En enero de 2015, Björk lanzó el disco Vulnicura, que describió, sin más, como el registro de un corazón destrozado. Su separación del cineasta Matthew Barney es un asunto privado de la persona Björk, pero en tanto músico, sus emociones fueron la materia prima disponible.

En entrevista con el podcast de SongExploder, Björk ha detallado la delicada composición del primer track del disco, “Stonemilker”. Ya desde la palabra es llamativo: se trata de algo así como “ordeñar una piedra”, como tratar de encontrar una respuesta, o hacer una pregunta a algo o alguien que no tiene oídos ni manera de respondernos.

La cantante comenzó a imaginar algunos versos de la letra mientras caminaba en la playa. No una letra complicada, ni siquiera poética, sino declarativa, un hablar sobre la súbita claridad que se encuentra cuando estamos en el ojo del huracán. Para proyectar esa sensación, Björk utilizó micrófonos y ecos que modulan la claridad de la voz y van ilustrando conceptualmente el desarrollo de la pregunta. Aquí comienza el sutil juego de construir una textura para un sentimiento.

Alejandro Arca hizo después las percusiones, que en palabras de Björk debían resultar un apoyo (“supportive”) más que marcar un beat; ese apoyo (“support”) es equivalente a un abrazo, en el sentido de aportar confort emocional, en acompañar la soledad de esa voz.

Para la segunda versión de Vulnicura, Björk sustituyó los sintetizadores de Arca con ensambles de cuerdas, llegando a utilizar hasta 30 músicos en tracks como “Stonemilker”, e incluso multiplicándolos digitalmente para lograr una espesa, “cremosa” dice ella, capa de melodías.

Al fondo de “Stonemilker”, los violines, las violas, los cellos trazan mareas melódicas sin ceñirse a un mismo tema; se trata de variaciones que no llegan a ser “solos” de instrumento, y que no interfieren con la articulación de la voz, sino que refuerzan ese acompañamiento del que hablamos hace un momento. Para Björk, el trabajo de edición de cuerdas tuvo un carácter arquitectónico, la construcción de “una torre o monumento al equilibrio”, un lugar desde donde se puede sentir una magnificencia, o en contraste, la propia pequeñez frente a tal construcción.

El sentido arquitectónico del tiempo se logra entrelazando todas esas melodías de cuerdas, esas variaciones dentro de la escala formando círculos, espirales, repeticiones que dan seguridad, pero no en el sentido en que, por ejemplo, una pistola cargada da seguridad, sino “como leer un libro en casa, o quedarse fuera tendidos en el jardín mirando al cielo.” Al final se trata de probar una idea a través de sonidos. ¿Cuál? Que “estar abiertos emocionalmente es una elección”, incluso si la otra persona elige no abrirse. Y frente a esa piedra que no responde a preguntas, que nada comparte y que vive en un mundo ajeno, se trata el principio del fin del amor, de cuando el ser deja de ser compartido y queda dividido, mellado incluso, pero no para siempre: tal vez no todos podamos hacer un monumento sonoro a partir de los sentimientos de un quiebre amoroso, pero podemos elegir esa apertura emocional a la que nos invita la música y el arte.

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En enero de 2015, Björk lanzó el disco Vulnicura, que describió, sin más, como el registro de un corazón destrozado. Su separación del cineasta Matthew Barney es un asunto privado de la persona Björk, pero en tanto músico, sus emociones fueron la materia prima disponible.

En entrevista con el podcast de SongExploder, Björk ha detallado la delicada composición del primer track del disco, “Stonemilker”. Ya desde la palabra es llamativo: se trata de algo así como “ordeñar una piedra”, como tratar de encontrar una respuesta, o hacer una pregunta a algo o alguien que no tiene oídos ni manera de respondernos.

La cantante comenzó a imaginar algunos versos de la letra mientras caminaba en la playa. No una letra complicada, ni siquiera poética, sino declarativa, un hablar sobre la súbita claridad que se encuentra cuando estamos en el ojo del huracán. Para proyectar esa sensación, Björk utilizó micrófonos y ecos que modulan la claridad de la voz y van ilustrando conceptualmente el desarrollo de la pregunta. Aquí comienza el sutil juego de construir una textura para un sentimiento.

Alejandro Arca hizo después las percusiones, que en palabras de Björk debían resultar un apoyo (“supportive”) más que marcar un beat; ese apoyo (“support”) es equivalente a un abrazo, en el sentido de aportar confort emocional, en acompañar la soledad de esa voz.

Para la segunda versión de Vulnicura, Björk sustituyó los sintetizadores de Arca con ensambles de cuerdas, llegando a utilizar hasta 30 músicos en tracks como “Stonemilker”, e incluso multiplicándolos digitalmente para lograr una espesa, “cremosa” dice ella, capa de melodías.

Al fondo de “Stonemilker”, los violines, las violas, los cellos trazan mareas melódicas sin ceñirse a un mismo tema; se trata de variaciones que no llegan a ser “solos” de instrumento, y que no interfieren con la articulación de la voz, sino que refuerzan ese acompañamiento del que hablamos hace un momento. Para Björk, el trabajo de edición de cuerdas tuvo un carácter arquitectónico, la construcción de “una torre o monumento al equilibrio”, un lugar desde donde se puede sentir una magnificencia, o en contraste, la propia pequeñez frente a tal construcción.

El sentido arquitectónico del tiempo se logra entrelazando todas esas melodías de cuerdas, esas variaciones dentro de la escala formando círculos, espirales, repeticiones que dan seguridad, pero no en el sentido en que, por ejemplo, una pistola cargada da seguridad, sino “como leer un libro en casa, o quedarse fuera tendidos en el jardín mirando al cielo.” Al final se trata de probar una idea a través de sonidos. ¿Cuál? Que “estar abiertos emocionalmente es una elección”, incluso si la otra persona elige no abrirse. Y frente a esa piedra que no responde a preguntas, que nada comparte y que vive en un mundo ajeno, se trata el principio del fin del amor, de cuando el ser deja de ser compartido y queda dividido, mellado incluso, pero no para siempre: tal vez no todos podamos hacer un monumento sonoro a partir de los sentimientos de un quiebre amoroso, pero podemos elegir esa apertura emocional a la que nos invita la música y el arte.

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