Islandia es quizá el país más enigmático del mundo, uno de los sitios que recuerdan que la tierra está viva. Recorrerlo es una experiencia que transforma la forma de percibir: somos el producto de un alucinante aparato que es el todo, y la energía infinita fluye también en las entrañas de la Tierra. La actividad geológica de Islandia es un recordatorio de la belleza, complejidad y esplendor de la energía.

Poblada por volcanes, glaciares, ríos y hasta desiertos, Islandia es un paraíso estético. Los ríos que la circulan son particularmente hipnóticos por su espíritu traslúcido de aguas glaciares, que añaden un particular aspecto de misterio. Jökulsa à Fjöllum es su río más emblemático: transita pasillos de rocas, cascadas, y recorre extravagantes cavernas. Detiffoss, es la más alta de las caídas de agua que camina este río, es también la más elevada de Europa, con 44 metros de descenso.

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Jökulsa à Fjöllum tiene origen glaciar, y recorre alucinantes paisaje de rocas caprichosas. El efecto de sus aguas, es conocido como “leche glaciar”, por la turbidez blanquecina de la arcilla fina que contiene. Esta cualidad provoca que cuando el líquido cae por la cascada Detiffoss, se produzcan nubes de brisa blanca que en contraste con las rocas y el paisaje semi estéril, generan una fotografía de un elegante surrealismo.

El aspecto rocoso del paisaje, está dibujado por piedras que se extienden en una fantástica superficie, como una sábana rugosa que genera una aparente realidad paralela. Las rocas se enfilan caprichosas en algunos trayectos como si fueran un mar de olas picadas. En otras zonas, se levantan como monumentales cañones lisos y suaves, o forman altas paredes calizas que resguardan el río como monumentales murallas.

La cascada de Detiffoss es formidable porque es moldeada por un extraordinario cañón de piedra. Es un sitio que traslada al espectador a un escenario parecido al fin del mundo, o quizá al inicio de este, donde la naturaleza es la única y más preciosa protagonista.

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Islandia es quizá el país más enigmático del mundo, uno de los sitios que recuerdan que la tierra está viva. Recorrerlo es una experiencia que transforma la forma de percibir: somos el producto de un alucinante aparato que es el todo, y la energía infinita fluye también en las entrañas de la Tierra. La actividad geológica de Islandia es un recordatorio de la belleza, complejidad y esplendor de la energía.

Poblada por volcanes, glaciares, ríos y hasta desiertos, Islandia es un paraíso estético. Los ríos que la circulan son particularmente hipnóticos por su espíritu traslúcido de aguas glaciares, que añaden un particular aspecto de misterio. Jökulsa à Fjöllum es su río más emblemático: transita pasillos de rocas, cascadas, y recorre extravagantes cavernas. Detiffoss, es la más alta de las caídas de agua que camina este río, es también la más elevada de Europa, con 44 metros de descenso.

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Jökulsa à Fjöllum tiene origen glaciar, y recorre alucinantes paisaje de rocas caprichosas. El efecto de sus aguas, es conocido como “leche glaciar”, por la turbidez blanquecina de la arcilla fina que contiene. Esta cualidad provoca que cuando el líquido cae por la cascada Detiffoss, se produzcan nubes de brisa blanca que en contraste con las rocas y el paisaje semi estéril, generan una fotografía de un elegante surrealismo.

El aspecto rocoso del paisaje, está dibujado por piedras que se extienden en una fantástica superficie, como una sábana rugosa que genera una aparente realidad paralela. Las rocas se enfilan caprichosas en algunos trayectos como si fueran un mar de olas picadas. En otras zonas, se levantan como monumentales cañones lisos y suaves, o forman altas paredes calizas que resguardan el río como monumentales murallas.

La cascada de Detiffoss es formidable porque es moldeada por un extraordinario cañón de piedra. Es un sitio que traslada al espectador a un escenario parecido al fin del mundo, o quizá al inicio de este, donde la naturaleza es la única y más preciosa protagonista.

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