Los colores y sus nombres son algunas de las primeras cosas que aprendemos de niños. Con el tiempo, desarrollamos preferencias y aversiones con ciertos colores: los usamos para identificarnos, les atribuimos efectos, así como también afectos. Nuestra relación con el color va más allá de un simple gusto estético: es parte de quienes somos. Sin embargo, para el ojo común, todos los rojos se parecen, y se necesita el entrenamiento visual de un artista para saber cuál es el momento en el que el rojo se convierte en naranja, en amarillo, y en fin, en toda la gama cromática en la que vemos el mundo.

A. Boogert es un artista del que sabemos muy poco. Más cercano temporalmente a Isaac Newton y su círculo cromático que a la guía de colores Pantone, este pintor holandés creó en 1692 una guía práctica sobre cómo mezclar colores. Su obra se llama Tratado de los colores para utilizar en acuarela y fue hecha totalmente a mano: 800 páginas que conforman un muestrario de colores, que incluye instrucciones para producir cambios de tonalidad según la cantidad de agua que se utilice sobre un color “sólido”.

Por desgracia sólo existe un ejemplar de la obra de Boogert en la Biblioteca Méjanes, en Aix-en-Provence, Francia. Probablemente es la guía de colores más amplia y rica de su tipo jamás creada hasta ese momento. Sus láminas recuerdan a pequeños Rothkos minimalistas o muestrarios de pintura de la actualidad; pero el asombro proviene de recordarnos que cada uno de esos colores fue producido manualmente y explicado en cuanto a su diferencia con los demás con gran detalle.

Podríamos pensar que hoy en día ya no necesitamos este tipo de literatura para identificar los colores (probablemente una app sería más efectiva para catalogar y reproducir cierta gama cromática), pero lo que asombra es el grado de atención a la variación y al detalle que Boogert puso en su trabajo. Una obra excéntrica, sin duda, además de única en su tipo… un tributo a la exquisitez.

 

*Imagen: Dominio Público

Los colores y sus nombres son algunas de las primeras cosas que aprendemos de niños. Con el tiempo, desarrollamos preferencias y aversiones con ciertos colores: los usamos para identificarnos, les atribuimos efectos, así como también afectos. Nuestra relación con el color va más allá de un simple gusto estético: es parte de quienes somos. Sin embargo, para el ojo común, todos los rojos se parecen, y se necesita el entrenamiento visual de un artista para saber cuál es el momento en el que el rojo se convierte en naranja, en amarillo, y en fin, en toda la gama cromática en la que vemos el mundo.

A. Boogert es un artista del que sabemos muy poco. Más cercano temporalmente a Isaac Newton y su círculo cromático que a la guía de colores Pantone, este pintor holandés creó en 1692 una guía práctica sobre cómo mezclar colores. Su obra se llama Tratado de los colores para utilizar en acuarela y fue hecha totalmente a mano: 800 páginas que conforman un muestrario de colores, que incluye instrucciones para producir cambios de tonalidad según la cantidad de agua que se utilice sobre un color “sólido”.

Por desgracia sólo existe un ejemplar de la obra de Boogert en la Biblioteca Méjanes, en Aix-en-Provence, Francia. Probablemente es la guía de colores más amplia y rica de su tipo jamás creada hasta ese momento. Sus láminas recuerdan a pequeños Rothkos minimalistas o muestrarios de pintura de la actualidad; pero el asombro proviene de recordarnos que cada uno de esos colores fue producido manualmente y explicado en cuanto a su diferencia con los demás con gran detalle.

Podríamos pensar que hoy en día ya no necesitamos este tipo de literatura para identificar los colores (probablemente una app sería más efectiva para catalogar y reproducir cierta gama cromática), pero lo que asombra es el grado de atención a la variación y al detalle que Boogert puso en su trabajo. Una obra excéntrica, sin duda, además de única en su tipo… un tributo a la exquisitez.

 

*Imagen: Dominio Público