El escritor y retórico Luciano de Samosata, nacido alrededor del siglo II de nuestra era, escribió en griego la Vera Historia, la primera fantasía elaborada acerca de un viaje a la luna. “No sólo es la primera narrativa detallada acerca de viajar a la luna a través del espació”, escribe el profesor Aaron Perett, “sino la más rara”.

En la superficie lunar de Luciano, por ejemplo, encontramos una “letanía bizarra de bestias salvajes”: cuervos de tres cabezas, pájaros con cuerpo de pasto y alas de hoja, pulgas del tamaño de elefantes, mujeres mitad uva de vino de las cuales un beso te torna ebrio y hombres que sudan leche de tal calidad “que se puede hacer queso de él si le agregas unas gotas de miel” que corre de sus narices. Allá arriba los métodos de reproducción también son invasivos; una verdadera necesidad en un mundo desprovisto de mujeres. En una parte de la luna, los bebés nacen de las pantorrillas hinchadas de los hombres, y en otra parte nacen de un genital masculino plantado como semilla, del cual crece un gran árbol de carne.

Screen shot 2016-04-12 at 11.14.40 AM

La luna siempre ha sido un espejo del hombre. El ser humano ha querido encontrar su forma allá arriba desde tiempos antiguos (por ello “el hombre en la luna”), y esto Luciano lo supo bien. No sólo utilizó la luna como escenario de lo fantástico y lo lunático, sino que hizo una suerte de espejo sátiro de la sociedad en la que vivía –porque allá arriba todo podía pasar. Y eso es, quizá, lo más divertido del libro: que la ciencia aún no hubiese mostrado la apariencia de la luna ni explicado su composición, y entonces fuera el soporte perfecto para cualquier imaginación quimérica, infantil u honesta.

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Las historias de Luciano se desarrollan contra el paisaje de una gran paradoja: la paradoja de Epeménides, el hombre de Creta que como verdad evangélica anunció: “Todos los cretenses son mentirosos”; si está diciendo la verdad está mintiendo, pero si está mintiendo entonces está diciendo la verdad. Similar a esto, cuando Luciano dice que su historia fantástica es “una historia verdadera” está haciendo referencia a las paradojas clave de la filosofía griega. En su prólogo, Luciano apunta:

Pero mi mentira es mucho más honesta que la de los filósofos, porque aunque no diga la verdad en nada más, al menos debo ser verdadero al decir que soy un mentiroso.

Luciano se siente ofendido con la hipocresía epistemológica de aquellos que se elevan a sí mismos como árbitros de la verdad y la falsedad, mientras que al mismo tiempo recurre a “mentiras y “ficciones” para hablar de ellos, produciendo, como si fuera, el espejo lunar que refleja la Tierra.

Y si recordamos la emblemática frase “todos los escritores son mentirosos”, entonces es verdad que la paradoja de Epeménides aplica a casi cualquier trabajo de ficción que afirma decir la “verdad”. Por su parte, Perett apunta:

La Vera Historia satiriza a las escuelas filosóficas engañadas por su propia arrogancia no-crítica cuando se trata de hacer y evaluar declaraciones verdaderas. […] Su crítica tiene mucho en común con la mirada postmoderna, porque la ficción dice una “verdad” pero se anuncia como “fabricada”; conversamente, la “historia” se anuncia como “verdadera” pero también tiende a ser “fabricada.

Así, Luciano fuerza al lector a reconocer la línea entre la verdad y la ficción como una línea borrosa (en el mejor de los casos), y lo hace con humor: el recurso retórico más persuasivo de todos. Su libro es una especie de fábula con cero verosimilitud a la Tierra excepto por el comportamiento de los personajes. Una alegoría de los asuntos humanos actuada en la luna, cuando la luna era el satélite de la especulación absoluta. Y como dice Aaron Parett: “a fin de tener éxito, la sátira debe ofrecer alguna lección moral, algún propósito didáctico”. La revelación de los viajes a la luna de Luciano parece bastante sencilla: no debemos tomarnos a nosotros mismos demasiado enserio, especialmente cando se trata de filosofía.

Al final de la Vera Historia, como la última y la mayor mentira de todas, Luciano concluye: “Lo que pasó después en ese mundo se los diré en los libros que siguen”. Y no hubo, desde luego, más libros.

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El escritor y retórico Luciano de Samosata, nacido alrededor del siglo II de nuestra era, escribió en griego la Vera Historia, la primera fantasía elaborada acerca de un viaje a la luna. “No sólo es la primera narrativa detallada acerca de viajar a la luna a través del espació”, escribe el profesor Aaron Perett, “sino la más rara”.

En la superficie lunar de Luciano, por ejemplo, encontramos una “letanía bizarra de bestias salvajes”: cuervos de tres cabezas, pájaros con cuerpo de pasto y alas de hoja, pulgas del tamaño de elefantes, mujeres mitad uva de vino de las cuales un beso te torna ebrio y hombres que sudan leche de tal calidad “que se puede hacer queso de él si le agregas unas gotas de miel” que corre de sus narices. Allá arriba los métodos de reproducción también son invasivos; una verdadera necesidad en un mundo desprovisto de mujeres. En una parte de la luna, los bebés nacen de las pantorrillas hinchadas de los hombres, y en otra parte nacen de un genital masculino plantado como semilla, del cual crece un gran árbol de carne.

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La luna siempre ha sido un espejo del hombre. El ser humano ha querido encontrar su forma allá arriba desde tiempos antiguos (por ello “el hombre en la luna”), y esto Luciano lo supo bien. No sólo utilizó la luna como escenario de lo fantástico y lo lunático, sino que hizo una suerte de espejo sátiro de la sociedad en la que vivía –porque allá arriba todo podía pasar. Y eso es, quizá, lo más divertido del libro: que la ciencia aún no hubiese mostrado la apariencia de la luna ni explicado su composición, y entonces fuera el soporte perfecto para cualquier imaginación quimérica, infantil u honesta.

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Las historias de Luciano se desarrollan contra el paisaje de una gran paradoja: la paradoja de Epeménides, el hombre de Creta que como verdad evangélica anunció: “Todos los cretenses son mentirosos”; si está diciendo la verdad está mintiendo, pero si está mintiendo entonces está diciendo la verdad. Similar a esto, cuando Luciano dice que su historia fantástica es “una historia verdadera” está haciendo referencia a las paradojas clave de la filosofía griega. En su prólogo, Luciano apunta:

Pero mi mentira es mucho más honesta que la de los filósofos, porque aunque no diga la verdad en nada más, al menos debo ser verdadero al decir que soy un mentiroso.

Luciano se siente ofendido con la hipocresía epistemológica de aquellos que se elevan a sí mismos como árbitros de la verdad y la falsedad, mientras que al mismo tiempo recurre a “mentiras y “ficciones” para hablar de ellos, produciendo, como si fuera, el espejo lunar que refleja la Tierra.

Y si recordamos la emblemática frase “todos los escritores son mentirosos”, entonces es verdad que la paradoja de Epeménides aplica a casi cualquier trabajo de ficción que afirma decir la “verdad”. Por su parte, Perett apunta:

La Vera Historia satiriza a las escuelas filosóficas engañadas por su propia arrogancia no-crítica cuando se trata de hacer y evaluar declaraciones verdaderas. […] Su crítica tiene mucho en común con la mirada postmoderna, porque la ficción dice una “verdad” pero se anuncia como “fabricada”; conversamente, la “historia” se anuncia como “verdadera” pero también tiende a ser “fabricada.

Así, Luciano fuerza al lector a reconocer la línea entre la verdad y la ficción como una línea borrosa (en el mejor de los casos), y lo hace con humor: el recurso retórico más persuasivo de todos. Su libro es una especie de fábula con cero verosimilitud a la Tierra excepto por el comportamiento de los personajes. Una alegoría de los asuntos humanos actuada en la luna, cuando la luna era el satélite de la especulación absoluta. Y como dice Aaron Parett: “a fin de tener éxito, la sátira debe ofrecer alguna lección moral, algún propósito didáctico”. La revelación de los viajes a la luna de Luciano parece bastante sencilla: no debemos tomarnos a nosotros mismos demasiado enserio, especialmente cando se trata de filosofía.

Al final de la Vera Historia, como la última y la mayor mentira de todas, Luciano concluye: “Lo que pasó después en ese mundo se los diré en los libros que siguen”. Y no hubo, desde luego, más libros.

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