El juego es una actividad tan esencial, que puede reflejar algunas de las facultades más fascinantes de la mente humana: la imaginación, la capacidad de abstracción, la posibilidad de experimentar algo que no es parte de la realidad tangible. Por esta razón y desde hace muchas décadas, lo lúdico se ha planteado como un posible medio de aprendizaje y una herramienta de desarrollo (incluso neurológico) que ha permeado un buen número de modelos educativos alrededor del mundo. Un reciente proyecto propone la creación de “laboratorios de juego” dentro de las escuelas, específicamente en comunidades marginadas económicamente.

Este experimento global es financiado por la Fundación Lego, Porticus y BRAC, una organización no gubernamental dedicada al desarrollo de escuelas en comunidades de escasos recursos. Hasta ahora, se planea instalar 513 de estos laboratorios en varios países, que incluyen Uganda, Tanzania y Bangladesh, donde un poco más de 400 niños participarán en estos programas educativos piloto, creados por expertos, que giran alrededor del juego. Diseñados por arquitectos, los laboratorios de juego tienen espacios designados y delimitados para distintos tipos de actividades: un rincón apartado y silencioso para la lectura, otro para realizar actividades manuales, un espacio de juego al aire libre, y uno más para jugar dentro de un espacio cerrado.

La estructura y funcionamiento de cada uno de estos laboratorios son bastante simples e incluyen la participación de grupos de entre 30 y 40 niños, divididos por edades, en turnos de 2 a 3 horas. También necesitan de un “guía de juegos” para funcionar como coordinador del espacio (que trabaja con la ayuda de voluntarios). Normalmente se escoge a mujeres de la comunidad local para encargarse de esto. Previamente, ellas reciben un entrenamiento de parte de BRAC sobre la infancia temprana, el funcionamiento del proyecto, seguridad, cuidados, comunicación con los niños y las reglas sobre los tiempos y espacios de los laboratorios, además de cursos mensuales de regularización y actualización. Ellas también se reúnen con los padres de los niños una vez al mes para reportar sus avances y encontrar maneras de fomentar el desarrollo de sus hijos. Los laboratorios son gratuitos, aunque donaciones de las familias siempre son bienvenidas. La decoración de los espacios también corre a cargo de miembros de la comunidad que trabajan de la mano de los arquitectos expertos —algo que ayuda a las familias a integrarse en este fabuloso experimento.

Uno de los más grandes retos de estos laboratorios de juego es convencer a los padres de permitir a sus hijos participar en ellos. En este tipo de comunidades, la educación de los niños generalmente está asociada con la disciplina, el respeto por la autoridad y la buena conducta de los infantes —algo que no siempre toma en cuenta la diversión o los momentos recreativos. Sin embargo, los expertos que trabajan en este programa sostienen que su propuesta no solamente pretende educar a los niños, sino también prepararlos de una forma más integral para la vida y el mundo que enfrentarán al crecer.

Algunos de los registros que se harán, como parte de este experimento, incluyen mediciones del desarrollo de los niños, sus capacidades cognitivas (y cómo éstas pueden transformar a través del programa), conducta, lenguaje oral y capacidad de juego. Además, el programa pretende demostrar, a través de estas y otras cifras, que los laboratorios pueden, con el tiempo, resultar en ahorros económicos para los gobiernos, y también aminorar las diferencias entre los estudiantes y sus compañeros más favorecidos económicamente.

A principios del siglo XX, el psicólogo ruso Lev Vygotsky (hoy considerado uno de los más importantes pensadores de la educación) fue uno de los primeros en proponer que el juego es crucial para los niños, su desarrollo lingüístico y sus habilidades de autocontrol emocional y mental. El juego, finalmente, moldea la manera en que los niños piensan e interactúan con el mundo y si los niños son el futuro del mundo, alimentar esta parte tan importante de su desarrollo es una promesa con posibilidades infinitas.

 

 

Imagen: Dominio público

El juego es una actividad tan esencial, que puede reflejar algunas de las facultades más fascinantes de la mente humana: la imaginación, la capacidad de abstracción, la posibilidad de experimentar algo que no es parte de la realidad tangible. Por esta razón y desde hace muchas décadas, lo lúdico se ha planteado como un posible medio de aprendizaje y una herramienta de desarrollo (incluso neurológico) que ha permeado un buen número de modelos educativos alrededor del mundo. Un reciente proyecto propone la creación de “laboratorios de juego” dentro de las escuelas, específicamente en comunidades marginadas económicamente.

Este experimento global es financiado por la Fundación Lego, Porticus y BRAC, una organización no gubernamental dedicada al desarrollo de escuelas en comunidades de escasos recursos. Hasta ahora, se planea instalar 513 de estos laboratorios en varios países, que incluyen Uganda, Tanzania y Bangladesh, donde un poco más de 400 niños participarán en estos programas educativos piloto, creados por expertos, que giran alrededor del juego. Diseñados por arquitectos, los laboratorios de juego tienen espacios designados y delimitados para distintos tipos de actividades: un rincón apartado y silencioso para la lectura, otro para realizar actividades manuales, un espacio de juego al aire libre, y uno más para jugar dentro de un espacio cerrado.

La estructura y funcionamiento de cada uno de estos laboratorios son bastante simples e incluyen la participación de grupos de entre 30 y 40 niños, divididos por edades, en turnos de 2 a 3 horas. También necesitan de un “guía de juegos” para funcionar como coordinador del espacio (que trabaja con la ayuda de voluntarios). Normalmente se escoge a mujeres de la comunidad local para encargarse de esto. Previamente, ellas reciben un entrenamiento de parte de BRAC sobre la infancia temprana, el funcionamiento del proyecto, seguridad, cuidados, comunicación con los niños y las reglas sobre los tiempos y espacios de los laboratorios, además de cursos mensuales de regularización y actualización. Ellas también se reúnen con los padres de los niños una vez al mes para reportar sus avances y encontrar maneras de fomentar el desarrollo de sus hijos. Los laboratorios son gratuitos, aunque donaciones de las familias siempre son bienvenidas. La decoración de los espacios también corre a cargo de miembros de la comunidad que trabajan de la mano de los arquitectos expertos —algo que ayuda a las familias a integrarse en este fabuloso experimento.

Uno de los más grandes retos de estos laboratorios de juego es convencer a los padres de permitir a sus hijos participar en ellos. En este tipo de comunidades, la educación de los niños generalmente está asociada con la disciplina, el respeto por la autoridad y la buena conducta de los infantes —algo que no siempre toma en cuenta la diversión o los momentos recreativos. Sin embargo, los expertos que trabajan en este programa sostienen que su propuesta no solamente pretende educar a los niños, sino también prepararlos de una forma más integral para la vida y el mundo que enfrentarán al crecer.

Algunos de los registros que se harán, como parte de este experimento, incluyen mediciones del desarrollo de los niños, sus capacidades cognitivas (y cómo éstas pueden transformar a través del programa), conducta, lenguaje oral y capacidad de juego. Además, el programa pretende demostrar, a través de estas y otras cifras, que los laboratorios pueden, con el tiempo, resultar en ahorros económicos para los gobiernos, y también aminorar las diferencias entre los estudiantes y sus compañeros más favorecidos económicamente.

A principios del siglo XX, el psicólogo ruso Lev Vygotsky (hoy considerado uno de los más importantes pensadores de la educación) fue uno de los primeros en proponer que el juego es crucial para los niños, su desarrollo lingüístico y sus habilidades de autocontrol emocional y mental. El juego, finalmente, moldea la manera en que los niños piensan e interactúan con el mundo y si los niños son el futuro del mundo, alimentar esta parte tan importante de su desarrollo es una promesa con posibilidades infinitas.

 

 

Imagen: Dominio público