Pocos arquitectos gozan de la experiencia y la lucidez del británico Norman Foster (Manchester, 1935). Con una carrera profesional que ronda ya las cinco décadas y habiendo ganado prácticamente todos los más prestigiados reconocimientos, Foster es indudablemente una de las máximas autoridades dentro de la arquitectura contemporánea. Y precisamente por está razón, cuando el creador de legendarios inmuebles como el estadio Wembley habla, es importante escucharlo.

En una conferencia de prensa con motivo del II Congreso Internacional de Arquitectura y Sociedad, que se realizó en Pamplona hace un par de años, Foster enfatizó en el rol social de la arquitectura. Más allá del glamour, advirtió que no entiende la arquitectura como un espectáculo sino como una cercana acompañante de toda sociedad. Y al referirse a los objetivos fundamentales de esta disciplina, el genio británico fue contundente: “dar respuesta a las necesidades sociales, espirituales y materiales” del hombre.

Un viejo adagio advierte que las crisis son también los momentos de mayores oportunidades, y Foster dejó en claro que coincide con esta filosofía. Ante el apabullado ánimo que se ha cernido sobre España, motivado por las dificultades económicas, el arquitecto aclaró que algunas de las obras más notables en la historia de la arquitectura han florecido en épocas en las que los recursos escasearon, lo cual nos obliga a “hacer más con menos”.

Posteriormente, ya durante el congreso, Foster alabó el papel que juegan los espacios públicos en un contexto social, al ser los encargados de conectar una ciudad. “El espacio público es un espacio grandioso, un elemento central de la sociedad, es una cuestión que se abre desde nuestra existencia en las cuevas, una constante a lo largo de la historia”, manifestó el arquitecto en declaraciones recogidas por la agencia Europa Press.

Como suele suceder con Foster, sin importar el entorno donde se lleve a cabo su intervención, el británico nuevamente dictó una cátedra sobre los aspectos más relevantes del momento arquitectónico, lo cual bien puede aplicarse a otras áreas: en tiempos de crisis hay que ser optimistas, innovadores y, sobre todo, consistentes.

Pocos arquitectos gozan de la experiencia y la lucidez del británico Norman Foster (Manchester, 1935). Con una carrera profesional que ronda ya las cinco décadas y habiendo ganado prácticamente todos los más prestigiados reconocimientos, Foster es indudablemente una de las máximas autoridades dentro de la arquitectura contemporánea. Y precisamente por está razón, cuando el creador de legendarios inmuebles como el estadio Wembley habla, es importante escucharlo.

En una conferencia de prensa con motivo del II Congreso Internacional de Arquitectura y Sociedad, que se realizó en Pamplona hace un par de años, Foster enfatizó en el rol social de la arquitectura. Más allá del glamour, advirtió que no entiende la arquitectura como un espectáculo sino como una cercana acompañante de toda sociedad. Y al referirse a los objetivos fundamentales de esta disciplina, el genio británico fue contundente: “dar respuesta a las necesidades sociales, espirituales y materiales” del hombre.

Un viejo adagio advierte que las crisis son también los momentos de mayores oportunidades, y Foster dejó en claro que coincide con esta filosofía. Ante el apabullado ánimo que se ha cernido sobre España, motivado por las dificultades económicas, el arquitecto aclaró que algunas de las obras más notables en la historia de la arquitectura han florecido en épocas en las que los recursos escasearon, lo cual nos obliga a “hacer más con menos”.

Posteriormente, ya durante el congreso, Foster alabó el papel que juegan los espacios públicos en un contexto social, al ser los encargados de conectar una ciudad. “El espacio público es un espacio grandioso, un elemento central de la sociedad, es una cuestión que se abre desde nuestra existencia en las cuevas, una constante a lo largo de la historia”, manifestó el arquitecto en declaraciones recogidas por la agencia Europa Press.

Como suele suceder con Foster, sin importar el entorno donde se lleve a cabo su intervención, el británico nuevamente dictó una cátedra sobre los aspectos más relevantes del momento arquitectónico, lo cual bien puede aplicarse a otras áreas: en tiempos de crisis hay que ser optimistas, innovadores y, sobre todo, consistentes.