Más allá del consumismo o del uso de energías no renovables, quizás el problema central de la crisis ecológica del planeta es una pronunciada desconexión con la naturaleza. Al no considerar a la Tierra y a sus bosques y mares como un ser vivo íntimamente conectado con nuestras vidas, entonces ocurre un profundo desequilibrio. Esta es la tesis que expone el director editorial de The Guardian, Jo Confino, para quien encontrar un sentido de lo sagrado es la clave para desarrollar negocios y corporaciones sustentables.

Confino describe un interesante ejercicio. Caminar por un valle usando un antifaz para experimentar la naturaleza a través de sentidos como el olfato o el tacto. Pero a la mitad de este ejercicio revirar la atención y sentir cómo la naturaleza nos experimenta a nosotros en ese momento. Al invertir los papeles, esta empresa supone considerar a la naturaleza como un ser vivo y generar así una conciencia de la otredad.

La visión sacro-corporativa de Confino se inspira en el maestro zen Thic Nhat Hanh. Recientemente, el editor de The Guardian fue a visitarlo a su centro Plum Village, en Francia. Para Thic Nhat Hanh, la clave para operar un cambio orientado hacia el respeto y no hacia la explotación de la biosfera está en tener una simple epifanía, en reconocer que somos parte del Sol y de la Tierra. Y es que realmente toda la materia de nuestros cuerpos se originó en la Tierra, y esta, a su vez, en el Sol.

“Somos muy inteligentes, pero debemos aprender a amar a la Madre Tierra”, dice Thic Nhat Hanh. “Cuando ves al Sol en tu caminata de meditación, la alerta de tu cuerpo te ayuda a aprender que el Sol está en ti; sin el Sol no hay vida y de pronto te conectas con él de forma distinta”.

Ves tu relación con el sol cambiar… Antes, veías al sol como algo lejano que no tenía mucho que ver contigo, pero existe una conexión muy profunda. Tú eres el hijo del sol, vienes del sol y eso es algo que también es verdad con la Tierra… tu relación con la Tierra es tan profunda que la Tierra está en ti y esto no es muy difícil de entender, mucho menos que la filosofía.

Si puedes entender que la Madre Tierra está en ti y que tú eres la Madre Tierra, entonces ya no tienes miedo de morir porque la Tierra no está muriendo. Como una ola aparece y desaparece y vuelve a aparecer.

Los beneficios de esta conciencia planetaria son diversos. Por una parte, parecen dotar de un respaldo espiritual ante el miedo a la muerte, y por el otro permite tejer un futuro sustentable basado en el principio básico de no hacernos daño a nosotros mismos. Una vez que se entiende verdaderamente que aquello que percibíamos como un lejano conglomerado de cosas —la naturaleza— en realidad somos nosotros mismos, se conjura el respeto. Sería interesante, aunque para muchos resulte una especie de paganismo extravagante, ver a los CEO’s de las grandes corporaciones asumirse como los hijos de la Tierra y el Sol.

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Más allá del consumismo o del uso de energías no renovables, quizás el problema central de la crisis ecológica del planeta es una pronunciada desconexión con la naturaleza. Al no considerar a la Tierra y a sus bosques y mares como un ser vivo íntimamente conectado con nuestras vidas, entonces ocurre un profundo desequilibrio. Esta es la tesis que expone el director editorial de The Guardian, Jo Confino, para quien encontrar un sentido de lo sagrado es la clave para desarrollar negocios y corporaciones sustentables.

Confino describe un interesante ejercicio. Caminar por un valle usando un antifaz para experimentar la naturaleza a través de sentidos como el olfato o el tacto. Pero a la mitad de este ejercicio revirar la atención y sentir cómo la naturaleza nos experimenta a nosotros en ese momento. Al invertir los papeles, esta empresa supone considerar a la naturaleza como un ser vivo y generar así una conciencia de la otredad.

La visión sacro-corporativa de Confino se inspira en el maestro zen Thic Nhat Hanh. Recientemente, el editor de The Guardian fue a visitarlo a su centro Plum Village, en Francia. Para Thic Nhat Hanh, la clave para operar un cambio orientado hacia el respeto y no hacia la explotación de la biosfera está en tener una simple epifanía, en reconocer que somos parte del Sol y de la Tierra. Y es que realmente toda la materia de nuestros cuerpos se originó en la Tierra, y esta, a su vez, en el Sol.

“Somos muy inteligentes, pero debemos aprender a amar a la Madre Tierra”, dice Thic Nhat Hanh. “Cuando ves al Sol en tu caminata de meditación, la alerta de tu cuerpo te ayuda a aprender que el Sol está en ti; sin el Sol no hay vida y de pronto te conectas con él de forma distinta”.

Ves tu relación con el sol cambiar… Antes, veías al sol como algo lejano que no tenía mucho que ver contigo, pero existe una conexión muy profunda. Tú eres el hijo del sol, vienes del sol y eso es algo que también es verdad con la Tierra… tu relación con la Tierra es tan profunda que la Tierra está en ti y esto no es muy difícil de entender, mucho menos que la filosofía.

Si puedes entender que la Madre Tierra está en ti y que tú eres la Madre Tierra, entonces ya no tienes miedo de morir porque la Tierra no está muriendo. Como una ola aparece y desaparece y vuelve a aparecer.

Los beneficios de esta conciencia planetaria son diversos. Por una parte, parecen dotar de un respaldo espiritual ante el miedo a la muerte, y por el otro permite tejer un futuro sustentable basado en el principio básico de no hacernos daño a nosotros mismos. Una vez que se entiende verdaderamente que aquello que percibíamos como un lejano conglomerado de cosas —la naturaleza— en realidad somos nosotros mismos, se conjura el respeto. Sería interesante, aunque para muchos resulte una especie de paganismo extravagante, ver a los CEO’s de las grandes corporaciones asumirse como los hijos de la Tierra y el Sol.

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