Philip K. Dick es uno de los autores de ciencia ficción más leídos y apreciados de la actualidad, al menos a decir de Lejla Kucukalic, para quien el autor de A Scanner Darkly y ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es nada menos que “el autor canónico de la era digital”. Sus puntos de vista y especulaciones sobre los sistemas totalitarios, el uso de la tecnología en la vida cotidiana y el contacto telepático extraterrestre lo colocan como un novelista original y estimulante, ¿pero cuál era su relación con la música?

Según la investigación de Kucukalic, luego de graduarse de la preparatoria en 1947, Dick comenzó a trabajar en la tienda de música de la Universidad de Berkeley, lo que el propio autor dejó registrado en sus diarios de la época: “Ahora, mi antiguo amor por la música salió a la superficie, y comienzo a estudiar y repasar grandes áreas del mapa de la música; a los 14 años, puedo reconocer virtualmente cualquier sinfonía u ópera”.

Desde las sinfonías y misas de Beethoven, Mozart y Mahler hasta las variaciones Goldberg de Bach y las óperas de Wagner, los gustos musicales de Dick parecen bastante conservadores comparados con su trabajo literario. ¿Será tal vez efecto del cine y de la asociación de los elementos futuristas con música computarizada, sintetizadores ambientales y otras formas de ruido más allá de la melodía y armonía tradicionales?

Como fuera, las horas de trabajo de Dick estuvieron repletas de música, así como también algunas de sus obras. En “The Preserving Machine”, una historia de 1953, un científico inventa una máquina que codifica piezas musicales y las transforma en organismos vivos, incluso animales, con el fin de preservarlas de la inminente destrucción de la civilización. Lo que el científico no tuvo en cuenta (y aquí reside la maestría de Dick para los giros de tuerca), es que los “discos” codificados en criaturas vivientes también evolucionan y se adaptan, por lo que la música que contenían se pierde de todas formas.

Con información de varios blogs especializados en los gustos musicales de Dick, el sitio OpenCulture ha creado una lista de reproducción de Spotify, con una duración de más de 11 horas, con toda la música que los aficionados han rastreado en libros y obras de Philip K. Dick. No cabe duda que para sumergirse en los futuros posibles podemos comenzar zambulléndonos en el pasado musical.

*Imagen: Tom Simpson – flickr / Creative Commons

Philip K. Dick es uno de los autores de ciencia ficción más leídos y apreciados de la actualidad, al menos a decir de Lejla Kucukalic, para quien el autor de A Scanner Darkly y ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es nada menos que “el autor canónico de la era digital”. Sus puntos de vista y especulaciones sobre los sistemas totalitarios, el uso de la tecnología en la vida cotidiana y el contacto telepático extraterrestre lo colocan como un novelista original y estimulante, ¿pero cuál era su relación con la música?

Según la investigación de Kucukalic, luego de graduarse de la preparatoria en 1947, Dick comenzó a trabajar en la tienda de música de la Universidad de Berkeley, lo que el propio autor dejó registrado en sus diarios de la época: “Ahora, mi antiguo amor por la música salió a la superficie, y comienzo a estudiar y repasar grandes áreas del mapa de la música; a los 14 años, puedo reconocer virtualmente cualquier sinfonía u ópera”.

Desde las sinfonías y misas de Beethoven, Mozart y Mahler hasta las variaciones Goldberg de Bach y las óperas de Wagner, los gustos musicales de Dick parecen bastante conservadores comparados con su trabajo literario. ¿Será tal vez efecto del cine y de la asociación de los elementos futuristas con música computarizada, sintetizadores ambientales y otras formas de ruido más allá de la melodía y armonía tradicionales?

Como fuera, las horas de trabajo de Dick estuvieron repletas de música, así como también algunas de sus obras. En “The Preserving Machine”, una historia de 1953, un científico inventa una máquina que codifica piezas musicales y las transforma en organismos vivos, incluso animales, con el fin de preservarlas de la inminente destrucción de la civilización. Lo que el científico no tuvo en cuenta (y aquí reside la maestría de Dick para los giros de tuerca), es que los “discos” codificados en criaturas vivientes también evolucionan y se adaptan, por lo que la música que contenían se pierde de todas formas.

Con información de varios blogs especializados en los gustos musicales de Dick, el sitio OpenCulture ha creado una lista de reproducción de Spotify, con una duración de más de 11 horas, con toda la música que los aficionados han rastreado en libros y obras de Philip K. Dick. No cabe duda que para sumergirse en los futuros posibles podemos comenzar zambulléndonos en el pasado musical.

*Imagen: Tom Simpson – flickr / Creative Commons