La literatura de autoayuda es hoy uno de los géneros más leídos del mundo, aportando presuntos conocimientos prácticos y de fácil retención. Pero pocos saben que en la historia de este vilipendiado género existe un libro, por cierto entre los más populares de todos los tiempos, que tal vez guarda peculiares secretos. Se trata de Think and Grow Rich (1937) de Napoleon Hill, conocida por algunos como “la biblia del hombre de negocios” y del cual se han vendido más de 70 millones de copias hasta la fecha.

A primera vista los consejos de Hill se traducen en claves para el éxito, aparentemente extraídas de su experiencia e interacción con diversas personalidades. Pero, como bien ha detectado David Metcalfe, respetado estudioso del esoterismo, este es un libro peculiar, y una lectura atenta nos revela una profunda influencia del ocultismo. Algo particularmente curioso si tomamos en cuenta que se trata de un texto de cabecera para emprendedores –lo cual no deja de ser divertido y, sobretodo, intrigante.

Hay quienes han aventurado, de acuerdo a cierta interpretación libre de este texto, la hipótesis de que fue inspirado telepáticamente por inteligencias incorpóreas, similares a las que la teosofía conoce como “maestros ascendidos”. También se rumora que el monumental éxito que ha tenido a lo largo de casi cien años, tiene que ver con el desarrollo de poderes psíquicos y el cultivo de la energía emocional a través del sexo tántrico.

A propósito de esto último Hill escribe en su décimo paso para el éxito:

La emoción del sexo lleva un estado mental a existir. Debido a la ignorancia en este tema, este estado mental es generalmente asociado con lo físico, y debido a influencias impropias, a las que la mayoría de las personas han sido sujetas, al adquirir conocimiento del sexo, las cosas esencialmente físicas han sesgado de sobremanera la mente. La emoción del sexo contiene la posibilidad de tres potencias constructivas: 1. La perpetuación de la raza humana. 2. La conservación de la salud (como agencia terapéutica no tiene igual). 3. La transformación de la mediocridad en genio a través de la transmutación.

El paso decimotercero, que por cierto es el último, es “El Sexto Sentido, la Puerta al Templo de la Sabiduría”:

El treceavo principio es conocido como el SEXTO SENTIDO, a través del cual la Inteligencia Infinita puede y se comunicará voluntariamente, sin esfuerzo alguno, según su demanda, con el individuo. El sexto sentido es la parte de la mente subconsciente que ha sido referida como la Imaginación Creativa. También se ha llamado el conjunto receptor a través del cual las ideas, los planes y los pensamientos destellan en la mente. Estos “destellos” algunas vez son llamados “corazonadas” o “inspiraciones”. El sexto sentido desafía toda descripción, no puede ser enseñado a quien no ha amaestrado los otros 12 principios de esta filosofía […]. El sexto sentido es probablemente el medio de contacto entre la mente finita del hombre y la Inteligencia Infinita, y por esta razón, es una mezcla de lo mental y de lo espiritual. Se cree que en este punto es donde la mente entra en contacto con la Mente Universal.

Metcalfe advierte haber detectado la influencia del pensamiento Rosacruz y el hermetismo en la obra de Hill, un contexto en el cual el “éxito” estaría representando en realidad la posibilidad de reunirte con la mente universal. En todo caso, la importancia de estos capítulos esotéricos en el libro de Hill queda constatada por una visita metafísica-mefistofélica, pues años después de escribir Piense y Hágase Rico, el autor confesó que la comunicación astral de un consejo de “33 maestros ascendidos” lo había inspirado a escribir el libro:

Una voz habló. No vi a nadie. No puedo decir de dónde vino esa voz. Primero dijo una contraseña conocida por solo pocos hombres, lo cual cautivó mi atención. “He venido”, dijo “para darte una sección más para que incluyas en tu libro. Al escribir esta sección podrás hacer que algunos lectores te dejen de creer, sin embargo, escribirás honestamente y muchos te creerán y serán beneficiados. El mundo ha dado muchas filosofías por las cuales a los hombres se les prepara para morir, pero tú has sido escogido para otorgarle al mundo una filosofía con la que se preparen a vivir felices”. “¿Quién eres?”, dije en una voz suave. “Provengo de una Gran Escuela de Maestros. Soy uno de los del Consejo de los Treinta y Tres que sirven a la Gran Escuela y sus iniciados en el plano físico”.

¿Es “Piense y hágase rico” un libro inspirado por un cónclave de inteligencias astrales que por alguna razón querían encausar sus infinitos conocimientos a través de un impensado empaque? Tal vez nadie tenga la respuesta a esta interrogante, pero aún así resulta apasionante la posibilidad de que millones de hombres de negocios hayan dormido junto a un potencial manual de ocultismo avanzado, sin saberlo.

La literatura de autoayuda es hoy uno de los géneros más leídos del mundo, aportando presuntos conocimientos prácticos y de fácil retención. Pero pocos saben que en la historia de este vilipendiado género existe un libro, por cierto entre los más populares de todos los tiempos, que tal vez guarda peculiares secretos. Se trata de Think and Grow Rich (1937) de Napoleon Hill, conocida por algunos como “la biblia del hombre de negocios” y del cual se han vendido más de 70 millones de copias hasta la fecha.

A primera vista los consejos de Hill se traducen en claves para el éxito, aparentemente extraídas de su experiencia e interacción con diversas personalidades. Pero, como bien ha detectado David Metcalfe, respetado estudioso del esoterismo, este es un libro peculiar, y una lectura atenta nos revela una profunda influencia del ocultismo. Algo particularmente curioso si tomamos en cuenta que se trata de un texto de cabecera para emprendedores –lo cual no deja de ser divertido y, sobretodo, intrigante.

Hay quienes han aventurado, de acuerdo a cierta interpretación libre de este texto, la hipótesis de que fue inspirado telepáticamente por inteligencias incorpóreas, similares a las que la teosofía conoce como “maestros ascendidos”. También se rumora que el monumental éxito que ha tenido a lo largo de casi cien años, tiene que ver con el desarrollo de poderes psíquicos y el cultivo de la energía emocional a través del sexo tántrico.

A propósito de esto último Hill escribe en su décimo paso para el éxito:

La emoción del sexo lleva un estado mental a existir. Debido a la ignorancia en este tema, este estado mental es generalmente asociado con lo físico, y debido a influencias impropias, a las que la mayoría de las personas han sido sujetas, al adquirir conocimiento del sexo, las cosas esencialmente físicas han sesgado de sobremanera la mente. La emoción del sexo contiene la posibilidad de tres potencias constructivas: 1. La perpetuación de la raza humana. 2. La conservación de la salud (como agencia terapéutica no tiene igual). 3. La transformación de la mediocridad en genio a través de la transmutación.

El paso decimotercero, que por cierto es el último, es “El Sexto Sentido, la Puerta al Templo de la Sabiduría”:

El treceavo principio es conocido como el SEXTO SENTIDO, a través del cual la Inteligencia Infinita puede y se comunicará voluntariamente, sin esfuerzo alguno, según su demanda, con el individuo. El sexto sentido es la parte de la mente subconsciente que ha sido referida como la Imaginación Creativa. También se ha llamado el conjunto receptor a través del cual las ideas, los planes y los pensamientos destellan en la mente. Estos “destellos” algunas vez son llamados “corazonadas” o “inspiraciones”. El sexto sentido desafía toda descripción, no puede ser enseñado a quien no ha amaestrado los otros 12 principios de esta filosofía […]. El sexto sentido es probablemente el medio de contacto entre la mente finita del hombre y la Inteligencia Infinita, y por esta razón, es una mezcla de lo mental y de lo espiritual. Se cree que en este punto es donde la mente entra en contacto con la Mente Universal.

Metcalfe advierte haber detectado la influencia del pensamiento Rosacruz y el hermetismo en la obra de Hill, un contexto en el cual el “éxito” estaría representando en realidad la posibilidad de reunirte con la mente universal. En todo caso, la importancia de estos capítulos esotéricos en el libro de Hill queda constatada por una visita metafísica-mefistofélica, pues años después de escribir Piense y Hágase Rico, el autor confesó que la comunicación astral de un consejo de “33 maestros ascendidos” lo había inspirado a escribir el libro:

Una voz habló. No vi a nadie. No puedo decir de dónde vino esa voz. Primero dijo una contraseña conocida por solo pocos hombres, lo cual cautivó mi atención. “He venido”, dijo “para darte una sección más para que incluyas en tu libro. Al escribir esta sección podrás hacer que algunos lectores te dejen de creer, sin embargo, escribirás honestamente y muchos te creerán y serán beneficiados. El mundo ha dado muchas filosofías por las cuales a los hombres se les prepara para morir, pero tú has sido escogido para otorgarle al mundo una filosofía con la que se preparen a vivir felices”. “¿Quién eres?”, dije en una voz suave. “Provengo de una Gran Escuela de Maestros. Soy uno de los del Consejo de los Treinta y Tres que sirven a la Gran Escuela y sus iniciados en el plano físico”.

¿Es “Piense y hágase rico” un libro inspirado por un cónclave de inteligencias astrales que por alguna razón querían encausar sus infinitos conocimientos a través de un impensado empaque? Tal vez nadie tenga la respuesta a esta interrogante, pero aún así resulta apasionante la posibilidad de que millones de hombres de negocios hayan dormido junto a un potencial manual de ocultismo avanzado, sin saberlo.

Etiquetado: , , ,