Recurrentemente las maravillas naturales del planeta podrían remitirnos a una metáfora sobre la perfección y el cambio perenne. Lo mismo sucede con el ser humano, con su cambiante perfección. En la misma línea, una de las actividades humanas que más favorecen la posibilidad de dimensionar lo perfecto, y sus variables, es viajar. Los viajes conllevan en sí mismos múltiples metáforas alrededor de la existencia, además de dar sentido a la vida, o por lo menos acercarnos a ese estado.

Pamukkale es un lugar de ensueño, metafórico, enternecedor por sus colores pero a la vez retador en su anatomía. Como un gran pastel que se derrite, está formado de capas blancas de piedra caliza, que pareciera quedaron congeladas en su caída en el tiempo. En la base de cada cascada se forman pequeñas albercas color turquesa, asentadas como jacuzzis que parecieran explícitamente diseñados para contemplar el precipicio. Este paradisiaco sitio está ubicado en Turquía, y alguna vez en su cima se asentó la ciudad griega de Hierápolis, establecida en el año 180 a.C. Hoy las ruinas comparten paisaje con las fuentes de agua termal.

tumblr_nwelagNdbL1u3ve47o1_1280

El nombre de Pamukkale significa en turco Castillos de Algodón, aludiendo a los colores y formas del sitio. Sus cataratas fosilizadas están hechas de capas de piedra caliza y travertino, que bajan en forma de cascadas petrificadas por la ladera. Los griegos atribuyeron a sus aguas propiedades terapéuticas, obsequio del dios Asclepio y su hija Higieia –diosa de la salud, higiene y sanación. Actualmente las famosas agua termales del lugar siguen siendo consideradas por sus propiedades sanadoras.

Pamukkale, que en 1988 fue declarado Patrimonio de la Humanidad, puede definirse como un acantilado fluvial –sin embargo su singularidad es tal, que resulta complejo definir su condición geológica. Como un sueño de sutilezas cromáticas, y con una riqueza histórica remarcable, el misticismo en el lugar es otro ingrediente que permea la experiencia: las mentes abiertas y sensibles a la vastedad de la naturaleza y la vida misma, sin duda se regocijarán en el turquesa de Pamukkale.

.

Recurrentemente las maravillas naturales del planeta podrían remitirnos a una metáfora sobre la perfección y el cambio perenne. Lo mismo sucede con el ser humano, con su cambiante perfección. En la misma línea, una de las actividades humanas que más favorecen la posibilidad de dimensionar lo perfecto, y sus variables, es viajar. Los viajes conllevan en sí mismos múltiples metáforas alrededor de la existencia, además de dar sentido a la vida, o por lo menos acercarnos a ese estado.

Pamukkale es un lugar de ensueño, metafórico, enternecedor por sus colores pero a la vez retador en su anatomía. Como un gran pastel que se derrite, está formado de capas blancas de piedra caliza, que pareciera quedaron congeladas en su caída en el tiempo. En la base de cada cascada se forman pequeñas albercas color turquesa, asentadas como jacuzzis que parecieran explícitamente diseñados para contemplar el precipicio. Este paradisiaco sitio está ubicado en Turquía, y alguna vez en su cima se asentó la ciudad griega de Hierápolis, establecida en el año 180 a.C. Hoy las ruinas comparten paisaje con las fuentes de agua termal.

tumblr_nwelagNdbL1u3ve47o1_1280

El nombre de Pamukkale significa en turco Castillos de Algodón, aludiendo a los colores y formas del sitio. Sus cataratas fosilizadas están hechas de capas de piedra caliza y travertino, que bajan en forma de cascadas petrificadas por la ladera. Los griegos atribuyeron a sus aguas propiedades terapéuticas, obsequio del dios Asclepio y su hija Higieia –diosa de la salud, higiene y sanación. Actualmente las famosas agua termales del lugar siguen siendo consideradas por sus propiedades sanadoras.

Pamukkale, que en 1988 fue declarado Patrimonio de la Humanidad, puede definirse como un acantilado fluvial –sin embargo su singularidad es tal, que resulta complejo definir su condición geológica. Como un sueño de sutilezas cromáticas, y con una riqueza histórica remarcable, el misticismo en el lugar es otro ingrediente que permea la experiencia: las mentes abiertas y sensibles a la vastedad de la naturaleza y la vida misma, sin duda se regocijarán en el turquesa de Pamukkale.

.

Etiquetado: , , ,