En nuestra época existen páginas web, personas, cursos, seminarios y toda una industria que promueve lo “positivo”, lo feliz y lo feel-good, tal vez porque hay un ávido mercado de gente que quiere sentirse mejor consigo misma a toda costa. Dentro de la vorágine de libros de superación personal que aparece cada temporada, Ryan Holiday es un autor interesante no sólo porque ha logrado mantenerse en la carrera de los best sellers, sino que lo ha hecho revitalizando una filosofía práctica de la Antigüedad que poco tiene que ver con la “positividad” de nuestros días: los filósofos estoicos.

En libros como Ego Is The Enemy y The Obstacle Is The Way, Holiday revisa historias, conceptos y citas de filósofos como Epicteto, Séneca (quien tiene un maravilloso tratado sobre cómo lidiar con la ira) o Marco Aurelio, quienes practicaban el arte de lo que hoy llamaríamos “visualización negativa”: notar todo lo que puede salir mal en nuestros planes y adelantarse a ello.

La famosa lógica de la ley de Murphy (la noción de que “si algo puede salir mal, va a salir mal”) en realidad se cumple en los estoicos como una herramienta de ingeniería inversa, donde vamos desde el peor escenario posible de regreso hasta el estado anterior a la acción. En otras palabras, si tu objetivo es hacer un viaje por carretera, intenta repasar y prevenir todo lo que podría retrasar tu camino; en realidad nunca seremos capaces de asegurarnos al 100% de que nada fuera de lo planeado va a ocurrir, pero al menos podemos estar preparados para ciertas eventualidades, manteniendo una mente abierta.

En latín, la práctica de la visualización negativa se llama praemeditatio malorum, o pensar de antemano en el mal, y puede servir tanto para que recuerdes poner un neumático de refacción en la cajuela como para que los astronautas de la NASA tomen en cuenta factores inesperados al exterior de la atmósfera terrestre. “Nada le ocurre al sabio en contra de su previsión”, escribió Séneca, a lo que añadió: “…ni todas las cosas le resultan como desearía, sino como calculó —y sobre todo, calculó que algo podría detener sus planes”.

Meditar de antemano en los males futuros no es un ejercicio de pesimismo, sino de razón. Una buena actitud puede hacer que disfrutemos la vida una vez que lleguemos a la playa en nuestro hipotético viaje en carretera, pero una revisión mental de lo que podría evitar que llegáramos puede prepararnos mejor para hacer frente a obstáculos que aún no conocemos.

Si todo sale bien, no tendrás nada de qué preocuparte; si todo sale mal, estabas preparado de antemano para hacer frente a las adversidades. No se trata de “pensar que todo va a salir mal”, sino de un ejercicio de imaginación para que la realidad —en sus misteriosos caminos— nos sorprenda con las cosas buenas y no nos atrape con la guardia baja en las cosas malas.

En nuestra época existen páginas web, personas, cursos, seminarios y toda una industria que promueve lo “positivo”, lo feliz y lo feel-good, tal vez porque hay un ávido mercado de gente que quiere sentirse mejor consigo misma a toda costa. Dentro de la vorágine de libros de superación personal que aparece cada temporada, Ryan Holiday es un autor interesante no sólo porque ha logrado mantenerse en la carrera de los best sellers, sino que lo ha hecho revitalizando una filosofía práctica de la Antigüedad que poco tiene que ver con la “positividad” de nuestros días: los filósofos estoicos.

En libros como Ego Is The Enemy y The Obstacle Is The Way, Holiday revisa historias, conceptos y citas de filósofos como Epicteto, Séneca (quien tiene un maravilloso tratado sobre cómo lidiar con la ira) o Marco Aurelio, quienes practicaban el arte de lo que hoy llamaríamos “visualización negativa”: notar todo lo que puede salir mal en nuestros planes y adelantarse a ello.

La famosa lógica de la ley de Murphy (la noción de que “si algo puede salir mal, va a salir mal”) en realidad se cumple en los estoicos como una herramienta de ingeniería inversa, donde vamos desde el peor escenario posible de regreso hasta el estado anterior a la acción. En otras palabras, si tu objetivo es hacer un viaje por carretera, intenta repasar y prevenir todo lo que podría retrasar tu camino; en realidad nunca seremos capaces de asegurarnos al 100% de que nada fuera de lo planeado va a ocurrir, pero al menos podemos estar preparados para ciertas eventualidades, manteniendo una mente abierta.

En latín, la práctica de la visualización negativa se llama praemeditatio malorum, o pensar de antemano en el mal, y puede servir tanto para que recuerdes poner un neumático de refacción en la cajuela como para que los astronautas de la NASA tomen en cuenta factores inesperados al exterior de la atmósfera terrestre. “Nada le ocurre al sabio en contra de su previsión”, escribió Séneca, a lo que añadió: “…ni todas las cosas le resultan como desearía, sino como calculó —y sobre todo, calculó que algo podría detener sus planes”.

Meditar de antemano en los males futuros no es un ejercicio de pesimismo, sino de razón. Una buena actitud puede hacer que disfrutemos la vida una vez que lleguemos a la playa en nuestro hipotético viaje en carretera, pero una revisión mental de lo que podría evitar que llegáramos puede prepararnos mejor para hacer frente a obstáculos que aún no conocemos.

Si todo sale bien, no tendrás nada de qué preocuparte; si todo sale mal, estabas preparado de antemano para hacer frente a las adversidades. No se trata de “pensar que todo va a salir mal”, sino de un ejercicio de imaginación para que la realidad —en sus misteriosos caminos— nos sorprenda con las cosas buenas y no nos atrape con la guardia baja en las cosas malas.