El cerebro es quizá uno de los sistemas más complejos a los que el hombre se ha enfrentado, comparado solamente con el universo que habitamos. Cientos de billones de neuronas forman intrincadas redes que nos llenan de perplejidad por su hermoso misterio y nos recuerdan los complicados sistemas que integran el universo, sus billones de estrellas y galaxias.

Esta espectacular similitud llevó a Franco Vazza y Alberto Feletti, un astrofísico y un neurólogo, a comparar ambos sistemas y los resultados de su estudio fueron fascinantes, pues hicieron evidente que no sólo existe una similitud impresionante entre ambos en términos cuantitativos, sino que sus estructuras y organización son mucho más parecidas de lo que alguna vez concebimos.

Esta espectacular tarea implicó obstáculos notables, empezando por la dificultad de comparar la información que puede arrojar un telescopio y la que puede facilitarnos un microscopio, además del más obvio problema: ¿cómo contrastar escalas tan inmensamente distintas? (decenas de billones de años luz, ante las mínimas medidas de una neurona cerebral). El estudio de Vazza y Feletti equipara, finalmente, cifras de un espacio donde coexisten billones de galaxias, de entre las que una sola es hogar de billones de cerebros conformados, a su vez, por billones de neuronas. Sin embargo, esta información nos permite asimilar una verdad extraordinaria: el número de neuronas en nuestro cerebro y la cantidad de galaxias en el universo sí son comparables numéricamente, además de que su organización es igualmente compleja.

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Bajo una mirada no científica, ante el ojo humano, la estructura de una red cósmica se ve impresionantemente similar a una microfotografía del cerebro. ¿Es este parecido un resultado de nuestra tendencia a encontrar patrones significativos en la información que percibimos? La respuesta es no: los análisis estadísticos comprueban que estos sistemas sí presentan similitudes cuantitativas, además de las más puramente aparentes.

Una de las maneras más efectivas de comparar la complejidad de los sistemas cósmicos y cerebrales, de acuerdo a los dos investigadores, es estudiar qué tan predecibles son sus comportamientos. Esto puede ser equiparado contando el número de bytes de información necesarios para diseñar el más simple programa de computadora capaz de hacer dichas predicciones en ambos casos. Los resultados coinciden de una manera impresionante.

Para explicarlo de una manera relativamente sencilla, las cifras que arrojó este experimento implican que la cantidad de información que puede ser almacenada por un cerebro humano (es decir, las memorias de toda la vida de una persona) puede ser codificada de la misma forma que la distribución de las galaxias en el universo.

A reserva de las limitaciones que aún existen para hacer mediciones precisas del universo (al menos lo que conocemos de él) y también del cerebro humano, la metáfora que refleja este complicado estudio implica una similitud que sería obvia de no ser por su profunda belleza, una que nos habla de nuestras galaxias interiores y nos hace intuir una sabiduría y una conexión entre todos los reinos que existen en el universo, los más inmensos y los más pequeños.

 

*Imágenes: UCI Research – flickr / Creative Commons; 2) Nebulosa Cabeza de caballo / Wikimedia Commons

El cerebro es quizá uno de los sistemas más complejos a los que el hombre se ha enfrentado, comparado solamente con el universo que habitamos. Cientos de billones de neuronas forman intrincadas redes que nos llenan de perplejidad por su hermoso misterio y nos recuerdan los complicados sistemas que integran el universo, sus billones de estrellas y galaxias.

Esta espectacular similitud llevó a Franco Vazza y Alberto Feletti, un astrofísico y un neurólogo, a comparar ambos sistemas y los resultados de su estudio fueron fascinantes, pues hicieron evidente que no sólo existe una similitud impresionante entre ambos en términos cuantitativos, sino que sus estructuras y organización son mucho más parecidas de lo que alguna vez concebimos.

Esta espectacular tarea implicó obstáculos notables, empezando por la dificultad de comparar la información que puede arrojar un telescopio y la que puede facilitarnos un microscopio, además del más obvio problema: ¿cómo contrastar escalas tan inmensamente distintas? (decenas de billones de años luz, ante las mínimas medidas de una neurona cerebral). El estudio de Vazza y Feletti equipara, finalmente, cifras de un espacio donde coexisten billones de galaxias, de entre las que una sola es hogar de billones de cerebros conformados, a su vez, por billones de neuronas. Sin embargo, esta información nos permite asimilar una verdad extraordinaria: el número de neuronas en nuestro cerebro y la cantidad de galaxias en el universo sí son comparables numéricamente, además de que su organización es igualmente compleja.

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Bajo una mirada no científica, ante el ojo humano, la estructura de una red cósmica se ve impresionantemente similar a una microfotografía del cerebro. ¿Es este parecido un resultado de nuestra tendencia a encontrar patrones significativos en la información que percibimos? La respuesta es no: los análisis estadísticos comprueban que estos sistemas sí presentan similitudes cuantitativas, además de las más puramente aparentes.

Una de las maneras más efectivas de comparar la complejidad de los sistemas cósmicos y cerebrales, de acuerdo a los dos investigadores, es estudiar qué tan predecibles son sus comportamientos. Esto puede ser equiparado contando el número de bytes de información necesarios para diseñar el más simple programa de computadora capaz de hacer dichas predicciones en ambos casos. Los resultados coinciden de una manera impresionante.

Para explicarlo de una manera relativamente sencilla, las cifras que arrojó este experimento implican que la cantidad de información que puede ser almacenada por un cerebro humano (es decir, las memorias de toda la vida de una persona) puede ser codificada de la misma forma que la distribución de las galaxias en el universo.

A reserva de las limitaciones que aún existen para hacer mediciones precisas del universo (al menos lo que conocemos de él) y también del cerebro humano, la metáfora que refleja este complicado estudio implica una similitud que sería obvia de no ser por su profunda belleza, una que nos habla de nuestras galaxias interiores y nos hace intuir una sabiduría y una conexión entre todos los reinos que existen en el universo, los más inmensos y los más pequeños.

 

*Imágenes: UCI Research – flickr / Creative Commons; 2) Nebulosa Cabeza de caballo / Wikimedia Commons