Desde cualquier punto de vista, la conciencia es un fenómeno admirable. Evolutivamente no es exclusiva del ser humano, aunque sólo en nuestra especie se desarrolló con un nivel de complejidad único. En nuestro caso somos conscientes de muchas cosas y de múltiples maneras: conscientes de nuestra existencia, de nuestro lugar en el mundo e incluso en el universo, de nuestra relación con otros y más.

Respecto de este hecho extraordinario, el poeta estadounidense Mark Strand habló en una ocasión con el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, quien a mediados de los años 90 entrevistó a 91 personas dedicadas a actividades intelectuales para indagar sobre la experiencia creativa. Para Strand, la creatividad es una forma de la consciencia, y no solamente humana, sino del universo mismo, una especie de canal de reconocimiento mutuo entre la existencia humana y la existencia cósmica. Dice el poeta:

Estamos aquí sólo por un breve momento. Y pienso que es un accidente tan afortunado, haber nacido, que estamos casi obligados a poner atención. En cierto sentido, esto es ir muy lejos. Es decir, somos, hasta donde sabemos, la única parte del universo consciente de sí. Podríamos incluso ser la forma consciente del universo. Tal vez hayamos llegado para que el universo pudiera verse a sí mismo. No sé eso, pero estamos hechos de la misma materia de la que están hechas las estrellas, o de lo que flota en el espacio. Pero nuestra combinación es tal, que podemos describir qué es estar vivos, ser testigos. Mucha de nuestra experiencia es esa de ser testigos. Vemos y escuchamos y olemos otras cosas. Pienso que estar vivo es responder.

El argumento de Strand podría parecer apabullante pero, bien considerado, es notablemente inspirador. Se trata un poco de una especulación ontológica que nos invita no sólo a asumir nuestro lugar en el mundo, sino sobre todo a defender dignamente dicho “accidente afortunado”. ¿De qué manera? Haciendo lo que de verdad queremos:

[Cuando] estás en el trabajo adecuado pierdes el sentido del tiempo, estás completamente cautivado, completamente atrapado en lo que haces, y en cierta manera te dejas llevar por las posibilidades que ves en tu obra. Si esta se vuelve muy poderosa, entonces te levanta, porque la emoción es muy grande. No puedes seguir trabajando o seguir viendo el fin de tu trabajo porque estás saltando más allá de ti mismo todo el tiempo. La idea es estar tan… tan saturado de ello que no hay futuro ni pasado, es sólo un presente extendido en el que estás, eh, haciendo sentido. Y desmantelándolo y rehaciéndolo. Sin la cuenta indebida por las palabras que usas. Es sentido llevado a un orden elevado. No es sólo la comunicación elemental, cotidiana: es la comunicación total. Cuando estás trabajando en algo y estás trabajando bien, tienes la sensación de que no hay otra manera de decir lo que estás diciendo.

En breve, Strand propone que somos el medio a través del cual el universo se expresa. Quizá, al darnos cuenta de ello, naturalmente actuaremos acorde a dicha responsabilidad.

Desde cualquier punto de vista, la conciencia es un fenómeno admirable. Evolutivamente no es exclusiva del ser humano, aunque sólo en nuestra especie se desarrolló con un nivel de complejidad único. En nuestro caso somos conscientes de muchas cosas y de múltiples maneras: conscientes de nuestra existencia, de nuestro lugar en el mundo e incluso en el universo, de nuestra relación con otros y más.

Respecto de este hecho extraordinario, el poeta estadounidense Mark Strand habló en una ocasión con el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, quien a mediados de los años 90 entrevistó a 91 personas dedicadas a actividades intelectuales para indagar sobre la experiencia creativa. Para Strand, la creatividad es una forma de la consciencia, y no solamente humana, sino del universo mismo, una especie de canal de reconocimiento mutuo entre la existencia humana y la existencia cósmica. Dice el poeta:

Estamos aquí sólo por un breve momento. Y pienso que es un accidente tan afortunado, haber nacido, que estamos casi obligados a poner atención. En cierto sentido, esto es ir muy lejos. Es decir, somos, hasta donde sabemos, la única parte del universo consciente de sí. Podríamos incluso ser la forma consciente del universo. Tal vez hayamos llegado para que el universo pudiera verse a sí mismo. No sé eso, pero estamos hechos de la misma materia de la que están hechas las estrellas, o de lo que flota en el espacio. Pero nuestra combinación es tal, que podemos describir qué es estar vivos, ser testigos. Mucha de nuestra experiencia es esa de ser testigos. Vemos y escuchamos y olemos otras cosas. Pienso que estar vivo es responder.

El argumento de Strand podría parecer apabullante pero, bien considerado, es notablemente inspirador. Se trata un poco de una especulación ontológica que nos invita no sólo a asumir nuestro lugar en el mundo, sino sobre todo a defender dignamente dicho “accidente afortunado”. ¿De qué manera? Haciendo lo que de verdad queremos:

[Cuando] estás en el trabajo adecuado pierdes el sentido del tiempo, estás completamente cautivado, completamente atrapado en lo que haces, y en cierta manera te dejas llevar por las posibilidades que ves en tu obra. Si esta se vuelve muy poderosa, entonces te levanta, porque la emoción es muy grande. No puedes seguir trabajando o seguir viendo el fin de tu trabajo porque estás saltando más allá de ti mismo todo el tiempo. La idea es estar tan… tan saturado de ello que no hay futuro ni pasado, es sólo un presente extendido en el que estás, eh, haciendo sentido. Y desmantelándolo y rehaciéndolo. Sin la cuenta indebida por las palabras que usas. Es sentido llevado a un orden elevado. No es sólo la comunicación elemental, cotidiana: es la comunicación total. Cuando estás trabajando en algo y estás trabajando bien, tienes la sensación de que no hay otra manera de decir lo que estás diciendo.

En breve, Strand propone que somos el medio a través del cual el universo se expresa. Quizá, al darnos cuenta de ello, naturalmente actuaremos acorde a dicha responsabilidad.

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