Muchos de nosotros quizá estemos familiarizados con la noción de “troll”, un comportamiento que aunque se detonó con Internet y la posibilidad de hacer pública nuestra opinión personal en un medio masivo (foros, redes sociales, blogs, etc.), en realidad no es exclusivo del medio digital.

En pocas palabras, el “troll” es aquella persona que molesta únicamente por el afán de molestar; que refuta una idea pero no por el ánimo de debatir, sino solo por contradecir gratuitamente. Quizá por eso en Internet es común la consigna “No alimente al troll”, es decir, no caiga en su juego, no responda a sus diatribas, porque eso solo lo complace y, tristemente, años y años de discusión estéril lo han entrenado mucho mejor que a cualquiera de nosotros.

A menos que uno sea un maestro zen, en cuyo caso se tiene la experiencia para responder con sabiduría (y estilo) a una persona que arroja uno de los peores insultos.

El intercambio que ahora compartimos no ocurrió en Facebook o Twitter, sino en un par de cartas enviadas en marzo de 1975 entre el maestro Seung Sahn Soen-sa (nacido en Corea pero uno de los primeros en afincarse en Estados Unidos) y uno de sus estudiantes, el cual al parecer se sintió muy frustrado al ver que sus dudas sobre la existencia no quedaban resueltas por el zen.

El discípulo escribió esto al maestro:

Por favor responda pronto, aunque seguramente no lo hará, ¿no? Como sea, me gustaría decirle que puede joderse.

Con todo respeto, y en espera de vernos próximamente.

See Hoy

A lo cual Soen-sa respondió:

Dice que estás confundido. Pero si tu mente solo dice “no sé”, ¿cómo puede aparecer la confusión? La mente que no sabe corta de tajo el pensamiento. Lo termina por completo, lo cual significa el vacío auténtico. En el vacío auténtico no hay un Yo que pueda estar confundido, y nada por lo cual confundirse.

Un koan es como un dedo que apunta a la luna. Si te fijas en el dedo, no entenderás la dirección, así que no podrás ver la luna. Si no te fijas en ningún koan, entonces entenderás la dirección. La dirección es la mente que no entiende por completo.

Debes mantenerte únicamente en el no sé, siempre y en todos lados. Así alcanzarás pronto la iluminación. Pero sé cuidadoso con no querer la iluminación. Solo mantén tu mente en el no sé. Tu situación, tus condiciones, tus opiniones: deshazte de todo.

Al final de tu carta me dices que “puedo joderme”. Estas son palabras maravillosas que me entregas. Te agradezco mucho. Si alcanzas la iluminación, te las devolveré.

Sinceramente tuyo,

S. S.

Sin duda una prueba de que la sabiduría triunfa siempre, especialmente sobre el odio.

Muchos de nosotros quizá estemos familiarizados con la noción de “troll”, un comportamiento que aunque se detonó con Internet y la posibilidad de hacer pública nuestra opinión personal en un medio masivo (foros, redes sociales, blogs, etc.), en realidad no es exclusivo del medio digital.

En pocas palabras, el “troll” es aquella persona que molesta únicamente por el afán de molestar; que refuta una idea pero no por el ánimo de debatir, sino solo por contradecir gratuitamente. Quizá por eso en Internet es común la consigna “No alimente al troll”, es decir, no caiga en su juego, no responda a sus diatribas, porque eso solo lo complace y, tristemente, años y años de discusión estéril lo han entrenado mucho mejor que a cualquiera de nosotros.

A menos que uno sea un maestro zen, en cuyo caso se tiene la experiencia para responder con sabiduría (y estilo) a una persona que arroja uno de los peores insultos.

El intercambio que ahora compartimos no ocurrió en Facebook o Twitter, sino en un par de cartas enviadas en marzo de 1975 entre el maestro Seung Sahn Soen-sa (nacido en Corea pero uno de los primeros en afincarse en Estados Unidos) y uno de sus estudiantes, el cual al parecer se sintió muy frustrado al ver que sus dudas sobre la existencia no quedaban resueltas por el zen.

El discípulo escribió esto al maestro:

Por favor responda pronto, aunque seguramente no lo hará, ¿no? Como sea, me gustaría decirle que puede joderse.

Con todo respeto, y en espera de vernos próximamente.

See Hoy

A lo cual Soen-sa respondió:

Dice que estás confundido. Pero si tu mente solo dice “no sé”, ¿cómo puede aparecer la confusión? La mente que no sabe corta de tajo el pensamiento. Lo termina por completo, lo cual significa el vacío auténtico. En el vacío auténtico no hay un Yo que pueda estar confundido, y nada por lo cual confundirse.

Un koan es como un dedo que apunta a la luna. Si te fijas en el dedo, no entenderás la dirección, así que no podrás ver la luna. Si no te fijas en ningún koan, entonces entenderás la dirección. La dirección es la mente que no entiende por completo.

Debes mantenerte únicamente en el no sé, siempre y en todos lados. Así alcanzarás pronto la iluminación. Pero sé cuidadoso con no querer la iluminación. Solo mantén tu mente en el no sé. Tu situación, tus condiciones, tus opiniones: deshazte de todo.

Al final de tu carta me dices que “puedo joderme”. Estas son palabras maravillosas que me entregas. Te agradezco mucho. Si alcanzas la iluminación, te las devolveré.

Sinceramente tuyo,

S. S.

Sin duda una prueba de que la sabiduría triunfa siempre, especialmente sobre el odio.

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