“Una de las características del sueño es que nada nos asombra. Aceptamos sin tristeza vivir entre personas ajenas, completamente separados de nuestros hábitos y nuestros amigos”, dijo alguna vez Jean Cocteau. Y es que en sueños podemos incluso hablar con muertos o elevarnos del suelo sin que ello nos provoque sobresalto o nos haga despertar. La naturaleza del sueño es que todo allí es natural; es por eso, entre otras cosas, que nos echamos a volar.

Si como creían Jung y Freud, los sueños representan nuestros deseos insatisfechos, entonces soñar que volamos no tiene demasiada trascendencia: el vuelo ha sido siempre el gran deseo de la humanidad. De hecho, de acuerdo a un estudio del MIT, la frecuencia de sueños de vuelo incrementó significativamente desde la década de 1950, cuando la tecnología de aviación revolucionó el mundo. Es decir, el vuelo se ha ido incrustando más y más en nuestra psique como parte de nuestras posibilidades y por ello lo tenemos a la mano como recurso a la hora de soñar. La teoría freudiana también propuso que soñar que volamos es el recuerdo de memorias de la infancia: de juegos de ser lanzados al aire o mecidos, cosas que los niños disfrutan mucho. Pero también y sobre todo Freud planteó que el vuelo onírico es el resultado de erecciones nocturnas (masculinas y femeninas), que explican la sensación de “vencer la gravedad”. La psicología cognitiva más reciente, sin embargo, argumenta que soñar que volamos no es necesariamente producto de la “hipótesis de la continuidad” (que plantea que nuestras experiencias oníricas son sólo raras mezclas de nuestras experiencias en la vigilia), sino que revela algo sobre nuestra mente, sobre la manera en que pensamos.

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El Dr. Michael Schredl, psicólogo del Central Institute of Mental Health de Mannheim, está más interesado en lo que tales sueños dicen sobre la persona que sueña. Sobra decir que no hay disciplina más inexacta dentro de la psicología que la interpretación de los sueños; no obstante hay ciertas características cognitivas “medibles” que arrojan luz sobre este fenómeno, y Schredl es una de las cabezas de las investigaciones. En una serie de estudios, el psicólogo ha buscado conectar la prevalencia de sueños de vuelo con rasgos particulares de personalidad o decisiones de vida. Después de recopilar datos desde 1956 y realizar amplias encuestas, su conclusión es que las personas con “estados mentales más positivos” en la vigilia tienden a volar en sus sueños.

Otra de sus conclusiones, y quizás la más lógica de todas, es que volar en sueños es una perfecta metáfora para representar circunstancias de la vida: el soñador puede vencer dificultades al elevarse sobre ellas, o bien evadirlas y escapar. Recordemos que decía Bachelard que nadie puede explicar las metáforas de altura y elevación, pero ellas pueden explicarlo todo. Mas de las extravagancias postuladas sobre volar en los sueños hay una que supera a todas y que tiene la agencia de ayudarnos en la vigilia: la del sueño lúcido.

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Volar en sueños es uno de los actos más potentes para hacernos comprender que estamos soñando. Es verdad que, como dijo Cocteau, nada nos asombra cuando estamos soñando, pero si algo llega a hacerlo es la repentina verificación de que nos hemos elevado sobre el suelo. Esto desde luego funciona igual en sentido contrario: si uno se da cuenta que está soñando, si se “despierta en el sueño”, una de las primeras cosas que hará será echarse a volar. El romance entre los sueños lúcidos y el vuelo es proverbial. Por si fuera poco, volar es uno de los escasos eventos oníricos que no se marchitan en las sábanas a la hora de despertar. De acuerdo a la psicología cognitiva y anecdótica, casi siempre recordamos nuestro sueño cuando soñamos con volar.

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Imágenes:

Cumulus Consonance Study 1 por Scott Naismith

Empty Kingdom por Pilar Zeta

Sleep Elevations por Maia Flore

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“Una de las características del sueño es que nada nos asombra. Aceptamos sin tristeza vivir entre personas ajenas, completamente separados de nuestros hábitos y nuestros amigos”, dijo alguna vez Jean Cocteau. Y es que en sueños podemos incluso hablar con muertos o elevarnos del suelo sin que ello nos provoque sobresalto o nos haga despertar. La naturaleza del sueño es que todo allí es natural; es por eso, entre otras cosas, que nos echamos a volar.

Si como creían Jung y Freud, los sueños representan nuestros deseos insatisfechos, entonces soñar que volamos no tiene demasiada trascendencia: el vuelo ha sido siempre el gran deseo de la humanidad. De hecho, de acuerdo a un estudio del MIT, la frecuencia de sueños de vuelo incrementó significativamente desde la década de 1950, cuando la tecnología de aviación revolucionó el mundo. Es decir, el vuelo se ha ido incrustando más y más en nuestra psique como parte de nuestras posibilidades y por ello lo tenemos a la mano como recurso a la hora de soñar. La teoría freudiana también propuso que soñar que volamos es el recuerdo de memorias de la infancia: de juegos de ser lanzados al aire o mecidos, cosas que los niños disfrutan mucho. Pero también y sobre todo Freud planteó que el vuelo onírico es el resultado de erecciones nocturnas (masculinas y femeninas), que explican la sensación de “vencer la gravedad”. La psicología cognitiva más reciente, sin embargo, argumenta que soñar que volamos no es necesariamente producto de la “hipótesis de la continuidad” (que plantea que nuestras experiencias oníricas son sólo raras mezclas de nuestras experiencias en la vigilia), sino que revela algo sobre nuestra mente, sobre la manera en que pensamos.

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El Dr. Michael Schredl, psicólogo del Central Institute of Mental Health de Mannheim, está más interesado en lo que tales sueños dicen sobre la persona que sueña. Sobra decir que no hay disciplina más inexacta dentro de la psicología que la interpretación de los sueños; no obstante hay ciertas características cognitivas “medibles” que arrojan luz sobre este fenómeno, y Schredl es una de las cabezas de las investigaciones. En una serie de estudios, el psicólogo ha buscado conectar la prevalencia de sueños de vuelo con rasgos particulares de personalidad o decisiones de vida. Después de recopilar datos desde 1956 y realizar amplias encuestas, su conclusión es que las personas con “estados mentales más positivos” en la vigilia tienden a volar en sus sueños.

Otra de sus conclusiones, y quizás la más lógica de todas, es que volar en sueños es una perfecta metáfora para representar circunstancias de la vida: el soñador puede vencer dificultades al elevarse sobre ellas, o bien evadirlas y escapar. Recordemos que decía Bachelard que nadie puede explicar las metáforas de altura y elevación, pero ellas pueden explicarlo todo. Mas de las extravagancias postuladas sobre volar en los sueños hay una que supera a todas y que tiene la agencia de ayudarnos en la vigilia: la del sueño lúcido.

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Volar en sueños es uno de los actos más potentes para hacernos comprender que estamos soñando. Es verdad que, como dijo Cocteau, nada nos asombra cuando estamos soñando, pero si algo llega a hacerlo es la repentina verificación de que nos hemos elevado sobre el suelo. Esto desde luego funciona igual en sentido contrario: si uno se da cuenta que está soñando, si se “despierta en el sueño”, una de las primeras cosas que hará será echarse a volar. El romance entre los sueños lúcidos y el vuelo es proverbial. Por si fuera poco, volar es uno de los escasos eventos oníricos que no se marchitan en las sábanas a la hora de despertar. De acuerdo a la psicología cognitiva y anecdótica, casi siempre recordamos nuestro sueño cuando soñamos con volar.

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