Gentiles, como pequeñas nubes, las palabras de un poema (igualmente pequeño) cruzan la pantalla (con la misma suavidad con la que pasa el tiempo en Paterson, la última película de Jim Jarmusch). Paterson es también el nombre de su protagonista, y el nombre del pueblo de Nueva Jersey en el que éste vive, un abierto homenaje al poemario homónimo de William Carlos Williams (uno de los más grandes poetas del último siglo).

Seleccionada para formar parte de la competencia oficial del Festival de Cannes en el 2016, esta película es un ensayo sobre el arte y el proceso de creación, ambos personificados en su protagonista, el modesto conductor de un autobús, que es también un poeta en secreto y un gran admirador de la obra de Williams (que en la cinta es también originario del pueblo de Paterson). Su historia es simple y es narrada, sin prisa, en siete capítulos, los 7 días de una semana en la vida de este singular personaje. Contrario a lo que podría esperarse, la cotidianidad y monotonía de la vida de este hombre crean un precioso ritmo que, lejos de cansar, hipnotiza, poniendo nuestra atención en los detalles más minúsculos de su apacible vida diaria.

Esta es también una película sobre la inadvertida magia de los rituales. El personaje despierta todos los días a la misma hora (sin la necesidad de un reloj despertador), desayuna el mismo cereal y camina por la mismas calles hasta su trabajo, donde un autobús del transporte público lo espera. Paterson procura llegar unos minutos antes y aprovechar el tiempo para escribir sus poemas (que podemos escuchar mientras son formulados en su mente) en su pequeña libreta secreta. Durante su día de trabajo, escucha con atención las conversaciones de los extraños que suben al autobús (fuentes de inspiración para su capacidad poética) para finalmente caminar de vuelta a casa, cenar con su pareja, Laura (que comparte el nombre con la amada del poeta Petrarca), sacar a su perro a dar un paseo, tomar una cerveza en el bar de su vecindario e ir a casa a dormir, para al día siguiente hacer exactamente lo mismo.

Paterson se niega a tener un teléfono móvil y se horroriza cada vez que Laura intenta convencerlo de publicar lo que ella califica como poesía de gran calidad. Él encuentra un enorme placer en escribir discretamente, y eso es lo único que le importa (una de las varias referencias de la película a Emily Dickinson, otra poeta que jamás quiso publicar su obra). El personaje de Laura, encantadora, impulsiva e inconstante, funciona como un sobrepeso a la milimétrica precisión de cada una de las cosas que suceden en la vida de su amante.

Film/ Paterson
A pesar de ser un filme que está inmerso en consideraciones profundamente filosóficas, Paterson está llena de humor, un elemento que crea un fino balance con la melancolía que inunda tanto al poeta como al mundo que lo rodea. La tensión dramática en esta película es profundamente sutil, pequeña (como los poemas de Paterson); todo es hermosamente pequeño, tanto sus triunfos como sus tragedias, de entre las que sobresale el momento más dramático de la película: cuando el perro de Laura (antítesis y enemigo de Paterson) destruye su cuaderno de poesía, una pérdida épica y dolorosa.

Como en todas las películas de Jarmusch (graduado en literatura inglesa y norteamericana), las referencias a libros y escritores abundan como tesoros escondidos, desde el volumen que Paterson lee todos los días mientras come su almuerzo, Lunch Poems de Frank O’Hara, hasta los preciosos poemas que Paterson escribe en la película, piezas que de hecho fueron escritas por Ron Padgett y, evidentemente, por William Carlos Williams.

En esta historia todo es minúsculo, pero no por ello menos trascendental. Esta obra es, entre otras cosas, una guía para encontrar el arte y la belleza en la vida cotidiana y su monotonía, en los momentos rutinarios, en las conversaciones que escuchamos y los rostros que encontramos, en el tiempo que pasamos a solas, en la modestia y en la simpleza. Jim Jarmusch parece concordar con lo que alguna vez planteó Williams: la poesía puede encontrarse en los lugares más inesperados, como en la vida y peripecias de un conductor de autobuses o, incluso, en una película; porque Paterson es un poema no sólo en el sentido metafórico: su estructura dividida en 7 días podría verse también como las siete estrofas de una composición poética en la que cada fragmento es parecido, pero nunca igual (como los días del poeta de Paterson).

Gentiles, como pequeñas nubes, las palabras de un poema (igualmente pequeño) cruzan la pantalla (con la misma suavidad con la que pasa el tiempo en Paterson, la última película de Jim Jarmusch). Paterson es también el nombre de su protagonista, y el nombre del pueblo de Nueva Jersey en el que éste vive, un abierto homenaje al poemario homónimo de William Carlos Williams (uno de los más grandes poetas del último siglo).

Seleccionada para formar parte de la competencia oficial del Festival de Cannes en el 2016, esta película es un ensayo sobre el arte y el proceso de creación, ambos personificados en su protagonista, el modesto conductor de un autobús, que es también un poeta en secreto y un gran admirador de la obra de Williams (que en la cinta es también originario del pueblo de Paterson). Su historia es simple y es narrada, sin prisa, en siete capítulos, los 7 días de una semana en la vida de este singular personaje. Contrario a lo que podría esperarse, la cotidianidad y monotonía de la vida de este hombre crean un precioso ritmo que, lejos de cansar, hipnotiza, poniendo nuestra atención en los detalles más minúsculos de su apacible vida diaria.

Esta es también una película sobre la inadvertida magia de los rituales. El personaje despierta todos los días a la misma hora (sin la necesidad de un reloj despertador), desayuna el mismo cereal y camina por la mismas calles hasta su trabajo, donde un autobús del transporte público lo espera. Paterson procura llegar unos minutos antes y aprovechar el tiempo para escribir sus poemas (que podemos escuchar mientras son formulados en su mente) en su pequeña libreta secreta. Durante su día de trabajo, escucha con atención las conversaciones de los extraños que suben al autobús (fuentes de inspiración para su capacidad poética) para finalmente caminar de vuelta a casa, cenar con su pareja, Laura (que comparte el nombre con la amada del poeta Petrarca), sacar a su perro a dar un paseo, tomar una cerveza en el bar de su vecindario e ir a casa a dormir, para al día siguiente hacer exactamente lo mismo.

Paterson se niega a tener un teléfono móvil y se horroriza cada vez que Laura intenta convencerlo de publicar lo que ella califica como poesía de gran calidad. Él encuentra un enorme placer en escribir discretamente, y eso es lo único que le importa (una de las varias referencias de la película a Emily Dickinson, otra poeta que jamás quiso publicar su obra). El personaje de Laura, encantadora, impulsiva e inconstante, funciona como un sobrepeso a la milimétrica precisión de cada una de las cosas que suceden en la vida de su amante.

Film/ Paterson
A pesar de ser un filme que está inmerso en consideraciones profundamente filosóficas, Paterson está llena de humor, un elemento que crea un fino balance con la melancolía que inunda tanto al poeta como al mundo que lo rodea. La tensión dramática en esta película es profundamente sutil, pequeña (como los poemas de Paterson); todo es hermosamente pequeño, tanto sus triunfos como sus tragedias, de entre las que sobresale el momento más dramático de la película: cuando el perro de Laura (antítesis y enemigo de Paterson) destruye su cuaderno de poesía, una pérdida épica y dolorosa.

Como en todas las películas de Jarmusch (graduado en literatura inglesa y norteamericana), las referencias a libros y escritores abundan como tesoros escondidos, desde el volumen que Paterson lee todos los días mientras come su almuerzo, Lunch Poems de Frank O’Hara, hasta los preciosos poemas que Paterson escribe en la película, piezas que de hecho fueron escritas por Ron Padgett y, evidentemente, por William Carlos Williams.

En esta historia todo es minúsculo, pero no por ello menos trascendental. Esta obra es, entre otras cosas, una guía para encontrar el arte y la belleza en la vida cotidiana y su monotonía, en los momentos rutinarios, en las conversaciones que escuchamos y los rostros que encontramos, en el tiempo que pasamos a solas, en la modestia y en la simpleza. Jim Jarmusch parece concordar con lo que alguna vez planteó Williams: la poesía puede encontrarse en los lugares más inesperados, como en la vida y peripecias de un conductor de autobuses o, incluso, en una película; porque Paterson es un poema no sólo en el sentido metafórico: su estructura dividida en 7 días podría verse también como las siete estrofas de una composición poética en la que cada fragmento es parecido, pero nunca igual (como los días del poeta de Paterson).