De las muchas invenciones que el ser humano ha ideado para el acto (tan sencillo como complejo) de conocer, una de las más efectivas es la literatura. Expresión de la manera en que una persona experimenta la realidad, esta expresión artística suele ampliar nuestro horizonte de modo tal que permite mirar lo nuevo y lo ignorado, pero también aquello que creemos conocer y que se nos ofrece bajo una mirada distinta que lo renueva y quet quizá nos hace descubrir perspectivas que no habíamos considerado.

En este sentido, la literatura ha sido un método idóneo para “viajar” y acercarse a otras culturas. Más allá de ciertos géneros explícitamente relacionados con el traslado, casi cualquier relato ajeno a nuestra realidad inmediata supone un viaje a ámbitos que nos son ajenos. Aunque no nos desplacemos materialmente, existe una suerte de viaje espiritual o mental, como si por un momento miráramos con otros ojos un mundo que se encuentra en otras coordenadas. 

Siguiendo este principio, compartimos a continuación algunas sugerencias de títulos o autores que contribuyen a esa amplitud de horizontes que señalamos. Nuestra selección sigue un criterio comparativo: buscamos recomendar una obra clásica de determinada cultura junto con otra contemporánea, para que así, quien siga ambas, pueda darse cuenta de los cambios ocurridos al hilo del tiempo. Con frecuencia pasa que al pensar en un país, su sociedad y su forma de vida solemos tener una impresión fija, idealizada a veces, fruto de ciertas ideas que no tienen siempre un origen claro y que sin embargo no siempre ponemos en duda.

Argentina

La literatura argentina incluye escritores que se han preguntado siempre sobre la naturaleza de su país, de su nacionalidad y de su cultura. Aun Borges, cosmopolita como era, llegó a hacerlo. De Adán Buenosayres a las novelas de Manuel Puig, el tema argentino recorre notablemente la producción literaria de este país.

¿Qué leer? 

Glosa, Juan José Saer.

Cómo desaparecer completamente, Mariana Enríquez.

Austria

Uno de los grandes momentos de la literatura austriaca fue, paradójicamente, la época en que el Imperio Austro-Húngaro llegó a su fin, entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. La pléyade de estos escritores incluye a Arthur Schnitzler, Stefan Zweig, Robert Musil y Rainer Maria Rilke, entre varios otros. En años más recientes, quizá el nombre más relevante a nivel mundial sea el de Elfriede Jelinek, quien se hizo acreedora en 2004 al Premio Nobel de Literatura.

¿Qué leer? 

Carta de una desconocida, Stefan Zweig.

Los excluidos, Elfriede Jelinek.

Colombia

El patriarca de la literatura colombiana es, fuera de toda duda, Gabriel García Márquez, quien con su obra hizo un retrato ya indeleble de ese país sudamericano que sin embargo cuenta con una singularidad: su conexión con el Caribe y su exuberante cultura. Al leer a García Márquez vale la pena recordar siempre ese detalle.

¿Qué leer? 

Cien años de soledad, Gabriel García Márquez.

El olvido que seremos, Héctor Abad Faciolince.

Chile

La literatura chilena es una de las más fructíferas del dominio hispánico, y en general este país ha sido un campo fértil para poetas y narradores. Quizá por eso su nómina literaria suele ser también vertiginosa.

¿Qué leer? 

Estrella distante, Roberto Bolaño.

Formas de volver a casa, Alejandro Zambra.

Estados Unidos

Un país complejo, lleno de contrastes, cuya historia puede seguirse también a través del desarrollo de su veta intelectual. A diferencia de otras naciones, la sociedad estadounidense tuvo que inventarse casi al mismo tiempo que se reafirmaba como un país de importancia capital.

¿Qué leer? 

Ensayos, Ralph Waldo Emerson.

Lost City Radio, Daniel Alarcón.

Francia

La literatura francesa se ha cuidado bien de construir su propio canon y es muy posible que al pensar en ella tengamos en mente los nombres de, por ejemplo, Balzac, Baudelaire, Dumas, Víctor Hugo o alguno otro. Con todo, a esa imagen “clásica” es posible oponer otra que hace ver otras corrientes que circulan también por la realidad contemporánea de Francia. 

¿Qué leer? 

Un hombre que duerme, Georges Perec.

La gota de oro, Michel Tournier.

Reino Unido

Otra de las grandes tradiciones de la literatura mundial, las letras inglesas abundan también en autores agudos que han tomado su propia cultura con la distancia suficiente para ofrecernos una perspectiva justa, precisa.

¿Qué leer? 

El hombre que fue Jueves, G. K. Chesterton.

Dientes blancos, Zadie Smith.

Japón

En nuestro imaginario colectivo, Japón suele presentarse como “el país del Sol naciente” y, com tal, se lo toma como una cultura lejana y enigmática. ¿Pero qué tanto sabemos de Japón más allá de esta idea un tanto vaga? Quizá sea momento de poner a prueba nuestras propias nociones sobre este país.

Cuadernos de Hiroshima, Kenzaburo Oé.

Después del terremoto, Haruki Murakami.

México

La diversidad del territorio mexicano ha encontrado un reflejo específico en su literatura. De los temas identitarios que ocuparon buena parte de su producción en el siglo XX, sus letras han transitado hacia las preocupaciones contemporáneas del país.

¿Qué leer? 

Pedro Páramo, Juan Rulfo.

Temporada de huracanes, Fernanda Melchor.

La lista, por supuesto, no es exhaustiva. En todo caso puede tomarse quizá como un método para leer pero sobre todo para conocer, en el sentido de estas palabras de Marcel Proust: 

El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos.

También en Faena Aleph: La guía del viajero espiritual

 

 

 

Imagen: Wikimedia Commons – Remi Mathis.

De las muchas invenciones que el ser humano ha ideado para el acto (tan sencillo como complejo) de conocer, una de las más efectivas es la literatura. Expresión de la manera en que una persona experimenta la realidad, esta expresión artística suele ampliar nuestro horizonte de modo tal que permite mirar lo nuevo y lo ignorado, pero también aquello que creemos conocer y que se nos ofrece bajo una mirada distinta que lo renueva y quet quizá nos hace descubrir perspectivas que no habíamos considerado.

En este sentido, la literatura ha sido un método idóneo para “viajar” y acercarse a otras culturas. Más allá de ciertos géneros explícitamente relacionados con el traslado, casi cualquier relato ajeno a nuestra realidad inmediata supone un viaje a ámbitos que nos son ajenos. Aunque no nos desplacemos materialmente, existe una suerte de viaje espiritual o mental, como si por un momento miráramos con otros ojos un mundo que se encuentra en otras coordenadas. 

Siguiendo este principio, compartimos a continuación algunas sugerencias de títulos o autores que contribuyen a esa amplitud de horizontes que señalamos. Nuestra selección sigue un criterio comparativo: buscamos recomendar una obra clásica de determinada cultura junto con otra contemporánea, para que así, quien siga ambas, pueda darse cuenta de los cambios ocurridos al hilo del tiempo. Con frecuencia pasa que al pensar en un país, su sociedad y su forma de vida solemos tener una impresión fija, idealizada a veces, fruto de ciertas ideas que no tienen siempre un origen claro y que sin embargo no siempre ponemos en duda.

Argentina

La literatura argentina incluye escritores que se han preguntado siempre sobre la naturaleza de su país, de su nacionalidad y de su cultura. Aun Borges, cosmopolita como era, llegó a hacerlo. De Adán Buenosayres a las novelas de Manuel Puig, el tema argentino recorre notablemente la producción literaria de este país.

¿Qué leer? 

Glosa, Juan José Saer.

Cómo desaparecer completamente, Mariana Enríquez.

Austria

Uno de los grandes momentos de la literatura austriaca fue, paradójicamente, la época en que el Imperio Austro-Húngaro llegó a su fin, entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. La pléyade de estos escritores incluye a Arthur Schnitzler, Stefan Zweig, Robert Musil y Rainer Maria Rilke, entre varios otros. En años más recientes, quizá el nombre más relevante a nivel mundial sea el de Elfriede Jelinek, quien se hizo acreedora en 2004 al Premio Nobel de Literatura.

¿Qué leer? 

Carta de una desconocida, Stefan Zweig.

Los excluidos, Elfriede Jelinek.

Colombia

El patriarca de la literatura colombiana es, fuera de toda duda, Gabriel García Márquez, quien con su obra hizo un retrato ya indeleble de ese país sudamericano que sin embargo cuenta con una singularidad: su conexión con el Caribe y su exuberante cultura. Al leer a García Márquez vale la pena recordar siempre ese detalle.

¿Qué leer? 

Cien años de soledad, Gabriel García Márquez.

El olvido que seremos, Héctor Abad Faciolince.

Chile

La literatura chilena es una de las más fructíferas del dominio hispánico, y en general este país ha sido un campo fértil para poetas y narradores. Quizá por eso su nómina literaria suele ser también vertiginosa.

¿Qué leer? 

Estrella distante, Roberto Bolaño.

Formas de volver a casa, Alejandro Zambra.

Estados Unidos

Un país complejo, lleno de contrastes, cuya historia puede seguirse también a través del desarrollo de su veta intelectual. A diferencia de otras naciones, la sociedad estadounidense tuvo que inventarse casi al mismo tiempo que se reafirmaba como un país de importancia capital.

¿Qué leer? 

Ensayos, Ralph Waldo Emerson.

Lost City Radio, Daniel Alarcón.

Francia

La literatura francesa se ha cuidado bien de construir su propio canon y es muy posible que al pensar en ella tengamos en mente los nombres de, por ejemplo, Balzac, Baudelaire, Dumas, Víctor Hugo o alguno otro. Con todo, a esa imagen “clásica” es posible oponer otra que hace ver otras corrientes que circulan también por la realidad contemporánea de Francia. 

¿Qué leer? 

Un hombre que duerme, Georges Perec.

La gota de oro, Michel Tournier.

Reino Unido

Otra de las grandes tradiciones de la literatura mundial, las letras inglesas abundan también en autores agudos que han tomado su propia cultura con la distancia suficiente para ofrecernos una perspectiva justa, precisa.

¿Qué leer? 

El hombre que fue Jueves, G. K. Chesterton.

Dientes blancos, Zadie Smith.

Japón

En nuestro imaginario colectivo, Japón suele presentarse como “el país del Sol naciente” y, com tal, se lo toma como una cultura lejana y enigmática. ¿Pero qué tanto sabemos de Japón más allá de esta idea un tanto vaga? Quizá sea momento de poner a prueba nuestras propias nociones sobre este país.

Cuadernos de Hiroshima, Kenzaburo Oé.

Después del terremoto, Haruki Murakami.

México

La diversidad del territorio mexicano ha encontrado un reflejo específico en su literatura. De los temas identitarios que ocuparon buena parte de su producción en el siglo XX, sus letras han transitado hacia las preocupaciones contemporáneas del país.

¿Qué leer? 

Pedro Páramo, Juan Rulfo.

Temporada de huracanes, Fernanda Melchor.

La lista, por supuesto, no es exhaustiva. En todo caso puede tomarse quizá como un método para leer pero sobre todo para conocer, en el sentido de estas palabras de Marcel Proust: 

El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos.

También en Faena Aleph: La guía del viajero espiritual

 

 

 

Imagen: Wikimedia Commons – Remi Mathis.