La belleza y metáfora del astrolabio nos recuerda que conocer el universo que habitamos es conocernos a nosotros mismos, que se trata de una búsqueda doble. Uno de los personajes más singulares que han participado en esta exploración (una que apenas comienza) fue Tycho Brahe (1546-1601), el astrónomo danés que fue capaz de hacer exactas mediciones del universo años antes de que Galileo Galilei inventara el telescopio. En la isla sueca de Ven, este hombre habría de crear una de las primeras instituciones científicas de Europa que utilizaba el modelo de investigación empírica: un observatorio subterráneo llamado Stjärneborg y un precioso jardín botánico al más puro estilo renacentista (que pretendía ser una réplica del Jardín del Edén).

tycho_observatory 
El 21 de agosto de 1560, un eclipse solar habría de cambiar la vida Tycho Brahe (entonces estudiante de filosofía y retórica en la Universidad de Copenhague); este suceso lo llevaría a interesarse profundamente en el cielo y los cuerpos que lo pueblan. El joven, proveniente de una de familia muy adinerada, continuó sus estudios en ciencias, arte y leyes en Rostock, Leipzig y Basel, pero nunca dejó de leer (sin permiso) libros sobre astronomía. Los conocimientos que adquirió en esta época le permitieron notar que las mediciones de los cielos que existían hasta ese momento eran poco exactas, y así comenzó a desarrollar nuevos métodos e instrumentos para estudiar el universo.

Tycho también habría de hacer estudios sobre alquimia (una posible razón por la que sus restos contienen una cantidad sobrenatural de oro) y años después, en 1570, otro portento celestial habría de mostrarle el camino a seguir: la aparición de una brillante estrella que antes no estaba ahí. La noticia de la existencia del astro en la constelación Casiopea se extendió rápidamente porque, entonces, la bóveda celestial era considerada un espacio divino en el que no podían ocurrir cambios. El astrónomo observó la estrella regularmente hasta que, un año después, ésta se esfumó como si se tratara de un fantasma. Los reportes de este astro, su aparición y desaparición, fueron narrados en su libro La nueva estrella, que lo hizo famoso por toda Europa.

A partir de ese momento, la fama de Tycho Brahe lo haría viajar por Europa haciendo diferentes investigaciones, hasta que en algún momento el rey danés lo persuadió de volver a Dinamarca y le otorgó algunos territorios que incluían la isla de Ven, que convertiría en su observatorio privado y donde llevaría a cabo un ambicioso programa de investigación comisionado por la Corona.

tycho_portrait 
Sin embargo, con el tiempo Brahe tuvo diferencias de opinión con el rey, lo que provocaría que dejara Dinamarca para ir a Praga; ahí fue nombrado Matemático Real en la corte del emperador Rodolfo II (que le dio como residencia el Castillo de Benatky). El científico llevó con él su imprenta y todos sus instrumentos de medición para continuar con sus estudios y mediciones en su nuevo hogar asistido por nada menos que un joven Johannes Kepler —éste, tras su muerte, compiló los últimos estudios del astrónomo y delineó las conclusiones que llevaron nuestro conocimiento del Sistema Solar a otro nivel; un ejemplo son las perfectas mediciones que hizo Brahe de la órbita de Marte, y la posición de más de 777 estrellas.

Brahe vivió una vida pintoresca que le ganó con justicia el calificativo de excéntrico, empezando por su impresionante riqueza (se dice que era dueño del 1% de Dinamarca). Él se casó con la hija de un campesino, escandalizando a su familia y allegados, y su mascota era un alce. Se hacía acompañar de un hombre que tenía enanismo al que llamó Jepp, porque el científico aseguraba que su amigo era clarividente. Finalmente, Tycho Brahe usó una prótesis en forma de nariz la mayor parte de su vida, pues había perdido la propia en un duelo durante sus años de estudiante en Rostock.

Aún hoy, la figura de Tycho Brahe resulta particularmente inspiradora por una simple razón: su gran pasión por el universo, una que lo llamó con fuerza desde que era muy joven y, afortunadamente, decidió escucharlo.

 

tycho_signature

 

 

 

 

Imágenes: 1)Wikimedia Commons 2)Wikimedia Commons 3)Wikimedia Commons 4)Wikimedia Commons

 

 

 

 

 

 

 

La belleza y metáfora del astrolabio nos recuerda que conocer el universo que habitamos es conocernos a nosotros mismos, que se trata de una búsqueda doble. Uno de los personajes más singulares que han participado en esta exploración (una que apenas comienza) fue Tycho Brahe (1546-1601), el astrónomo danés que fue capaz de hacer exactas mediciones del universo años antes de que Galileo Galilei inventara el telescopio. En la isla sueca de Ven, este hombre habría de crear una de las primeras instituciones científicas de Europa que utilizaba el modelo de investigación empírica: un observatorio subterráneo llamado Stjärneborg y un precioso jardín botánico al más puro estilo renacentista (que pretendía ser una réplica del Jardín del Edén).

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El 21 de agosto de 1560, un eclipse solar habría de cambiar la vida Tycho Brahe (entonces estudiante de filosofía y retórica en la Universidad de Copenhague); este suceso lo llevaría a interesarse profundamente en el cielo y los cuerpos que lo pueblan. El joven, proveniente de una de familia muy adinerada, continuó sus estudios en ciencias, arte y leyes en Rostock, Leipzig y Basel, pero nunca dejó de leer (sin permiso) libros sobre astronomía. Los conocimientos que adquirió en esta época le permitieron notar que las mediciones de los cielos que existían hasta ese momento eran poco exactas, y así comenzó a desarrollar nuevos métodos e instrumentos para estudiar el universo.

Tycho también habría de hacer estudios sobre alquimia (una posible razón por la que sus restos contienen una cantidad sobrenatural de oro) y años después, en 1570, otro portento celestial habría de mostrarle el camino a seguir: la aparición de una brillante estrella que antes no estaba ahí. La noticia de la existencia del astro en la constelación Casiopea se extendió rápidamente porque, entonces, la bóveda celestial era considerada un espacio divino en el que no podían ocurrir cambios. El astrónomo observó la estrella regularmente hasta que, un año después, ésta se esfumó como si se tratara de un fantasma. Los reportes de este astro, su aparición y desaparición, fueron narrados en su libro La nueva estrella, que lo hizo famoso por toda Europa.

A partir de ese momento, la fama de Tycho Brahe lo haría viajar por Europa haciendo diferentes investigaciones, hasta que en algún momento el rey danés lo persuadió de volver a Dinamarca y le otorgó algunos territorios que incluían la isla de Ven, que convertiría en su observatorio privado y donde llevaría a cabo un ambicioso programa de investigación comisionado por la Corona.

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Sin embargo, con el tiempo Brahe tuvo diferencias de opinión con el rey, lo que provocaría que dejara Dinamarca para ir a Praga; ahí fue nombrado Matemático Real en la corte del emperador Rodolfo II (que le dio como residencia el Castillo de Benatky). El científico llevó con él su imprenta y todos sus instrumentos de medición para continuar con sus estudios y mediciones en su nuevo hogar asistido por nada menos que un joven Johannes Kepler —éste, tras su muerte, compiló los últimos estudios del astrónomo y delineó las conclusiones que llevaron nuestro conocimiento del Sistema Solar a otro nivel; un ejemplo son las perfectas mediciones que hizo Brahe de la órbita de Marte, y la posición de más de 777 estrellas.

Brahe vivió una vida pintoresca que le ganó con justicia el calificativo de excéntrico, empezando por su impresionante riqueza (se dice que era dueño del 1% de Dinamarca). Él se casó con la hija de un campesino, escandalizando a su familia y allegados, y su mascota era un alce. Se hacía acompañar de un hombre que tenía enanismo al que llamó Jepp, porque el científico aseguraba que su amigo era clarividente. Finalmente, Tycho Brahe usó una prótesis en forma de nariz la mayor parte de su vida, pues había perdido la propia en un duelo durante sus años de estudiante en Rostock.

Aún hoy, la figura de Tycho Brahe resulta particularmente inspiradora por una simple razón: su gran pasión por el universo, una que lo llamó con fuerza desde que era muy joven y, afortunadamente, decidió escucharlo.

 

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Imágenes: 1)Wikimedia Commons 2)Wikimedia Commons 3)Wikimedia Commons 4)Wikimedia Commons