Japón tiene una larga y orgullosa tradición de guerreros, seguidores de un férreo código de honor que se ve materializado en el arte con que portan la espada. Pero la espada (katana) misma es la materialización del espíritu del guerrero: la aleación de guerrero y espada es la verdadera combinación indestructible. Conscientes de esta relación, existe en Japón un tipo muy especial de herreros especializados en la fabricación de katanas, un icono de la identidad nacional del país del sol naciente.

Una de las más extrañas y hermosas katanas jamás creada es sin duda la “espada del cielo”, o Tentetsutou, fabricada a partir de un meteorito de 4 mil millones de años de antigüedad. El meteorito procede de un sitio cerca de Gibeon, en Namibia. Fue encontrado en 1838 y se trata de una aleación de hierro cuya última parada fueron las hábiles manos del prestigioso fabricante de espadas Yoshindo Yoshihara.

Acerca de su creación, Yoshihara comentó: “Nunca comprometo [mi oficio]. Es fácil hacer concesiones. Pero nosotros mantenemos nuestro orgullo y dedicamos nuestras vidas a crear espadas”.

El maestro Yoshihara es uno de los últimos artesanos realmente comprometidos con la herrería de espadas, un trabajo cuya preparación dura no menos de 10 años. Los aprendices no reciben ningún tipo de instrucción ni enseñanza. Yoshihara cuenta con seis aprendices, pues según sus palabras “no necesitamos aprendices que no puedan aprender por sí mismos, observando”.

El de Yoshihara es uno de los 10 talleres dedicados exclusivamente a fabricar espadas. Las herramientas utilizadas y el proceso mismo no han sido estandarizados como los de cualquier empresa manufacturera. Y es que el tipo de producto exige un tipo de proceso muy especial, dirigido por personas realmente devotas a su arte. “Es por eso que volverse herrero requiere tanto tiempo. Pero el número de personas que pueden hacer de la forja de espadas su única ocupación es raro. Porque un forjador de espadas crea productos en los que la gente gasta millones, el trabajo duro es importante, claro, pero el talento también es necesario”.

Un forjador no sólo debe aprender a manejar el acero, sino también ser un experto en todo lo que la espada necesita: la cresta, el mango, incluso la caligrafía con la que cada espada es identificada como única requieren un extraordinario trabajo. Incluso las herramientas utilizadas en la fabricación de espadas son hechas en el propio taller. “Las herramientas antiguas como estas no se venden por ninguna parte”, comenta el maestro Yoshihara.

Los meteoritos Gibeon fueron la mayor lluvia de objetos extraterrestres que jamás haya caído a la Tierra. La espada puede observarse en toda su imponente belleza en la torre Skytree, que es, por cierto, el edificio más alto en Tokio.

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Japón tiene una larga y orgullosa tradición de guerreros, seguidores de un férreo código de honor que se ve materializado en el arte con que portan la espada. Pero la espada (katana) misma es la materialización del espíritu del guerrero: la aleación de guerrero y espada es la verdadera combinación indestructible. Conscientes de esta relación, existe en Japón un tipo muy especial de herreros especializados en la fabricación de katanas, un icono de la identidad nacional del país del sol naciente.

Una de las más extrañas y hermosas katanas jamás creada es sin duda la “espada del cielo”, o Tentetsutou, fabricada a partir de un meteorito de 4 mil millones de años de antigüedad. El meteorito procede de un sitio cerca de Gibeon, en Namibia. Fue encontrado en 1838 y se trata de una aleación de hierro cuya última parada fueron las hábiles manos del prestigioso fabricante de espadas Yoshindo Yoshihara.

Acerca de su creación, Yoshihara comentó: “Nunca comprometo [mi oficio]. Es fácil hacer concesiones. Pero nosotros mantenemos nuestro orgullo y dedicamos nuestras vidas a crear espadas”.

El maestro Yoshihara es uno de los últimos artesanos realmente comprometidos con la herrería de espadas, un trabajo cuya preparación dura no menos de 10 años. Los aprendices no reciben ningún tipo de instrucción ni enseñanza. Yoshihara cuenta con seis aprendices, pues según sus palabras “no necesitamos aprendices que no puedan aprender por sí mismos, observando”.

El de Yoshihara es uno de los 10 talleres dedicados exclusivamente a fabricar espadas. Las herramientas utilizadas y el proceso mismo no han sido estandarizados como los de cualquier empresa manufacturera. Y es que el tipo de producto exige un tipo de proceso muy especial, dirigido por personas realmente devotas a su arte. “Es por eso que volverse herrero requiere tanto tiempo. Pero el número de personas que pueden hacer de la forja de espadas su única ocupación es raro. Porque un forjador de espadas crea productos en los que la gente gasta millones, el trabajo duro es importante, claro, pero el talento también es necesario”.

Un forjador no sólo debe aprender a manejar el acero, sino también ser un experto en todo lo que la espada necesita: la cresta, el mango, incluso la caligrafía con la que cada espada es identificada como única requieren un extraordinario trabajo. Incluso las herramientas utilizadas en la fabricación de espadas son hechas en el propio taller. “Las herramientas antiguas como estas no se venden por ninguna parte”, comenta el maestro Yoshihara.

Los meteoritos Gibeon fueron la mayor lluvia de objetos extraterrestres que jamás haya caído a la Tierra. La espada puede observarse en toda su imponente belleza en la torre Skytree, que es, por cierto, el edificio más alto en Tokio.

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