Una de las más famosas frases de Einstein es que “la imaginación es más importante que el conocimiento”; esto no es solamente una lección de vida, sino una premisa de la física cuántica, la cual se ha desarrollado durante poco más de un siglo tomando en cuenta las azarosas intervenciones de lo desconocido.

El premio Nobel de física Frank Wilczek cree que la premisa einsteiniana sobre la imaginación científica es importante hoy más que nunca. Como él dice, mucho de lo que se realiza es tratar de comprender la mente de la Naturaleza, siguiendo de cerca su “sentido de la belleza”.

Pero, ¿tiene la Naturaleza la capacidad de producir belleza? ¿No es más bien que la mente humana tiene la capacidad de percibir y construir belleza? En otras palabras, ¿una ecuación puede ser hermosa?

El entendimiento físico del universo está cifrado en ecuaciones: piezas de un rompecabezas cuya figura completa nadie ha logrado observar, pero algunos lo han intentado. Stephen Hawking, al igual que Albert Einstein, ha perseguido a través de los años la evasiva teoría del todo: la forma total que el conocimiento científico ofrecería sobre el universo. Y aunque tenemos un conocimiento importante y comprobable sobre muchas leyes de la física, así como sus ecuaciones, parece que no hemos sido capaz de descifrarlas todas.

A decir de Wilczek, existen huecos en nuestro entendimiento de muchas cosas; huecos que tratamos de suplir con imaginación. En términos más precisos, un hueco puede entenderse como una incertidumbre, una unidad de lo desconocido en medio de algo conocido. Cuando hablamos de física cuántica, nos colocamos en un universo infinitesimal con leyes que escapan y difieren del universo macroscópico; el único mapa de ese mundo es la imaginación, es decir, la idea que nos hacemos de él.

La imaginación produce teorías que ulteriormente se aplican, y se aceptan o se refutan. Según Wilczek, en general las respuestas que damos a los huecos de lo desconocido son equivocadas; pero cada tanto una ecuación se acerca a lo real —es decir, a la explicación de una ley de la naturaleza—, y sólo muy esporádicamente esta explicación es correcta fuera de toda duda.

Solemos creer que la ciencia es algo así como lo opuesto al arte: una serie de metodologías frías y rígidas para resolver asuntos prácticos. Pero no toda la ciencia es así: se trata de una forma de crear explicaciones aptas para explicar la forma y funcionamiento del universo. Como decía también Einstein, “Dios no juega a los dados con el mundo”; se trata de trabajar e imaginar qué es lo que ocurre cada vez que Dios lanza los dados.

¿Qué pasó antes del Big Bang? ¿Están unidas las leyes de la física por un acuerdo íntimo que puede descifrarse matemáticamente? La forma de la pregunta determina en gran parte la respuesta, por lo que debemos imaginar nuevas formas de preguntar, preguntar lo que todavía desconocemos, pues en la medida en que ciframos nuestra ignorancia recibimos la intuición de la belleza ignorada: el hueco que ocupa en el universo de pronto se llena.

Una de las más famosas frases de Einstein es que “la imaginación es más importante que el conocimiento”; esto no es solamente una lección de vida, sino una premisa de la física cuántica, la cual se ha desarrollado durante poco más de un siglo tomando en cuenta las azarosas intervenciones de lo desconocido.

El premio Nobel de física Frank Wilczek cree que la premisa einsteiniana sobre la imaginación científica es importante hoy más que nunca. Como él dice, mucho de lo que se realiza es tratar de comprender la mente de la Naturaleza, siguiendo de cerca su “sentido de la belleza”.

Pero, ¿tiene la Naturaleza la capacidad de producir belleza? ¿No es más bien que la mente humana tiene la capacidad de percibir y construir belleza? En otras palabras, ¿una ecuación puede ser hermosa?

El entendimiento físico del universo está cifrado en ecuaciones: piezas de un rompecabezas cuya figura completa nadie ha logrado observar, pero algunos lo han intentado. Stephen Hawking, al igual que Albert Einstein, ha perseguido a través de los años la evasiva teoría del todo: la forma total que el conocimiento científico ofrecería sobre el universo. Y aunque tenemos un conocimiento importante y comprobable sobre muchas leyes de la física, así como sus ecuaciones, parece que no hemos sido capaz de descifrarlas todas.

A decir de Wilczek, existen huecos en nuestro entendimiento de muchas cosas; huecos que tratamos de suplir con imaginación. En términos más precisos, un hueco puede entenderse como una incertidumbre, una unidad de lo desconocido en medio de algo conocido. Cuando hablamos de física cuántica, nos colocamos en un universo infinitesimal con leyes que escapan y difieren del universo macroscópico; el único mapa de ese mundo es la imaginación, es decir, la idea que nos hacemos de él.

La imaginación produce teorías que ulteriormente se aplican, y se aceptan o se refutan. Según Wilczek, en general las respuestas que damos a los huecos de lo desconocido son equivocadas; pero cada tanto una ecuación se acerca a lo real —es decir, a la explicación de una ley de la naturaleza—, y sólo muy esporádicamente esta explicación es correcta fuera de toda duda.

Solemos creer que la ciencia es algo así como lo opuesto al arte: una serie de metodologías frías y rígidas para resolver asuntos prácticos. Pero no toda la ciencia es así: se trata de una forma de crear explicaciones aptas para explicar la forma y funcionamiento del universo. Como decía también Einstein, “Dios no juega a los dados con el mundo”; se trata de trabajar e imaginar qué es lo que ocurre cada vez que Dios lanza los dados.

¿Qué pasó antes del Big Bang? ¿Están unidas las leyes de la física por un acuerdo íntimo que puede descifrarse matemáticamente? La forma de la pregunta determina en gran parte la respuesta, por lo que debemos imaginar nuevas formas de preguntar, preguntar lo que todavía desconocemos, pues en la medida en que ciframos nuestra ignorancia recibimos la intuición de la belleza ignorada: el hueco que ocupa en el universo de pronto se llena.

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