“Todo comienza por un punto” aseguraba Kandinsky. En su caso esto no sólo representaba una metáfora en torno a ese ingrediente fundamental de la vida, los comienzos; también describía literalmente su práctica artística.

Es cierto que la obra del ruso evoca en la mayoría de nosotros un cúmulo de colores; su apología aplicada del color está inscrita, y de forma indeleble, en la memoria del arte. Sin embargo, en Kandinsky antes que el color estaba el trazo; y su maestría para animar figuras, para conjugar formas, es el código creativo que luego, mediante el color, habría de colocar sus obras en un plano excepcional.

Este video documentado en 1926 nos adentra precisamente en ese proceso en el que el autor transmuta un punto en una sinfonía de trazos. Contemplarlo, además del valor histórico implícito y del privilegio de observar en íntima acción a uno de los grandes maestros del arte, nos sumerge en una especie de exquisitez sensorial que termina por masajear nuestra existencia; genialidad táctil y goce estético, cortesía del señor Kandinsky.

 

*Imagen: Wikimedia Commons

“Todo comienza por un punto” aseguraba Kandinsky. En su caso esto no sólo representaba una metáfora en torno a ese ingrediente fundamental de la vida, los comienzos; también describía literalmente su práctica artística.

Es cierto que la obra del ruso evoca en la mayoría de nosotros un cúmulo de colores; su apología aplicada del color está inscrita, y de forma indeleble, en la memoria del arte. Sin embargo, en Kandinsky antes que el color estaba el trazo; y su maestría para animar figuras, para conjugar formas, es el código creativo que luego, mediante el color, habría de colocar sus obras en un plano excepcional.

Este video documentado en 1926 nos adentra precisamente en ese proceso en el que el autor transmuta un punto en una sinfonía de trazos. Contemplarlo, además del valor histórico implícito y del privilegio de observar en íntima acción a uno de los grandes maestros del arte, nos sumerge en una especie de exquisitez sensorial que termina por masajear nuestra existencia; genialidad táctil y goce estético, cortesía del señor Kandinsky.

 

*Imagen: Wikimedia Commons