El corazón es el motor de nuestro cuerpo, y en otro sentido, es el lugar donde imaginamos que se depositan nuestras emociones. Frases como “hablar desde el corazón” o “aprender de memoria” (en inglés, know by heart y en francés apprendre par coeur) son pequeños ejemplos de que, más allá de las barreras lingüísticas y disciplinarias, el corazón está siempre en el centro de todo.

Es por eso que un interesante proyecto interdisciplinario adoptó por nombre The Heart of the Matter (expresión que puede traducirse en español como “el centro de la cuestión”), en el cual un grupo de artistas y pacientes realizaron una serie de obras que reflejan tanto las condiciones de sus respectivos tratamientos, como las ideas y conceptos que cada uno tiene sobre el corazón, y en las cuales el espectador puede verse reflejado.

Giovanni Biglino, docente de bioestadística de la Universidad de Bristol, explica que el proyecto surgió a través de talleres creativos donde los pacientes exploraron “las dimensiones médicas y metafóricas del corazón, incluyendo elementos clave de la función cardiovascular y de la experiencia de los pacientes.”

Por ejemplo, la obra Flow (“flujo”) es una videoinstalación donde colaboraron la artista Sofie Layton, el animador digital Babis Alexiadis y el compositor Jules Maxwell. Desde muy jóvenes, aprendemos que dentro de los seres vivos la sangre fluye; más aun, que el flujo mismo de la sangre produce el pulso, uno de los primeros signos vitales en medirse cuando se está en riesgo mortal.

En esta obra, el flujo sanguíneo se traduce al flujo de historias, al flujo de la vida misma a través de técnicas avanzadas de resonancia magnética en 4D, las cuales permitieron captar el flujo de la sangre en tiempo real. A través de la animación se incorporaron elementos de las historias de los pacientes: así, el corazón bombeando se convierte en un animal, como un pájaro o una ballena, y el flujo sanguíneo se representa como una arboleda.

Queda claro que la convivencia entre arte y ciencia en The Heart of the Matter es un elemento central. En la escultura The Bud (“brote de hierba”), el corazón se representa como un modelo a escala real de un corazón con enfermedad congénita a través de una precisa impresión tridimensional.

Esta pieza surgió como una forma de entrelazar las narrativas de los pacientes que veían sus propios corazones como organismos vegetales: plantas, hierbas, árboles y raíces, lo cual también se relaciona con el lenguaje médico utilizado para referirse a la “raíz aórtica” y el “tronco pulmonar”.

En la historia de la medicina, el paciente ha sido relegado a una condición secundaria, en la cual el médico y su saber son los encargados de devolver la salud, mientras él espera “pacientemente” los resultados. Con proyectos como The Heart of the Matter, los pacientes tienen la posibilidad de contar sus propias historias, las historias de su cuerpo, de sus momentos de enfermedad y sus respectivos renacimientos luego de cirugías delicadas y padecimientos crónicos, con los que probablemente han convivido desde el nacimiento. El corazón, ese órgano del tamaño de un puño cerrado que comienza a latir incluso antes de que el ser humano nazca y cuyo último latido marca el final de la vida, sigue siendo la fuerza que impulsa e inspira, literalmente, cada uno de nuestros pasos.

 

 

 

Imagen: Coyote Jack / Martin Kingsley – Creative Commons

El corazón es el motor de nuestro cuerpo, y en otro sentido, es el lugar donde imaginamos que se depositan nuestras emociones. Frases como “hablar desde el corazón” o “aprender de memoria” (en inglés, know by heart y en francés apprendre par coeur) son pequeños ejemplos de que, más allá de las barreras lingüísticas y disciplinarias, el corazón está siempre en el centro de todo.

Es por eso que un interesante proyecto interdisciplinario adoptó por nombre The Heart of the Matter (expresión que puede traducirse en español como “el centro de la cuestión”), en el cual un grupo de artistas y pacientes realizaron una serie de obras que reflejan tanto las condiciones de sus respectivos tratamientos, como las ideas y conceptos que cada uno tiene sobre el corazón, y en las cuales el espectador puede verse reflejado.

Giovanni Biglino, docente de bioestadística de la Universidad de Bristol, explica que el proyecto surgió a través de talleres creativos donde los pacientes exploraron “las dimensiones médicas y metafóricas del corazón, incluyendo elementos clave de la función cardiovascular y de la experiencia de los pacientes.”

Por ejemplo, la obra Flow (“flujo”) es una videoinstalación donde colaboraron la artista Sofie Layton, el animador digital Babis Alexiadis y el compositor Jules Maxwell. Desde muy jóvenes, aprendemos que dentro de los seres vivos la sangre fluye; más aun, que el flujo mismo de la sangre produce el pulso, uno de los primeros signos vitales en medirse cuando se está en riesgo mortal.

En esta obra, el flujo sanguíneo se traduce al flujo de historias, al flujo de la vida misma a través de técnicas avanzadas de resonancia magnética en 4D, las cuales permitieron captar el flujo de la sangre en tiempo real. A través de la animación se incorporaron elementos de las historias de los pacientes: así, el corazón bombeando se convierte en un animal, como un pájaro o una ballena, y el flujo sanguíneo se representa como una arboleda.

Queda claro que la convivencia entre arte y ciencia en The Heart of the Matter es un elemento central. En la escultura The Bud (“brote de hierba”), el corazón se representa como un modelo a escala real de un corazón con enfermedad congénita a través de una precisa impresión tridimensional.

Esta pieza surgió como una forma de entrelazar las narrativas de los pacientes que veían sus propios corazones como organismos vegetales: plantas, hierbas, árboles y raíces, lo cual también se relaciona con el lenguaje médico utilizado para referirse a la “raíz aórtica” y el “tronco pulmonar”.

En la historia de la medicina, el paciente ha sido relegado a una condición secundaria, en la cual el médico y su saber son los encargados de devolver la salud, mientras él espera “pacientemente” los resultados. Con proyectos como The Heart of the Matter, los pacientes tienen la posibilidad de contar sus propias historias, las historias de su cuerpo, de sus momentos de enfermedad y sus respectivos renacimientos luego de cirugías delicadas y padecimientos crónicos, con los que probablemente han convivido desde el nacimiento. El corazón, ese órgano del tamaño de un puño cerrado que comienza a latir incluso antes de que el ser humano nazca y cuyo último latido marca el final de la vida, sigue siendo la fuerza que impulsa e inspira, literalmente, cada uno de nuestros pasos.

 

 

 

Imagen: Coyote Jack / Martin Kingsley – Creative Commons