Vivir en un mundo global como el nuestro nos hace darnos de súbito algunos golpes contra las paredes culturales, las relativas a la otredad y a la forma en que sociedades distintas a la que nacimos llevan su vida.

En el caso de Corea del Norte, hasta hace pocos años se trataba de un secreto a voces que era un régimen militar en constante provocación contra los países occidentales, y siempre a punto de entrar en guerra con sus vecinos de Corea del Sur. Sin embargo, una respuesta recurrente de los norcoreanos cuando se les pregunta por su punto de vista sobre los derechos humanos es que Corea del Norte es próspera y valiente; este tipo de respuestas son producto de la educación cultural instaurada mediante leyes que rigen la vida de 24 millones de personas hasta en sus aspectos más recónditos y privados.

La organización Human Rights Foundation (HRF) está intentando contrarrestar la (cerrada) política educativa norcoreana, bombardeando el país literalmente con memorias USB cargadas con material considerado “subversivo” por el régimen, tales como música, películas y series de TV.

Los norcoreanos no pueden utilizar Internet ni tener acceso a la educación vía electrónica sin el previo visto bueno gubernamental. Sin embargo, y por fortuna, un floreciente mercado negro ha hecho posible que miles de USB’s lleguen al país, y que poco a poco los norcoreanos se den cuenta de que el resto del mundo no es tan desolador como lo pinta el régimen local.

Corea del Norte no es ajeno a la tecnología, pero al igual que China y otros gobiernos totalitarios, toma ideas de Occidente y las adapta a su política cultural. Tal es el caso del anuncio de un “Netflix coreano” (donde no participa la empresa occidental). Para contrarrestar esto, Human Rights Foundation recibe donaciones de pen-drives, que borra y luego pasa por la frontera de Corea del Norte, donde la demanda va en aumento. A veces utilizan globos o drones, que son recibidos por contactos de la organización dentro del país.

Para Ellen Eoff, especialista de desarrollo de la HRF, la tarea de su organización no está en mostrar al régimen norcoreano como un villano de película, sino mostrar que el resto del mundo no es tal como Kim Jong-un dice que es. Para ella, “es mucho más subversivo mostrar que los surcoreanos tienen agua potable”, o que viven en ciudades grandes y pujantes.

La HRF espera repartir hasta 10,000 de estos pen-drives para fines de 2016, cargados con telenovelas surcoreanas, artículos de Wikipedia y filmes provenientes de la India y de Estados Unidos.

Poco a poco, el Goliat de la ignorancia se abre a las pedradas de los “davides” digitales, buscando un mundo realmente conectado y abierto.

Imagen: Harco Rutgers / Creative Commons

Vivir en un mundo global como el nuestro nos hace darnos de súbito algunos golpes contra las paredes culturales, las relativas a la otredad y a la forma en que sociedades distintas a la que nacimos llevan su vida.

En el caso de Corea del Norte, hasta hace pocos años se trataba de un secreto a voces que era un régimen militar en constante provocación contra los países occidentales, y siempre a punto de entrar en guerra con sus vecinos de Corea del Sur. Sin embargo, una respuesta recurrente de los norcoreanos cuando se les pregunta por su punto de vista sobre los derechos humanos es que Corea del Norte es próspera y valiente; este tipo de respuestas son producto de la educación cultural instaurada mediante leyes que rigen la vida de 24 millones de personas hasta en sus aspectos más recónditos y privados.

La organización Human Rights Foundation (HRF) está intentando contrarrestar la (cerrada) política educativa norcoreana, bombardeando el país literalmente con memorias USB cargadas con material considerado “subversivo” por el régimen, tales como música, películas y series de TV.

Los norcoreanos no pueden utilizar Internet ni tener acceso a la educación vía electrónica sin el previo visto bueno gubernamental. Sin embargo, y por fortuna, un floreciente mercado negro ha hecho posible que miles de USB’s lleguen al país, y que poco a poco los norcoreanos se den cuenta de que el resto del mundo no es tan desolador como lo pinta el régimen local.

Corea del Norte no es ajeno a la tecnología, pero al igual que China y otros gobiernos totalitarios, toma ideas de Occidente y las adapta a su política cultural. Tal es el caso del anuncio de un “Netflix coreano” (donde no participa la empresa occidental). Para contrarrestar esto, Human Rights Foundation recibe donaciones de pen-drives, que borra y luego pasa por la frontera de Corea del Norte, donde la demanda va en aumento. A veces utilizan globos o drones, que son recibidos por contactos de la organización dentro del país.

Para Ellen Eoff, especialista de desarrollo de la HRF, la tarea de su organización no está en mostrar al régimen norcoreano como un villano de película, sino mostrar que el resto del mundo no es tal como Kim Jong-un dice que es. Para ella, “es mucho más subversivo mostrar que los surcoreanos tienen agua potable”, o que viven en ciudades grandes y pujantes.

La HRF espera repartir hasta 10,000 de estos pen-drives para fines de 2016, cargados con telenovelas surcoreanas, artículos de Wikipedia y filmes provenientes de la India y de Estados Unidos.

Poco a poco, el Goliat de la ignorancia se abre a las pedradas de los “davides” digitales, buscando un mundo realmente conectado y abierto.

Imagen: Harco Rutgers / Creative Commons

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