La levedad de los jardines ingleses es una de las más generosas formas de la belleza. La frontera entre lo salvaje y lo planeado, en un genuino “English garden”, está invisiblemente delineada con construcciones de ladrillo y piedra, y con ramas que cruzan aquí y allá derivando en un espacio impecable, indómito, y sobretodo modesto.

El Sissinghurst Garden se aloja en el condado de Kent (apodado “el jardín de Inglaterra”, por su predominio de verde), y cumple una función muy especial bajo su rubro: ofrece intimidad británica –no obstante el carácter público que adquirió al transformarse en un famoso recinto para paseantes–.

Sissinghurst garden IISissinghurst es un sitio antiguo, y su nombre en sajón significa “claro en el bosque”. La construcción principal, un castillo de piedra rodeado de un foso, fue edificado en la Edad Media, y desde entonces ha pasado de ser un campo para prisioneros franceses en la guerra de siete años (donde sufrió el más grande deterioro), a una humilde granja marginada a, finalmente, un famoso jardín cultivado por escritores.

Sus dueños: la poeta y jardinera Vita Sackville-West y su esposo, el diplomático y autor Harold Nicolson, adquirieron las ruinas medievales de Sissinghurst en 1930 para convertirlas en un jardín literario, dividido por capítulos y temas naturales. El diseño del espacio está inspirado en los libros de Gertrude Jekyll, escritora prolífica sobre jardinería y “filósofa ambiental”, que proponía una apariencia “menos formal” del jardín privado: curvas asimétricas, esquinas herbáceas y bordes tupidos. El esquema estándar del jardín inglés como lo conocemos. De los jardines, Jekyll apuntaba: “Un jardín es un gran maestro; enseña paciencia y observación cuidadosa; enseña industria y ahorro; sobretodo enseña entera confianza”.

A partir de esta filosofía de la informalidad y la contemplación, los escritores británicos transformaron las soberanas ruinas de Sissinghurst en un jardín divido en diez espacios separados. Cada uno diseñado con autonomía, todos ellos deleitosamente distintos. Paredes y setos separan los terrenos temáticos, dando al visitante la impresión de estar en aislamiento y tranquilidad.Sissinghurst garden III

Entre los jardines contenidos en Sissinghurst están el Tower Lawn, una planicie de pasto custodiada por una torre altísima; el Moat Walk and Azalea Blank, en donde figuran las Wisterias Floribunda (o alba) y un espejo de agua con flores también blancas. Pero quizá el más famoso de estos sea el jardín de rosas, un espacio diseñado a la vieja usanza, que entre arbustos y familias de flores cubren hasta el último espacio del panorama del paseante. Este espacio sugiere no hay nada más que rosas en el mundo (“to be conscious is not to be in time/ But only in time can the moment in the rose-garden” T.S. Eliot dixit).

To be conscious is not to be in time
But only in time can the moment in the rose-garden,
The moment in the arbour where the rain beat,
The moment in the draughty church at smokefall
Be remembered.

En pocas palabras a Sissinghurst Garden lo permea un halo de antigüedad y de poesía, y todo aquel que lo accede es, durante su estancia ahí, un bardo.

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La levedad de los jardines ingleses es una de las más generosas formas de la belleza. La frontera entre lo salvaje y lo planeado, en un genuino “English garden”, está invisiblemente delineada con construcciones de ladrillo y piedra, y con ramas que cruzan aquí y allá derivando en un espacio impecable, indómito, y sobretodo modesto.

El Sissinghurst Garden se aloja en el condado de Kent (apodado “el jardín de Inglaterra”, por su predominio de verde), y cumple una función muy especial bajo su rubro: ofrece intimidad británica –no obstante el carácter público que adquirió al transformarse en un famoso recinto para paseantes–.

Sissinghurst garden IISissinghurst es un sitio antiguo, y su nombre en sajón significa “claro en el bosque”. La construcción principal, un castillo de piedra rodeado de un foso, fue edificado en la Edad Media, y desde entonces ha pasado de ser un campo para prisioneros franceses en la guerra de siete años (donde sufrió el más grande deterioro), a una humilde granja marginada a, finalmente, un famoso jardín cultivado por escritores.

Sus dueños: la poeta y jardinera Vita Sackville-West y su esposo, el diplomático y autor Harold Nicolson, adquirieron las ruinas medievales de Sissinghurst en 1930 para convertirlas en un jardín literario, dividido por capítulos y temas naturales. El diseño del espacio está inspirado en los libros de Gertrude Jekyll, escritora prolífica sobre jardinería y “filósofa ambiental”, que proponía una apariencia “menos formal” del jardín privado: curvas asimétricas, esquinas herbáceas y bordes tupidos. El esquema estándar del jardín inglés como lo conocemos. De los jardines, Jekyll apuntaba: “Un jardín es un gran maestro; enseña paciencia y observación cuidadosa; enseña industria y ahorro; sobretodo enseña entera confianza”.

A partir de esta filosofía de la informalidad y la contemplación, los escritores británicos transformaron las soberanas ruinas de Sissinghurst en un jardín divido en diez espacios separados. Cada uno diseñado con autonomía, todos ellos deleitosamente distintos. Paredes y setos separan los terrenos temáticos, dando al visitante la impresión de estar en aislamiento y tranquilidad.Sissinghurst garden III

Entre los jardines contenidos en Sissinghurst están el Tower Lawn, una planicie de pasto custodiada por una torre altísima; el Moat Walk and Azalea Blank, en donde figuran las Wisterias Floribunda (o alba) y un espejo de agua con flores también blancas. Pero quizá el más famoso de estos sea el jardín de rosas, un espacio diseñado a la vieja usanza, que entre arbustos y familias de flores cubren hasta el último espacio del panorama del paseante. Este espacio sugiere no hay nada más que rosas en el mundo (“to be conscious is not to be in time/ But only in time can the moment in the rose-garden” T.S. Eliot dixit).

To be conscious is not to be in time
But only in time can the moment in the rose-garden,
The moment in the arbour where the rain beat,
The moment in the draughty church at smokefall
Be remembered.

En pocas palabras a Sissinghurst Garden lo permea un halo de antigüedad y de poesía, y todo aquel que lo accede es, durante su estancia ahí, un bardo.

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