La ciudad de Nueva York reconquistó parte de su infraestructura industrial con el High Line Park, el parque elevado construido sobre vías de tren abandonadas en el Meatpacking District. Y aunque esta obra de recuperación de espacios ha forjado una tendencia mundial, es poco sabido que dicho lugar, a su vez, tuvo como inspiración el Promenade Plantée de París, ubicado en la zona de Vincennes. Este último fue creado en 1986 y se extiende desde la Ópera Bastille, a lo largo de 6 kilómetros, hasta los adentros de la capital francesa.

Las vías de ferrocarril de Vincennes estuvieron activas desde 1859 hasta 1969, cuando se creó la línea de tren largo RER y fueron abandonadas. El Promenade Plantée contiene corredores inacabables para peatones, situados entre tapetes de flores y bosques de bambú. Como largos espejos rectangulares, lo atraviesan estanques con pequeños puentes.

El parque alberga diariamente a miles de ciudadanos que se escapan para comer o pasar un rato al aire libre en espacios verdes, así como corredores y turistas que buscan una vista elevada de la “ciudad de la luz”. De tal manera, este lugar se ha vuelto parte de la arquitectura parisina y ha iniciado una bella tendencia de convertir el abandono en verdor, en la que los espacios industriales han encontrado una manera de sobrevivir en convivencia con la naturaleza y la ciudad.

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La ciudad de Nueva York reconquistó parte de su infraestructura industrial con el High Line Park, el parque elevado construido sobre vías de tren abandonadas en el Meatpacking District. Y aunque esta obra de recuperación de espacios ha forjado una tendencia mundial, es poco sabido que dicho lugar, a su vez, tuvo como inspiración el Promenade Plantée de París, ubicado en la zona de Vincennes. Este último fue creado en 1986 y se extiende desde la Ópera Bastille, a lo largo de 6 kilómetros, hasta los adentros de la capital francesa.

Las vías de ferrocarril de Vincennes estuvieron activas desde 1859 hasta 1969, cuando se creó la línea de tren largo RER y fueron abandonadas. El Promenade Plantée contiene corredores inacabables para peatones, situados entre tapetes de flores y bosques de bambú. Como largos espejos rectangulares, lo atraviesan estanques con pequeños puentes.

El parque alberga diariamente a miles de ciudadanos que se escapan para comer o pasar un rato al aire libre en espacios verdes, así como corredores y turistas que buscan una vista elevada de la “ciudad de la luz”. De tal manera, este lugar se ha vuelto parte de la arquitectura parisina y ha iniciado una bella tendencia de convertir el abandono en verdor, en la que los espacios industriales han encontrado una manera de sobrevivir en convivencia con la naturaleza y la ciudad.

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