En el número 12 de la rue de l’Odéon existió, durante casi 20 años, una librería que habría de convertirse en algo más que eso; un espacio que reunió a grandes de la literatura de su época y que cerró sus puertas en 1941, durante la ocupación alemana de París. Años después este lugar volvería a la vida con un nuevo formato, para continuar una historia llena de libros y escritores, una que hoy sigue siendo narrada en el centro de la capital francesa.

La primera librería Shakespeare and Company era usada por James Joyce como oficina durante sus visitas a París, y fue bautizada cariñosamente por él como “Stratford-on-Odéon” (una referencia a Stratford-upon-Avon, el pueblo donde William Shakespeare nació). Entre 1919 y 1941 esta librería especializada en literatura anglosajona (que durante sus primeros 3 años se encontraba en la rue Dupuytren), se convirtió en centro de reunión de algunos de los escritores más importantes de la época (entre ellos, James Joyce, Ezra Pound, T. S. Eliot, F. Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, Gertrude Stein, Ford Madox Ford, André Gide y Paul Valéry).

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Fundado por la estadounidense Sylvia Beach, este singular establecimiento ofrecía a la venta volúmenes de gran calidad que reflejaban el particular gusto literario de su dueña. Pero Shakespeare and Company no fue sólo una librería: ahí también se prestaban los libros (a la manera de una biblioteca) y Beach era conocida por vender obras censuradas, como la polémica novela de D. H. Lawrence Lady Chaterley’s Lover, prohibida en Inglaterra y Estados Unidos.

Shakespeare and Company, que aparece en la novela A Moveable Feast de Ernest Hemingway, también funcionó como una casa editorial. Fue Sylvia Beach quien en 1922 publicó por primera vez Ulysses de su amigo James Joyce (una de las novelas más importantes de su siglo), cuando ningún otro sello se atrevía a hacerlo. Beach también impulsó la publicación del primer libro de Ernest Hemingway, Three Stories and Ten Poems.

Un día de 1941, cuando los nazis habían tomado París, un oficial alemán entró a la tienda pidiendo un ejemplar de  Finnegan’s Wake, la última obra de James Joyce, a lo que Beach se negó, asegurando que el ejemplar que se encontraba ahí pertenecía a su colección personal. Pocos días después, el oficial regresaría a confiscar sus bienes y cerrar la librería; su dueña pasaría 6 meses en un campo en Vittel. Al terminar la guerra, sería Hemingway quien reabriría personalmente el local de Beach, pero la librería nunca funcionaría otra vez.

La importancia de la librería de Sylvia Beach inspiró al estadounidense George Whitman, quien en 1951 abrió un establecimiento parecido en el centro de la capital francesa, en número 37 de la rue de la Bûcherie. Ubicada en lo que fue un antiguo monasterio, durante sus primeros años esta librería se llamó Le Mistral, hasta que en 1964 Beach permitió a Whitman usar el nombre de su vieja tienda como un homenaje a su historia.

Rápidamente y al igual que su antecesora, la librería de Whitman (que, por cierto, no estaba emparentado con el legendario poeta) se convirtió en un lugar clave para la cultura literaria de París: Allen Ginsberg, William Burroughs, Henry Miller, Lawrence Ferlinghetti, Anaïs Nin, Julio Cortázar, James Baldwin, Bertolt Brecht y el artista Max Ernst son sólo algunos de sus visitantes.

Esta librería, que está abierta hasta el día de hoy, funciona como tienda, espacio de lectura y permite que escritores y viajeros duerman ahí a cambio de tres cosas: leer un libro entero al día, realizar algunas labores para el establecimiento y escribir una autobiografía de una página para sus archivos. “No seas inhospitalario con los extraños, pues podrían ser ángeles disfrazados” es el verso escrito en la entrada de Shakespeare and Co., un lugar que ha hospedado a más de 30,000 personas en sus pequeñas camas plegables, escondidas entre sus estanterías.

George Whitman llamó a su librería “una novela en tres palabras” —y es verdad, se trata de un lugar que se transformó en un libro, uno que además no ha terminado de ser escrito— y se refirió a su trabajo como “una utopía socialista disfrazada de librería”. El profundo sentido de comunidad y el amor por los libros que habita entre sus muros han convertido a Shakespeare and Company en algo más que un espacio físico: se trata de un espacio para quienes han escrito y también para quienes quieren escribir, y un homenaje al profundamente generoso proyecto de Sylvia Beach, que tal vez de forma inadvertida, desde un pequeño local en París, cambió la historia de la literatura.

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*Imágenes: Wikimedia Commons

En el número 12 de la rue de l’Odéon existió, durante casi 20 años, una librería que habría de convertirse en algo más que eso; un espacio que reunió a grandes de la literatura de su época y que cerró sus puertas en 1941, durante la ocupación alemana de París. Años después este lugar volvería a la vida con un nuevo formato, para continuar una historia llena de libros y escritores, una que hoy sigue siendo narrada en el centro de la capital francesa.

La primera librería Shakespeare and Company era usada por James Joyce como oficina durante sus visitas a París, y fue bautizada cariñosamente por él como “Stratford-on-Odéon” (una referencia a Stratford-upon-Avon, el pueblo donde William Shakespeare nació). Entre 1919 y 1941 esta librería especializada en literatura anglosajona (que durante sus primeros 3 años se encontraba en la rue Dupuytren), se convirtió en centro de reunión de algunos de los escritores más importantes de la época (entre ellos, James Joyce, Ezra Pound, T. S. Eliot, F. Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, Gertrude Stein, Ford Madox Ford, André Gide y Paul Valéry).

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Fundado por la estadounidense Sylvia Beach, este singular establecimiento ofrecía a la venta volúmenes de gran calidad que reflejaban el particular gusto literario de su dueña. Pero Shakespeare and Company no fue sólo una librería: ahí también se prestaban los libros (a la manera de una biblioteca) y Beach era conocida por vender obras censuradas, como la polémica novela de D. H. Lawrence Lady Chaterley’s Lover, prohibida en Inglaterra y Estados Unidos.

Shakespeare and Company, que aparece en la novela A Moveable Feast de Ernest Hemingway, también funcionó como una casa editorial. Fue Sylvia Beach quien en 1922 publicó por primera vez Ulysses de su amigo James Joyce (una de las novelas más importantes de su siglo), cuando ningún otro sello se atrevía a hacerlo. Beach también impulsó la publicación del primer libro de Ernest Hemingway, Three Stories and Ten Poems.

Un día de 1941, cuando los nazis habían tomado París, un oficial alemán entró a la tienda pidiendo un ejemplar de  Finnegan’s Wake, la última obra de James Joyce, a lo que Beach se negó, asegurando que el ejemplar que se encontraba ahí pertenecía a su colección personal. Pocos días después, el oficial regresaría a confiscar sus bienes y cerrar la librería; su dueña pasaría 6 meses en un campo en Vittel. Al terminar la guerra, sería Hemingway quien reabriría personalmente el local de Beach, pero la librería nunca funcionaría otra vez.

La importancia de la librería de Sylvia Beach inspiró al estadounidense George Whitman, quien en 1951 abrió un establecimiento parecido en el centro de la capital francesa, en número 37 de la rue de la Bûcherie. Ubicada en lo que fue un antiguo monasterio, durante sus primeros años esta librería se llamó Le Mistral, hasta que en 1964 Beach permitió a Whitman usar el nombre de su vieja tienda como un homenaje a su historia.

Rápidamente y al igual que su antecesora, la librería de Whitman (que, por cierto, no estaba emparentado con el legendario poeta) se convirtió en un lugar clave para la cultura literaria de París: Allen Ginsberg, William Burroughs, Henry Miller, Lawrence Ferlinghetti, Anaïs Nin, Julio Cortázar, James Baldwin, Bertolt Brecht y el artista Max Ernst son sólo algunos de sus visitantes.

Esta librería, que está abierta hasta el día de hoy, funciona como tienda, espacio de lectura y permite que escritores y viajeros duerman ahí a cambio de tres cosas: leer un libro entero al día, realizar algunas labores para el establecimiento y escribir una autobiografía de una página para sus archivos. “No seas inhospitalario con los extraños, pues podrían ser ángeles disfrazados” es el verso escrito en la entrada de Shakespeare and Co., un lugar que ha hospedado a más de 30,000 personas en sus pequeñas camas plegables, escondidas entre sus estanterías.

George Whitman llamó a su librería “una novela en tres palabras” —y es verdad, se trata de un lugar que se transformó en un libro, uno que además no ha terminado de ser escrito— y se refirió a su trabajo como “una utopía socialista disfrazada de librería”. El profundo sentido de comunidad y el amor por los libros que habita entre sus muros han convertido a Shakespeare and Company en algo más que un espacio físico: se trata de un espacio para quienes han escrito y también para quienes quieren escribir, y un homenaje al profundamente generoso proyecto de Sylvia Beach, que tal vez de forma inadvertida, desde un pequeño local en París, cambió la historia de la literatura.

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*Imágenes: Wikimedia Commons