto el concepto de información como los usos de ésta y, paralelamente, las comunicaciones. De hecho, fue a partir de ésta que Shannon propuso después el teorema que hizo posible el paso de las comunicaciones analógicas a las comunicaciones digitales, es decir, de una forma de procesar información que ocurre continuamente en el tiempo (analógicamente) a otra en donde dicho procesamiento es posible por muestreo y cuantización.

Bajo esa idea, prácticamente todo el universo es susceptible de ser entendido como unidades de información y, por ende, ser procesado como tal. Una partícula subatómica, por ejemplo, no es tanto la suma de los elementos que la integran como los intercambios de información que ocurren entre ellos (que, a su vez, son información en sí mismos).

Queda mucho por saber sobre la composición del cosmos, su comportamiento y sus fenómenos, pero tanto a esa escala como en el nivel más modesto de nuestra vida diaria, quizá comenzar a cambiar nuestro paradigma de pensamiento –y entender que, más que suma de partes, somos combinación de interacciones– nos pondría en la ruta de comprender mejor los fenómenos que nos rodean.

 

 

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