Be clearly aware of the stars and infinity on high. Then life seems almost enchanted after all. – Vincent van Gogh

Si es verdad que estamos hechos de estrellas, los artefactos que el hombre ha creado para medirlas y acercarse a ellas son no solamente imprescindibles, sino también una parte esencial de la gran narración de nuestra propia existencia. Así, el astrolabio (que fue una de las primeras computadoras) y los usos que se le han dado durante siglos tienen fuertes implicaciones simbólicas, además de ser una de las principales metáforas visuales, frecuentemente circulares, del ser y el infinito.

La palabra astrolabio deriva del griego astrolabos —que podría traducirse como “buscador de estrellas”— y denomina a ese bello y elaborado objeto que fue utilizado por siglos para estudiar las estrellas y navegar tanto el mar como la tierra. Los primeros registros de lo que puede considerarse un antecedente del astrolabio datan del mundo helénico del siglo II a. C., y algunos posteriores de la época en la que vivió el gran astrónomo Claudio Ptolomeo (circa 100-170 d. C.). Este instrumento, que fue perfeccionándose con el tiempo, fue usado más adelante por navegantes medievales y renacentistas, además de haber sido adoptado por los pueblos islámicos, creadores de los más bellos ejemplos de esta máquina. Estos últimos dotaron de una función religiosa al astrolabio, pues era gracias a él que podían determinar en qué dirección se encontraba La Meca, y así realizar sus cinco rezos diarios dirigiéndose hacia la ciudad sagrada.

remigius-adrianus-haanen-astrolabe
Al ser un círculo, el astrolabio está relacionado en un nivel simbólico y esencial con la rueda perfecta, que abarca lo eterno y lo infinito. Desde las más tempranas representaciones del universo hasta las muchas maneras que el hombre ha encontrado de representar el tiempo, la poderosa redondez de esta geometría funge como mapa y metáfora visual para explicar gráficamente toda clase de información (científica, teológica y filosófica, entre muchas otras); en el caso particular de los astrolabios, su función cartográfica es primordial y deriva en una infinidad de implicaciones de naturaleza metafísica.

Así, otro de los usos que tuvo el astrolabio fue como herramienta astrológica, especialmente durante el Medievo, una época en la que no existía una división clara entre astronomía y astrología. Entonces, estos curiosos dispositivos eran utilizados para tomar decisiones de toda clase como, por ejemplo, ir o no a la guerra. Bajo esta luz, el astrolabio toma una dimensión fascinante pues se convierte en una guía no solamente geográfica o marítima sino espiritual, como si el mapa implícito en este artefacto fuera capaz de guiarnos en el universo fuera de nosotros y también en el que llevamos dentro.

El bellísimo astrolabio —mapa del laberinto, reloj-brújula, espejo del cielo y de nosotros mismos— es también un objeto mágico que durante siglos permitió descifrar el mundo, y en consecuencia, descifrarnos a nosotros mismos y los universos que discretamente nos habitan.

iranian_astrolabe

*Imágenes: 1, 3) Wikimedia Commons; 2) A night landscape with a sailboat where a fire is being lit by Remigius Adrianus van Haanen, 1860 / Wikimedia Commons

 

 

Be clearly aware of the stars and infinity on high. Then life seems almost enchanted after all. – Vincent van Gogh

Si es verdad que estamos hechos de estrellas, los artefactos que el hombre ha creado para medirlas y acercarse a ellas son no solamente imprescindibles, sino también una parte esencial de la gran narración de nuestra propia existencia. Así, el astrolabio (que fue una de las primeras computadoras) y los usos que se le han dado durante siglos tienen fuertes implicaciones simbólicas, además de ser una de las principales metáforas visuales, frecuentemente circulares, del ser y el infinito.

La palabra astrolabio deriva del griego astrolabos —que podría traducirse como “buscador de estrellas”— y denomina a ese bello y elaborado objeto que fue utilizado por siglos para estudiar las estrellas y navegar tanto el mar como la tierra. Los primeros registros de lo que puede considerarse un antecedente del astrolabio datan del mundo helénico del siglo II a. C., y algunos posteriores de la época en la que vivió el gran astrónomo Claudio Ptolomeo (circa 100-170 d. C.). Este instrumento, que fue perfeccionándose con el tiempo, fue usado más adelante por navegantes medievales y renacentistas, además de haber sido adoptado por los pueblos islámicos, creadores de los más bellos ejemplos de esta máquina. Estos últimos dotaron de una función religiosa al astrolabio, pues era gracias a él que podían determinar en qué dirección se encontraba La Meca, y así realizar sus cinco rezos diarios dirigiéndose hacia la ciudad sagrada.

remigius-adrianus-haanen-astrolabe
Al ser un círculo, el astrolabio está relacionado en un nivel simbólico y esencial con la rueda perfecta, que abarca lo eterno y lo infinito. Desde las más tempranas representaciones del universo hasta las muchas maneras que el hombre ha encontrado de representar el tiempo, la poderosa redondez de esta geometría funge como mapa y metáfora visual para explicar gráficamente toda clase de información (científica, teológica y filosófica, entre muchas otras); en el caso particular de los astrolabios, su función cartográfica es primordial y deriva en una infinidad de implicaciones de naturaleza metafísica.

Así, otro de los usos que tuvo el astrolabio fue como herramienta astrológica, especialmente durante el Medievo, una época en la que no existía una división clara entre astronomía y astrología. Entonces, estos curiosos dispositivos eran utilizados para tomar decisiones de toda clase como, por ejemplo, ir o no a la guerra. Bajo esta luz, el astrolabio toma una dimensión fascinante pues se convierte en una guía no solamente geográfica o marítima sino espiritual, como si el mapa implícito en este artefacto fuera capaz de guiarnos en el universo fuera de nosotros y también en el que llevamos dentro.

El bellísimo astrolabio —mapa del laberinto, reloj-brújula, espejo del cielo y de nosotros mismos— es también un objeto mágico que durante siglos permitió descifrar el mundo, y en consecuencia, descifrarnos a nosotros mismos y los universos que discretamente nos habitan.

iranian_astrolabe

*Imágenes: 1, 3) Wikimedia Commons; 2) A night landscape with a sailboat where a fire is being lit by Remigius Adrianus van Haanen, 1860 / Wikimedia Commons