Uno de los primeros santos cristianos, San Valentín, tuvo un destino desgraciado. Hoy el santo patrón de los enamorados y de la amistad se celebra entre flores, cartas de amor y chocolates en un día que también tiene su historia propia, una relacionada con los ciclos de reproducción de las aves y algunas tradiciones agrícolas que preceden, incluso, al cristianismo más temprano.

Hay que recordar que muchas fiestas del calendario occidental, como es el caso del Día de San Valentín, tienen su origen en la cultura romana —considerada en algún punto pagana. Sin embargo, como en todos los sincretismos, la fecha se conservó a través de la cristianización. Así, siempre vale la pena atender el rito original, y recordar que parte del significado contemporáneo de muchas de nuestras fiestas guarda secretos casi olvidados que se remontan a épocas remotas y que, particularmente en lo relacionado a la fertilidad, revelan una íntima conexión con las culturas agrícolas más primigenias.

Cuenta una leyenda que San Valentín fue uno de los primeros sacrificados, asesinado por el emperador romano Claudio II por negarse a abandonar sus creencias cristianas, y, sobre todo, por acceder a celebrar el matrimonio de soldados, a sabiendas de que el mismo emperador había expresamente prohibido esta práctica. La fecha de su muerte fue un 14 de febrero. Existe, además, una segunda leyenda que cuenta que es patrono de los enamorados porque su fiesta coincide con la época del año en que los pájaros comienzan los rituales de cortejo que llevan a su apareamiento, un ciclo íntimamente ligado con las cosechas y las estaciones del año.

La historia parece contarse sola y así como Claudio asesinó al santo del amor por su fe cristiana, el Papa Gelasio I, en años posteriores, prohibió las Lupercalias (celebraciones romanas a la fertilidad) e instauró, en su lugar, el día de San Valentín —una fiesta esencialmente paralela, pero con diferente nombre. Más adelante, en 1382, el escritor inglés Geoffrey Chaucer escribió un poema titulado “La Conferencia de los pájaros” el primer registro que tenemos del Día de San Valentín como el festejo de los enamorados; 18 años más tarde, el rey Calos VI de Francia, creó la Corte del Amor (de influencia provenzal e italiana), en la cual, el primer domingo de cada mes y durante el Día de San Valentín, se efectuaban una serie de torneos en los que los participantes competían para conseguir pareja entre las doncellas cortesanas.

Como un tesoro dentro de la historia del amor, la carta de San Valentín más antigua que se conoce fue escrita en 1416 por el duque francés Carlos de Orleans quien, tras haber sido capturado en la batalla de Agincourt y encerrado en la Torre de Londres, escribió aquellas palabras de amor a su esposa, Bonne de Armagnac.

La costumbre, posteriormente, se extendió por toda Europa y sobrevivió varios intentos de destrucción por parte del Luteranismo y el Protestantismo. El siglo XVIII inglés vio nacer algo parecido a lo que San Valentín es hoy: las llamadas valentines, o pequeñas postales ilustradas y escritas a mano con Cupidos regordetes y corazones, además de la costumbre de regalar chocolates o detalles románticos.

El Día de San Valentín ha tomado un nuevo rumbo, y hoy también está relacionado con la economía y el comercio: se trata del día en el que más rosas se compran al año. Es probable que Valentinus, el santo asesinado por el romano, nunca hubiera imaginado en qué desembocaría su historia, una que convendría recordar y que, a pesar de todo, sobrevive como un homenaje a una de nuestras más grandes inspiraciones (una que, además, no tiene precio).

 

 

Imagen: Public Domain

Uno de los primeros santos cristianos, San Valentín, tuvo un destino desgraciado. Hoy el santo patrón de los enamorados y de la amistad se celebra entre flores, cartas de amor y chocolates en un día que también tiene su historia propia, una relacionada con los ciclos de reproducción de las aves y algunas tradiciones agrícolas que preceden, incluso, al cristianismo más temprano.

Hay que recordar que muchas fiestas del calendario occidental, como es el caso del Día de San Valentín, tienen su origen en la cultura romana —considerada en algún punto pagana. Sin embargo, como en todos los sincretismos, la fecha se conservó a través de la cristianización. Así, siempre vale la pena atender el rito original, y recordar que parte del significado contemporáneo de muchas de nuestras fiestas guarda secretos casi olvidados que se remontan a épocas remotas y que, particularmente en lo relacionado a la fertilidad, revelan una íntima conexión con las culturas agrícolas más primigenias.

Cuenta una leyenda que San Valentín fue uno de los primeros sacrificados, asesinado por el emperador romano Claudio II por negarse a abandonar sus creencias cristianas, y, sobre todo, por acceder a celebrar el matrimonio de soldados, a sabiendas de que el mismo emperador había expresamente prohibido esta práctica. La fecha de su muerte fue un 14 de febrero. Existe, además, una segunda leyenda que cuenta que es patrono de los enamorados porque su fiesta coincide con la época del año en que los pájaros comienzan los rituales de cortejo que llevan a su apareamiento, un ciclo íntimamente ligado con las cosechas y las estaciones del año.

La historia parece contarse sola y así como Claudio asesinó al santo del amor por su fe cristiana, el Papa Gelasio I, en años posteriores, prohibió las Lupercalias (celebraciones romanas a la fertilidad) e instauró, en su lugar, el día de San Valentín —una fiesta esencialmente paralela, pero con diferente nombre. Más adelante, en 1382, el escritor inglés Geoffrey Chaucer escribió un poema titulado “La Conferencia de los pájaros” el primer registro que tenemos del Día de San Valentín como el festejo de los enamorados; 18 años más tarde, el rey Calos VI de Francia, creó la Corte del Amor (de influencia provenzal e italiana), en la cual, el primer domingo de cada mes y durante el Día de San Valentín, se efectuaban una serie de torneos en los que los participantes competían para conseguir pareja entre las doncellas cortesanas.

Como un tesoro dentro de la historia del amor, la carta de San Valentín más antigua que se conoce fue escrita en 1416 por el duque francés Carlos de Orleans quien, tras haber sido capturado en la batalla de Agincourt y encerrado en la Torre de Londres, escribió aquellas palabras de amor a su esposa, Bonne de Armagnac.

La costumbre, posteriormente, se extendió por toda Europa y sobrevivió varios intentos de destrucción por parte del Luteranismo y el Protestantismo. El siglo XVIII inglés vio nacer algo parecido a lo que San Valentín es hoy: las llamadas valentines, o pequeñas postales ilustradas y escritas a mano con Cupidos regordetes y corazones, además de la costumbre de regalar chocolates o detalles románticos.

El Día de San Valentín ha tomado un nuevo rumbo, y hoy también está relacionado con la economía y el comercio: se trata del día en el que más rosas se compran al año. Es probable que Valentinus, el santo asesinado por el romano, nunca hubiera imaginado en qué desembocaría su historia, una que convendría recordar y que, a pesar de todo, sobrevive como un homenaje a una de nuestras más grandes inspiraciones (una que, además, no tiene precio).

 

 

Imagen: Public Domain