Dentro del arte de la seducción, no existe nada más provocativo que el secreto. En la Inglaterra victoriana sabían esto y existió entonces la costumbre de intercambiar discretamente tarjetas con mensajes privados entre quienes se atraían, una práctica que hoy podría parecer ciertamente ingenua, pero que en su época implicaba un intrincado sistema de códigos de comunicación que obedecían a las reglas del decoro que entonces imperaban —en una era sexualmente reprimida en la que abundaban extraños y cómicos mitos sobre la sexualidad. Hoy este lenguaje secreto tiene sus equivalentes modernos, pero su parafernalia e historia resultan definitivamente encantadoras.

En la Inglaterra de la segunda mitad del siglo XIX, conocida también como Era Victoriana, las mujeres solteras respetables no podían salir sin un chaperón o acompañante que supervisara su comportamiento. Por esta razón, un acercamiento discreto era difícil y los caballeros tenían que echar mano de “trucos” para hacerlo; uno de los más comunes fueron las pequeñas tarjetas entonces conocidas como flirtations (“coqueteos”); eran impresas y a menudo estaban decoradas con cuidado. Existían muchos tipos, pero éstas generalmente hacían peticiones específicas como, por ejemplo, hacer una visita a la casa de la dama o escoltarla hasta su hogar. 

Existieron, también, tarjetas con el nombre y retrato del remitente, conocidas como calling cards (algo como “tarjetas de llamado”); éstas introducían a la persona ante la dama solicitada, anunciaban una visita próxima, invitaban a alguien a hacer una visita o avisaban de una visita hecha a alguien que no se encontraba en ese momento. También se usaron para expresar condolencias por una muerte o hacer una felicitación.

tarjetas1 
Quizá las más encantadoras eran aquellas que, no sin un dejo de humor, incluían pequeños manuales (resumidos en una tarjeta pequeña) con códigos para intercambiar mensajes en lugares públicos a través de movimientos corporales, medios de comunicación secretos con la persona con la que se coqueteaba. 

Muchas veces, estos encantadores lenguajes de señas hacían uso de objetos como libros, paraguas, lápices, sombreros, pañuelos, e incluso con los ojos: el libro sobre el regazo decía “puedes hablarme”, el libro apoyado en la mejilla izquierda quería decir “estamos siendo observados”, y dejar caer el libro invitaba a una conversación, por nombrar sólo algunos ejemplos. En la actualidad, los expertos no saben qué tan prácticos eran estos lenguajes de señas, o si sus códigos realmente se usaban. Algunos sostienen que estas tarjetas eran sólo una herramienta para empezar una conversación o simplemente romper el hielo.

tarjetas2 
En Estados Unidos, especialmente durante la segunda mitad del siglo XIX, se usaron las escort o acquaintance cards, que incluían un piropo y que normalmente se eran dejadas discretamente dentro del bolso de mano de la dama. Con un costo de diez por un dólar de entonces, éstas llevaron el lenguaje aún más lejos, pero sirvieron para exactamente los mismo que sus antecesoras inglesas.

Los códigos de estas tarjetas (singulares mensajes amorosos en un pequeñísimo pedazo de papel) fueron expresiones de una sentimentalidad específica y nos hablan de lo que entonces implicaban los códigos sociales alrededor del coqueteo; pero más aún, nos recuerdan el poder del secreto en la antigua práctica de la seducción. Hoy en día, las redes sociales han tomado este papel en nuestras vidas pero, sin duda, las tarjetas victorianas resultan mucho más encantadoras, no sólo por el trabajo manual que implicaban, sino por todos los esfuerzos que conllevaba su uso.

 

 

 

Imágenes: 1) Public Domain 2) Public Domain 3) Public Domain

 

Dentro del arte de la seducción, no existe nada más provocativo que el secreto. En la Inglaterra victoriana sabían esto y existió entonces la costumbre de intercambiar discretamente tarjetas con mensajes privados entre quienes se atraían, una práctica que hoy podría parecer ciertamente ingenua, pero que en su época implicaba un intrincado sistema de códigos de comunicación que obedecían a las reglas del decoro que entonces imperaban —en una era sexualmente reprimida en la que abundaban extraños y cómicos mitos sobre la sexualidad. Hoy este lenguaje secreto tiene sus equivalentes modernos, pero su parafernalia e historia resultan definitivamente encantadoras.

En la Inglaterra de la segunda mitad del siglo XIX, conocida también como Era Victoriana, las mujeres solteras respetables no podían salir sin un chaperón o acompañante que supervisara su comportamiento. Por esta razón, un acercamiento discreto era difícil y los caballeros tenían que echar mano de “trucos” para hacerlo; uno de los más comunes fueron las pequeñas tarjetas entonces conocidas como flirtations (“coqueteos”); eran impresas y a menudo estaban decoradas con cuidado. Existían muchos tipos, pero éstas generalmente hacían peticiones específicas como, por ejemplo, hacer una visita a la casa de la dama o escoltarla hasta su hogar. 

Existieron, también, tarjetas con el nombre y retrato del remitente, conocidas como calling cards (algo como “tarjetas de llamado”); éstas introducían a la persona ante la dama solicitada, anunciaban una visita próxima, invitaban a alguien a hacer una visita o avisaban de una visita hecha a alguien que no se encontraba en ese momento. También se usaron para expresar condolencias por una muerte o hacer una felicitación.

tarjetas1 
Quizá las más encantadoras eran aquellas que, no sin un dejo de humor, incluían pequeños manuales (resumidos en una tarjeta pequeña) con códigos para intercambiar mensajes en lugares públicos a través de movimientos corporales, medios de comunicación secretos con la persona con la que se coqueteaba. 

Muchas veces, estos encantadores lenguajes de señas hacían uso de objetos como libros, paraguas, lápices, sombreros, pañuelos, e incluso con los ojos: el libro sobre el regazo decía “puedes hablarme”, el libro apoyado en la mejilla izquierda quería decir “estamos siendo observados”, y dejar caer el libro invitaba a una conversación, por nombrar sólo algunos ejemplos. En la actualidad, los expertos no saben qué tan prácticos eran estos lenguajes de señas, o si sus códigos realmente se usaban. Algunos sostienen que estas tarjetas eran sólo una herramienta para empezar una conversación o simplemente romper el hielo.

tarjetas2 
En Estados Unidos, especialmente durante la segunda mitad del siglo XIX, se usaron las escort o acquaintance cards, que incluían un piropo y que normalmente se eran dejadas discretamente dentro del bolso de mano de la dama. Con un costo de diez por un dólar de entonces, éstas llevaron el lenguaje aún más lejos, pero sirvieron para exactamente los mismo que sus antecesoras inglesas.

Los códigos de estas tarjetas (singulares mensajes amorosos en un pequeñísimo pedazo de papel) fueron expresiones de una sentimentalidad específica y nos hablan de lo que entonces implicaban los códigos sociales alrededor del coqueteo; pero más aún, nos recuerdan el poder del secreto en la antigua práctica de la seducción. Hoy en día, las redes sociales han tomado este papel en nuestras vidas pero, sin duda, las tarjetas victorianas resultan mucho más encantadoras, no sólo por el trabajo manual que implicaban, sino por todos los esfuerzos que conllevaba su uso.

 

 

 

Imágenes: 1) Public Domain 2) Public Domain 3) Public Domain