La narrativa que ofrece una ciudad está delineada por toda clase de limitantes –tanto necesarios como reduccionistas— que sirven para controlar el movimiento y la seguridad de la misma. Pero ahí donde se acaban los límites permisivos existe otro mundo. Un mundo que ofrece vistas alternas, subterráneas, aéreas, y que muestra la armadura de las estructuras en el mapa técnico del territorio. Esta otra ciudad se recorre por acueductos, techos, ruinas y andamios. Mas como toda metanarrativa, el llamado a leerla no es para todos.

Forth

Bradley Garrett, fotógrafo y explorador, es uno de los venturosos lectores metatextuales de las ciudades del mundo. Por más de cinco años, como parte de su tesis de doctorado en arqueología para la Universidad de Oxford, Garrett ha recorrido aquellas partes de la ciudad que están blindadas al ciudadano promedio. Durante su carrera se rehusó a jugar el papel de “alguien que tiene una suerte de autoridad sobre el patrimonio de otras personas”, y comenzó a desarrollar un proyecto en arqueología alternativa. Eso lo llevó a hacer su primer viaje con exploradores urbanos, y después de probarlo una vez, decidió hacerlo el enfoque de su trabajo.

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Su libro Explore Everything: Place-Hacking the City [Explora todo: hackeando lugares en la ciudad] es el resultado de todas esas noches en que Garrett esquivó guardias y cámaras de seguridad, escaló bardas y abrió alcantarillas para descubrir la configuración del orden (o el desorden) que los ciudadanos percibimos.

A veces nos colábamos a un rascacielos y al llegar al techo encontrábamos a alguien sentado ahí arriba solo tocando la guitarra. Yo creo que social e individualmente, o incluso existencialmente, la exploración urbana es una práctica muy importante para mucha gente, para que puedan cavar un espacio para sí mismos en su ciudad.

Garrett apunta que después de pasar tanto tiempo explorando, la manera en que ve el mundo ha cambiado por completo. “Ahora cualquier ciudad que visito está marcada de oportunidad: hay un tubo de drenaje que podría escalar, esa barda fácilmente podría ser saltada…” apunta. “También cambia tu noción de lo que es posible. Nos dan una narrativa muy organizada de lo que es posible y de lo que no lo es”.

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Con el avance de la tecnología de vigilancia, este tipo de exploración se vuelve más complicada para Garrett, pero también le añade ciencia y aventura a la práctica. “Perderse en una ciudad, como quien se pierde en un bosque, requiere adiestramiento”, diría Walter Benjamin.

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La narrativa que ofrece una ciudad está delineada por toda clase de limitantes –tanto necesarios como reduccionistas— que sirven para controlar el movimiento y la seguridad de la misma. Pero ahí donde se acaban los límites permisivos existe otro mundo. Un mundo que ofrece vistas alternas, subterráneas, aéreas, y que muestra la armadura de las estructuras en el mapa técnico del territorio. Esta otra ciudad se recorre por acueductos, techos, ruinas y andamios. Mas como toda metanarrativa, el llamado a leerla no es para todos.

Forth

Bradley Garrett, fotógrafo y explorador, es uno de los venturosos lectores metatextuales de las ciudades del mundo. Por más de cinco años, como parte de su tesis de doctorado en arqueología para la Universidad de Oxford, Garrett ha recorrido aquellas partes de la ciudad que están blindadas al ciudadano promedio. Durante su carrera se rehusó a jugar el papel de “alguien que tiene una suerte de autoridad sobre el patrimonio de otras personas”, y comenzó a desarrollar un proyecto en arqueología alternativa. Eso lo llevó a hacer su primer viaje con exploradores urbanos, y después de probarlo una vez, decidió hacerlo el enfoque de su trabajo.

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Su libro Explore Everything: Place-Hacking the City [Explora todo: hackeando lugares en la ciudad] es el resultado de todas esas noches en que Garrett esquivó guardias y cámaras de seguridad, escaló bardas y abrió alcantarillas para descubrir la configuración del orden (o el desorden) que los ciudadanos percibimos.

A veces nos colábamos a un rascacielos y al llegar al techo encontrábamos a alguien sentado ahí arriba solo tocando la guitarra. Yo creo que social e individualmente, o incluso existencialmente, la exploración urbana es una práctica muy importante para mucha gente, para que puedan cavar un espacio para sí mismos en su ciudad.

Garrett apunta que después de pasar tanto tiempo explorando, la manera en que ve el mundo ha cambiado por completo. “Ahora cualquier ciudad que visito está marcada de oportunidad: hay un tubo de drenaje que podría escalar, esa barda fácilmente podría ser saltada…” apunta. “También cambia tu noción de lo que es posible. Nos dan una narrativa muy organizada de lo que es posible y de lo que no lo es”.

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Con el avance de la tecnología de vigilancia, este tipo de exploración se vuelve más complicada para Garrett, pero también le añade ciencia y aventura a la práctica. “Perderse en una ciudad, como quien se pierde en un bosque, requiere adiestramiento”, diría Walter Benjamin.

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