El arte del disfraz encarna una de las muchas formas de la fantasía humana, de ahí su innegable poder de seducción. En otra época, las cortes europeas celebraron espectáculos en los que varias expresiones artísticas confluían con la arquitectura y el diseño de vestuario: un derroche de imaginación que inspiró, entonces, a artistas y nobles por igual. La creación de escenografías y disfraces para estos bailes vio en el pintor, botanista e ilustrador Daniel Rabel (1578-1637) a uno de sus más grandes exponentes; él fue, durante décadas, el encargado de esta tarea en la corte de Luis XIII. Su legado, por fortuna, no se perdió con el tiempo y sobrevive en los diseños que creó para un sinnúmero de danzas de la corte francesa.

Las conocidas mascaradas o ballets cortesanos fueron un tipo de entretenimiento que floreció en la Europa de finales del siglo XVI e inicios del XVII, y combinaban con gracia la poesía, la música, la danza, las artes escénicas y el canto, además de cuidadosos diseños escenográficos (frecuentemente hechos por arquitectos de renombre) y fantásticos disfraces —de entre los cuales, los hechos por Rabel destacan por su casi ingenua hermosura. Estos bailes incluían tramas alegóricas en las que los intérpretes personificaban virtudes o vicios, y la historia entera resultaba en una guerra entre ellos, es decir, entre el bien y el mal. 

Esta clase de espectáculos, en los que también figuraban elementos de la sátira y el burlesque, eran muy populares en su época al grado que, en ocasiones, un ballet específico podía repetir sus funciones varias veces para complacer a un público que incluía altos miembros de la realeza. El gusto por ellos era tal que, se sabe, muchos cortesanos actuaban, cantaban y hacían música al lado de grupos de artistas profesionales; en algunos casos estas danzas contaron, incluso, con interpretaciones de Luis XIII de Francia (quien, por cierto, también participó en la concepción de muchos de ellos).

Tras haber sido artista de la corte y de varios patrones nobles, entre 1617 y 1637, Rabel diseño las escenografías y vestuarios de una gran número de ballets cortesanos. Sus diseños, empapados de la estética grotesca de la época, echaron mano de los cómico, de la exageración y de la distorsión facial para crear personajes que representaban valores tales como la maldad, la corrupción, la ingenuidad o la pureza, en un ejercicio imaginativo que nos refiere a una concepción del mundo y un modo de pensamiento que favoreció, sobre todo, a los reinos más puros de la fantasía.

Esta selección de imágenes es parte de una colección de alrededor de 90 bocetos hechos por Daniel Rabel durante la década de los 1620, e incluye material de tres ballets cortesanos: el Ballet des Fées de la forêt de Saint Germain, el Ballet de la Douairière de Billebahaut y el Ballet du Chasteau de Bicêtre

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Imágenes: Dominio público

El arte del disfraz encarna una de las muchas formas de la fantasía humana, de ahí su innegable poder de seducción. En otra época, las cortes europeas celebraron espectáculos en los que varias expresiones artísticas confluían con la arquitectura y el diseño de vestuario: un derroche de imaginación que inspiró, entonces, a artistas y nobles por igual. La creación de escenografías y disfraces para estos bailes vio en el pintor, botanista e ilustrador Daniel Rabel (1578-1637) a uno de sus más grandes exponentes; él fue, durante décadas, el encargado de esta tarea en la corte de Luis XIII. Su legado, por fortuna, no se perdió con el tiempo y sobrevive en los diseños que creó para un sinnúmero de danzas de la corte francesa.

Las conocidas mascaradas o ballets cortesanos fueron un tipo de entretenimiento que floreció en la Europa de finales del siglo XVI e inicios del XVII, y combinaban con gracia la poesía, la música, la danza, las artes escénicas y el canto, además de cuidadosos diseños escenográficos (frecuentemente hechos por arquitectos de renombre) y fantásticos disfraces —de entre los cuales, los hechos por Rabel destacan por su casi ingenua hermosura. Estos bailes incluían tramas alegóricas en las que los intérpretes personificaban virtudes o vicios, y la historia entera resultaba en una guerra entre ellos, es decir, entre el bien y el mal. 

Esta clase de espectáculos, en los que también figuraban elementos de la sátira y el burlesque, eran muy populares en su época al grado que, en ocasiones, un ballet específico podía repetir sus funciones varias veces para complacer a un público que incluía altos miembros de la realeza. El gusto por ellos era tal que, se sabe, muchos cortesanos actuaban, cantaban y hacían música al lado de grupos de artistas profesionales; en algunos casos estas danzas contaron, incluso, con interpretaciones de Luis XIII de Francia (quien, por cierto, también participó en la concepción de muchos de ellos).

Tras haber sido artista de la corte y de varios patrones nobles, entre 1617 y 1637, Rabel diseño las escenografías y vestuarios de una gran número de ballets cortesanos. Sus diseños, empapados de la estética grotesca de la época, echaron mano de los cómico, de la exageración y de la distorsión facial para crear personajes que representaban valores tales como la maldad, la corrupción, la ingenuidad o la pureza, en un ejercicio imaginativo que nos refiere a una concepción del mundo y un modo de pensamiento que favoreció, sobre todo, a los reinos más puros de la fantasía.

Esta selección de imágenes es parte de una colección de alrededor de 90 bocetos hechos por Daniel Rabel durante la década de los 1620, e incluye material de tres ballets cortesanos: el Ballet des Fées de la forêt de Saint Germain, el Ballet de la Douairière de Billebahaut y el Ballet du Chasteau de Bicêtre

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Imágenes: Dominio público