Una enorme calabaza moteada, una habitación infinita hecha de espejos: con estas dos imágenes sólo un nombre puede venir a la mente, Yayoi Kusama (Matsumoto, Japón, 1929). Y es que durante las últimas décadas, ella se ha consolidado como una de las artistas contemporáneas más reconocidas del planeta. Sus exhibiciones, hermosos universos llenos de signos y reflejos, atraen a miles de personas y sus instalaciones son capaces de hablarnos de lo infinito como las de nadie más. Kusama, en su preciosa rareza, encarna algo que es fácil pasar de largo a causa de su fama: el arquetipo del artista rebelde.

Pero Yayoi Kusama no sólo es una gran rebelde, es una artista cuya singular sensibilidad le ha permitido trabajar a pesar de su calidad de ajena, de alienada, de enferma; se trata de una persona con un desorden mental, una mujer que triunfó en un mundo de hombres, que emigró de su país natal y cuyo trabajo nunca ha podido ser catalogado dentro de un movimiento artístico más amplio. Pero más aún, se trata de una artífice que ha delineado como nadie más lo ha hecho el poder de la repetición, de lo infinito, de  los macro y los micro universos y de la multiplicación de la realidad.

En el año 2000, la editorial Phaidon publicó un libro sobre la obra de Yayoi Kusama que incluye una entrevista a la artista hecha por el poeta y crítico japonés Akira Tatehata, un documento que exhibe a Kusama en su faceta más íntima, extravagante, ajena y caprichosa, donde la artista describe su relación con su imagen propia, una que se ha resistido a ser catalogada durante muchas décadas, una y otra vez.

A continuación, un pequeño extracto de ésta…

Sra. Kusama después de muchos años de ser vista como una especie de hereje, finalmente ha ganado un estatus central en la historia del arte de la posguerra. Usted es un magnífico ser alienado, y aún así jugó un rol crucial de pionera en una época en la que cambios e innovaciones vitales sucedían en el campo del arte.

En 1998 y 1999 una enorme retrospectiva de su trabajo temprano (“Love Forever: Yayoi Kusama, 1958-1968”) se exhibió en los más importantes museos de Japón y Estados Unidos. ¿Cómo se siente cuando ve su obra pasada una vez más?

Bueno… si yo no fuera Kusama diría que ella es una buena artista. Creo que ella es espectacular.

Aún así, usted tuvo que pelear una batalla difícil tras otra antes de llegar a este punto.

Sí, fue duro. Pero las peleé y ahora tengo una edad a la que no pensé que llegaría. Creo que mi tiempo, el que me queda antes de morir, no será largo. Entones, ¿qué debo dejar para la posteridad? Tengo que hacer mi mejor esfuerzo, porque he tomado muchas desviaciones en algunos puntos de camino.

¿Desviaciones? Usted podrá haber vivido adversidades, pero no creo que haya perdido el tiempo. Nunca dejó de trabajar.

Nunca consideré hacerlo.

Su auto-formación ocurrió en Japón, pero aún así usted no presume ser una artista japonesa.

Nunca fui conciente de eso. El mundo del arte en Japón me excluyó por mi enfermedad mental. Por eso decidí dejar mi país e ir a luchar a Nueva York.

En cualquier caso, mientras estuvo en Japón, usted ya había producido un buen número de obras, en su mayoría dibujos. Es verdad que tras su contacto con la atmósfera de Nueva York su trabajo floreció, empezando por sus lienzos de gran formato como las pinturas de la serie Infinity Net a finales de la década de 1950 y principios de la de 1960. Aún así, las redes y puntos que caracterizan sus trabajos tempranos en Nueva York están claramente prefigurados en los pequeños dibujos que hizo antes de llegar a Estados Unidos. Estas redes y puntos se basan en una técnica regida por la repetición simple y mecánica; éstas son, incluso, el epítome de las alucinaciones visuales. En aquel tiempo, ¿estaba usted interesada en el surrealismo?

No tengo nada que ver con el surrealismo. Pintaba sólo lo que quería.

Alguna vez escribí que Kusama era una surrealista “autónoma”. Es decir, aún sin haber tenido un conocimiento directo del surrealismo, la explosión de su singular y fantástico mundo parecía converger con el mundo característico de los surrealistas. Para decirlo de otra manera, André Breton y sus colegas comenzaron este movimiento con la legitimación metódica del mundo de aquellos que poseían visiones inusuales como las suyas.

Hoy en día, algunas personas en Nueva York me llaman una artista “pop-surrealista”. No me importan esa clase de etiquetas. En algún punto se consideró que yo compartía un tipo de sensibilidad con los pintores monocromáticos de principios de la década de 1960; en otra época fui considerada surrealista. La gente está confundida y no sabe cómo entenderme. A pesar de que algunos quieren llamarme surrealista, poniéndome de su lado, otro me quieren en el campo del arte minimal, tratando de llevarme al otro lado. Por ejemplo, Henk Peeters, miembro de la corriente del European Zero Group, vino a la inauguración de mi exhibición en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1998 y luego llamó a todos sus ex colegas de Zero alrededor del mundo para que vinieran a ver mi muestra; pero yo no tenía una relación particular con Zero. Todo lo que hice fue hacer lo que quería.

 

 

Imagen: Creative Commons – Katja Nevalainen

Una enorme calabaza moteada, una habitación infinita hecha de espejos: con estas dos imágenes sólo un nombre puede venir a la mente, Yayoi Kusama (Matsumoto, Japón, 1929). Y es que durante las últimas décadas, ella se ha consolidado como una de las artistas contemporáneas más reconocidas del planeta. Sus exhibiciones, hermosos universos llenos de signos y reflejos, atraen a miles de personas y sus instalaciones son capaces de hablarnos de lo infinito como las de nadie más. Kusama, en su preciosa rareza, encarna algo que es fácil pasar de largo a causa de su fama: el arquetipo del artista rebelde.

Pero Yayoi Kusama no sólo es una gran rebelde, es una artista cuya singular sensibilidad le ha permitido trabajar a pesar de su calidad de ajena, de alienada, de enferma; se trata de una persona con un desorden mental, una mujer que triunfó en un mundo de hombres, que emigró de su país natal y cuyo trabajo nunca ha podido ser catalogado dentro de un movimiento artístico más amplio. Pero más aún, se trata de una artífice que ha delineado como nadie más lo ha hecho el poder de la repetición, de lo infinito, de  los macro y los micro universos y de la multiplicación de la realidad.

En el año 2000, la editorial Phaidon publicó un libro sobre la obra de Yayoi Kusama que incluye una entrevista a la artista hecha por el poeta y crítico japonés Akira Tatehata, un documento que exhibe a Kusama en su faceta más íntima, extravagante, ajena y caprichosa, donde la artista describe su relación con su imagen propia, una que se ha resistido a ser catalogada durante muchas décadas, una y otra vez.

A continuación, un pequeño extracto de ésta…

Sra. Kusama después de muchos años de ser vista como una especie de hereje, finalmente ha ganado un estatus central en la historia del arte de la posguerra. Usted es un magnífico ser alienado, y aún así jugó un rol crucial de pionera en una época en la que cambios e innovaciones vitales sucedían en el campo del arte.

En 1998 y 1999 una enorme retrospectiva de su trabajo temprano (“Love Forever: Yayoi Kusama, 1958-1968”) se exhibió en los más importantes museos de Japón y Estados Unidos. ¿Cómo se siente cuando ve su obra pasada una vez más?

Bueno… si yo no fuera Kusama diría que ella es una buena artista. Creo que ella es espectacular.

Aún así, usted tuvo que pelear una batalla difícil tras otra antes de llegar a este punto.

Sí, fue duro. Pero las peleé y ahora tengo una edad a la que no pensé que llegaría. Creo que mi tiempo, el que me queda antes de morir, no será largo. Entones, ¿qué debo dejar para la posteridad? Tengo que hacer mi mejor esfuerzo, porque he tomado muchas desviaciones en algunos puntos de camino.

¿Desviaciones? Usted podrá haber vivido adversidades, pero no creo que haya perdido el tiempo. Nunca dejó de trabajar.

Nunca consideré hacerlo.

Su auto-formación ocurrió en Japón, pero aún así usted no presume ser una artista japonesa.

Nunca fui conciente de eso. El mundo del arte en Japón me excluyó por mi enfermedad mental. Por eso decidí dejar mi país e ir a luchar a Nueva York.

En cualquier caso, mientras estuvo en Japón, usted ya había producido un buen número de obras, en su mayoría dibujos. Es verdad que tras su contacto con la atmósfera de Nueva York su trabajo floreció, empezando por sus lienzos de gran formato como las pinturas de la serie Infinity Net a finales de la década de 1950 y principios de la de 1960. Aún así, las redes y puntos que caracterizan sus trabajos tempranos en Nueva York están claramente prefigurados en los pequeños dibujos que hizo antes de llegar a Estados Unidos. Estas redes y puntos se basan en una técnica regida por la repetición simple y mecánica; éstas son, incluso, el epítome de las alucinaciones visuales. En aquel tiempo, ¿estaba usted interesada en el surrealismo?

No tengo nada que ver con el surrealismo. Pintaba sólo lo que quería.

Alguna vez escribí que Kusama era una surrealista “autónoma”. Es decir, aún sin haber tenido un conocimiento directo del surrealismo, la explosión de su singular y fantástico mundo parecía converger con el mundo característico de los surrealistas. Para decirlo de otra manera, André Breton y sus colegas comenzaron este movimiento con la legitimación metódica del mundo de aquellos que poseían visiones inusuales como las suyas.

Hoy en día, algunas personas en Nueva York me llaman una artista “pop-surrealista”. No me importan esa clase de etiquetas. En algún punto se consideró que yo compartía un tipo de sensibilidad con los pintores monocromáticos de principios de la década de 1960; en otra época fui considerada surrealista. La gente está confundida y no sabe cómo entenderme. A pesar de que algunos quieren llamarme surrealista, poniéndome de su lado, otro me quieren en el campo del arte minimal, tratando de llevarme al otro lado. Por ejemplo, Henk Peeters, miembro de la corriente del European Zero Group, vino a la inauguración de mi exhibición en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1998 y luego llamó a todos sus ex colegas de Zero alrededor del mundo para que vinieran a ver mi muestra; pero yo no tenía una relación particular con Zero. Todo lo que hice fue hacer lo que quería.

 

 

Imagen: Creative Commons – Katja Nevalainen