Rei Kawakubo (Tokio, 1942) es un bicho raro de la moda o, mejor dicho, de la anti-moda. Oscura, reservada y poco interesada en la vida pública, esta creadora (a quien no le gusta ser llamada “artista”) escapa a las definiciones, y ha brillado como gran antagonista de muchas de las convenciones estéticas en las que está inmerso el mundo de la alta costura. Sus creaciones, que podrían (o no) ser llamadas ropa, son esencialmente conceptuales y establecen inusitados diálogos con la escultura y otras expresiones del arte, utilizando el cuerpo como esqueleto de piezas cuyas dimensiones, texturas y formas se crean a través de la tela y otros materiales (algo que es moda y es arte también, piezas que no se parecen a nada que conocemos).

En 1973 Kawakubo —que había estudiado artes y literatura— comenzó su marca Comme des Garçons, un concepto disruptivo desde el inicio, antes de que serlo a ese nivel estuviera siquiera de moda. Las piezas de esta japonesa retan las convenciones de la estética y la simetría, deformando (hermosamente) los cuerpos a través de bultos o siluetas geométricas: prendas que coquetean bellamente con lo absurdo y que, en términos generales, no son ni usables ni comprables, y no fueron creadas para serlo. De hecho, cuando una de sus colecciones recibe halagos o tiene gran éxito comercial, Kawakubo se siente francamente preocupada; ella es un oráculo de la contracultura de la moda, una punk del vestido (como de otras maneras lo fue Vivienne Westwood, una madre involuntaria del punk). Por esta razón, no sorprende que Björk, representante por excelencia de la excentricidad, sea una de sus más grandes admiradoras.

Cada colección de Comme des Garçons es completamente distinta a la anterior; por esta razón, su estilo escapa cualquier definición. Pero, a grandes rasgos, lo asimétrico, la deconstrucción, la extravagancia, la androginia, e incluso lo asexuado, son algunas de las características de muchas de las piezas de Kawakubo, creaciones en las que pareciera que el cuerpo y la prenda son indisociables el uno del otro. Los inesperados conceptos que unifican sus colecciones juegan con las alusiones y al mismo tiempo las rechazan: ella siempre quiso hacer cosas que nunca se habían hecho en la moda, y durante décadas lo ha logrado con maestría.

“Hacer algo nuevo no necesariamente tiene que ser bello ante los ojos de quienes lo miran. El resultado de hacerlo es lo que es bello. Hacer algo nuevo y que esto mueva a la gente es realmente bello”, dijo Kawakubo en una entrevista reciente, definiendo con un minimalismo japonés la esencia de su trabajo.

Hace unos meses el Metropolitan Museum de Nueva York inauguró la exhibición Rei Kawakubo/Comme des Garçons: Art of the In Between, una muestra de alrededor de 150 prendas, que utilizó conceptos paradójicos para clasificar el material expuesto —ausencia/presencia, diseño/no diseño, moda/antimoda, entonces/ahora, uno mismo/el otro, objeto/sujeto, ropa/no ropa—, pares de opuestos que describen a la perfección las ideas que se enfrentan en el trabajo de la (sin duda alguna) artista. Pero el hecho de que la ropa se muestre en un museo y no se use, levanta cuestionamientos válidos en torno a la utilidad de la ropa y su relación con el arte.

Valientes y barrocas, conceptuales y surrealistas, las prendas de Rei Kawakubo habitan entre dos mundos como fantasmas, como esculturas móviles, mitad humanas y mitad no, como atavíos de seres legendarios, como expresiones de una estética extraterrestre, atemporal y valiosa, como nuevos nombres para la belleza.

 

 

*Imagen: Exposición de Rei Kawakubo /  video – The Met Museum

Rei Kawakubo (Tokio, 1942) es un bicho raro de la moda o, mejor dicho, de la anti-moda. Oscura, reservada y poco interesada en la vida pública, esta creadora (a quien no le gusta ser llamada “artista”) escapa a las definiciones, y ha brillado como gran antagonista de muchas de las convenciones estéticas en las que está inmerso el mundo de la alta costura. Sus creaciones, que podrían (o no) ser llamadas ropa, son esencialmente conceptuales y establecen inusitados diálogos con la escultura y otras expresiones del arte, utilizando el cuerpo como esqueleto de piezas cuyas dimensiones, texturas y formas se crean a través de la tela y otros materiales (algo que es moda y es arte también, piezas que no se parecen a nada que conocemos).

En 1973 Kawakubo —que había estudiado artes y literatura— comenzó su marca Comme des Garçons, un concepto disruptivo desde el inicio, antes de que serlo a ese nivel estuviera siquiera de moda. Las piezas de esta japonesa retan las convenciones de la estética y la simetría, deformando (hermosamente) los cuerpos a través de bultos o siluetas geométricas: prendas que coquetean bellamente con lo absurdo y que, en términos generales, no son ni usables ni comprables, y no fueron creadas para serlo. De hecho, cuando una de sus colecciones recibe halagos o tiene gran éxito comercial, Kawakubo se siente francamente preocupada; ella es un oráculo de la contracultura de la moda, una punk del vestido (como de otras maneras lo fue Vivienne Westwood, una madre involuntaria del punk). Por esta razón, no sorprende que Björk, representante por excelencia de la excentricidad, sea una de sus más grandes admiradoras.

Cada colección de Comme des Garçons es completamente distinta a la anterior; por esta razón, su estilo escapa cualquier definición. Pero, a grandes rasgos, lo asimétrico, la deconstrucción, la extravagancia, la androginia, e incluso lo asexuado, son algunas de las características de muchas de las piezas de Kawakubo, creaciones en las que pareciera que el cuerpo y la prenda son indisociables el uno del otro. Los inesperados conceptos que unifican sus colecciones juegan con las alusiones y al mismo tiempo las rechazan: ella siempre quiso hacer cosas que nunca se habían hecho en la moda, y durante décadas lo ha logrado con maestría.

“Hacer algo nuevo no necesariamente tiene que ser bello ante los ojos de quienes lo miran. El resultado de hacerlo es lo que es bello. Hacer algo nuevo y que esto mueva a la gente es realmente bello”, dijo Kawakubo en una entrevista reciente, definiendo con un minimalismo japonés la esencia de su trabajo.

Hace unos meses el Metropolitan Museum de Nueva York inauguró la exhibición Rei Kawakubo/Comme des Garçons: Art of the In Between, una muestra de alrededor de 150 prendas, que utilizó conceptos paradójicos para clasificar el material expuesto —ausencia/presencia, diseño/no diseño, moda/antimoda, entonces/ahora, uno mismo/el otro, objeto/sujeto, ropa/no ropa—, pares de opuestos que describen a la perfección las ideas que se enfrentan en el trabajo de la (sin duda alguna) artista. Pero el hecho de que la ropa se muestre en un museo y no se use, levanta cuestionamientos válidos en torno a la utilidad de la ropa y su relación con el arte.

Valientes y barrocas, conceptuales y surrealistas, las prendas de Rei Kawakubo habitan entre dos mundos como fantasmas, como esculturas móviles, mitad humanas y mitad no, como atavíos de seres legendarios, como expresiones de una estética extraterrestre, atemporal y valiosa, como nuevos nombres para la belleza.

 

 

*Imagen: Exposición de Rei Kawakubo /  video – The Met Museum