El desarrollo urbano enfrenta una serie de retos derivados de la tendencia de las sociedades contemporáneas a complejizarse. Entonces, construir ciudades más inteligentes parece ser el único camino para hacer del espacio citadino un lugar más funcional pero sobre todo sostenible.

Mientras el significado unívoco del concepto “smart city” sigue discutiéndose, Boyd Cohen ha diseñado un gráfico en forma de rueda titulado Smart Cities Wheel, cuya función es ayudar en la elaboración de proyectos de ciudades inteligentes. Su esquema está inspirado iniciativas como el “Modelo Territorial” de Buenos Aires, el Green City Index de Siemens y del Center of Regional Science at Vienna University of Tecnology, principalmente.

En el centro de la rueda se encuentran las ciudades inteligentes, seguido de otro círculo en el cual es posible ubicar los conceptos de movilidad inteligente, gobierno inteligente, economía inteligente, ambiente inteligente, formas de vida inteligentes y gente inteligente.

Después está otro círculo en el que se ubican las dimensiones de cada uno de esos conceptos; salud, transparencia, planificación urbana verde, productividad, energía alternativa, prioridad a transportes no motorizados, sociedad inclusiva, etcétera. El último círculo es el de los indicadores, que incluye más de 100 variables para ayudar a las ciudades y a su gente a desarrollar proyectos urbanos basados en ese modelo.

Cohen apunta hacia tres pasos claves para el diseño de dichas ciudades. El primero, hacer que la gente se involucre en el proyecto. Gregor Robertson, alcalde de Vancouver, tuvo eso en mente cuando en el plan de desarrollo de la ciudad consulto a 30,000 ciudadanos para proyectar los objetivos a alcanzarse para el año 2020. Su estrategia metodológica consistió en cruzar los resultados obtenidos en los grupos de discusión online y en los talleres realizados en centros comunitarios.

El segundo paso es fijar claramente los objetivos y escoger los indicadores más convenientes para ello. El ejemplo más claro ha sido el de Copenhague, que desde 1981 ha desarrollado un plan alternativo de movilidad, midiendo desde hace años las trayectorias y el uso de la bicicleta de los habitantes de la capital danesa. La información recaudada ha permitido la creación de indicadores, los cuales sirven como base para lograr el objetivo de hacer que al menos al 50% de la población viaje hacia su trabajo o escuela en bicicleta.

Por último, se advierte la necesidad de contar con planes a largo y corto plazo para dejar a un lado el predominio de la jungla de asfalto y dar pie a una transformación radical en términos de movilidad, gobierno, economía, medio ambiente, estilos de vida y relaciones sociales. Sobre todo por su utilidad, este mapa, acuñado por Cohen, representa un esfuerzo brillante en ese necesario camino de hacer de nuestras urbes centros inteligentes y, claro está, sensibles.

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El desarrollo urbano enfrenta una serie de retos derivados de la tendencia de las sociedades contemporáneas a complejizarse. Entonces, construir ciudades más inteligentes parece ser el único camino para hacer del espacio citadino un lugar más funcional pero sobre todo sostenible.

Mientras el significado unívoco del concepto “smart city” sigue discutiéndose, Boyd Cohen ha diseñado un gráfico en forma de rueda titulado Smart Cities Wheel, cuya función es ayudar en la elaboración de proyectos de ciudades inteligentes. Su esquema está inspirado iniciativas como el “Modelo Territorial” de Buenos Aires, el Green City Index de Siemens y del Center of Regional Science at Vienna University of Tecnology, principalmente.

En el centro de la rueda se encuentran las ciudades inteligentes, seguido de otro círculo en el cual es posible ubicar los conceptos de movilidad inteligente, gobierno inteligente, economía inteligente, ambiente inteligente, formas de vida inteligentes y gente inteligente.

Después está otro círculo en el que se ubican las dimensiones de cada uno de esos conceptos; salud, transparencia, planificación urbana verde, productividad, energía alternativa, prioridad a transportes no motorizados, sociedad inclusiva, etcétera. El último círculo es el de los indicadores, que incluye más de 100 variables para ayudar a las ciudades y a su gente a desarrollar proyectos urbanos basados en ese modelo.

Cohen apunta hacia tres pasos claves para el diseño de dichas ciudades. El primero, hacer que la gente se involucre en el proyecto. Gregor Robertson, alcalde de Vancouver, tuvo eso en mente cuando en el plan de desarrollo de la ciudad consulto a 30,000 ciudadanos para proyectar los objetivos a alcanzarse para el año 2020. Su estrategia metodológica consistió en cruzar los resultados obtenidos en los grupos de discusión online y en los talleres realizados en centros comunitarios.

El segundo paso es fijar claramente los objetivos y escoger los indicadores más convenientes para ello. El ejemplo más claro ha sido el de Copenhague, que desde 1981 ha desarrollado un plan alternativo de movilidad, midiendo desde hace años las trayectorias y el uso de la bicicleta de los habitantes de la capital danesa. La información recaudada ha permitido la creación de indicadores, los cuales sirven como base para lograr el objetivo de hacer que al menos al 50% de la población viaje hacia su trabajo o escuela en bicicleta.

Por último, se advierte la necesidad de contar con planes a largo y corto plazo para dejar a un lado el predominio de la jungla de asfalto y dar pie a una transformación radical en términos de movilidad, gobierno, economía, medio ambiente, estilos de vida y relaciones sociales. Sobre todo por su utilidad, este mapa, acuñado por Cohen, representa un esfuerzo brillante en ese necesario camino de hacer de nuestras urbes centros inteligentes y, claro está, sensibles.

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