De todos los roles humanos, el que jugaron los piratas, navegantes de los mares sin dueño, despiadados ladrones del mar, es quizá uno de los más apegados a lo que normalmente identificamos con lo masculino —particularmente en el caso de los piratas europeos del siglo XVIII—. Su barbarie y, valga decirlo, valentía los han hecho sobrevivir en la historia como los personajes más enigmáticos y crueles de los últimos siglos.

Por lo anterior resulta particularmente emocionante cuando navegando la historia de estos personajes, de pronto nos encontramos con ejemplos de mujeres que hicieron de la piratería su ocupación y su vida, no solamente en Inglaterra, sino en todo el mundo y en diferentes épocas. A continuación cinco mujeres piratas que vale la pena recordar, y quienes antes de abordar fieramente buques y galeras, tomaron por asalto un rol social que se mantenía destinado, exclusivamente, a los hombres:

1. La reina Teuta de Iliria, una de las más antiguas mujeres pirata. Tras la muerte de su esposo, reinó entre 231 y 228 a.C. en la región de la península balcánica conocida como Iliria, conquistando territorios, e interceptando y saqueando embarcaciones romanas. Sus corsarios dominaron el Mar Adriático y el Mar Jónico, dominando la ruta marítima entre Grecia e Italia. Tras sus cuatro años de reinado, Iliria había ganado numerosos territorios y se había hecho de grandes riquezas, pero en 227 a.C. tuvo que rendirse ante el imperio romano.

2. Jeanne de Clisson (1300-1359), “la leona de Bretaña”. Su historia está llena de tragedia y venganza. Ella era una noble bretona, madre de familia, cuyo esposo —acusado de traición— fue decapitado por el rey francés Felipe VI durante las guerras territoriales entre Francia e Inglaterra. Ella juró vengarse del rey y, poco después, vendió sus tierras para comprar tres buques de guerra que pintó de negro y adornó con velas del color de la sangre. De 1343 a 1356, su flota navegó el Canal de la Mancha, secuestrando las embarcaciones de Felipe VI y decapitando con un hacha a cualquier aristócrata a bordo de ellas. Sorprendentemente, después de unos años, ella se casó y volvió a tener una vida tranquila. Algunos dicen que su fantasma aún recorre los pasillos del Castillo de Clisson.

3. Mary Read (1690-1721) fue la hija bastarda de una viuda inglesa; su padre había sido marinero. Uno de sus sellos distintivos era que Mary solía vestirse de hombre —desde niña, su madre la disfrazaba con la ropa de un hermano difunto para conseguir dinero de su abuela paterna—. Años después se unió a la armada británica, haciéndose pasar por “Mark Read”. Tras la muerte de su amante, un soldado flamenco, Read zarpó hacia América, pero en el camino su barco fue asaltado por piratas que la convencieron de unirse a sus filas. Mary fue parte de la tripulación del Revenge, famosos barco pirata, al lado de Anne Bonny y su afamado amante el capitán Calico Jack. Se dice que sólo ellos dos sabían que Mary era mujer. Pronto, Read se unió a otro tripulante del barco, que hizo su esposo y, cuando el Revenge fue finalmente capturado, logró que le perdonaran la vida porque estaba embarazada. Mary murió de fiebre en prisión.

mujeres piratas

4. Anne Bonny (1700-1782), pirata irlandesa conocida por su furiosa y roja cabellera. Se hizo famosa después de casarse con el corsario Jack Bonny, con quien, tras ser desheredada por su adinerado padre, huyó a las Bahamas, que en aquella época albergaban numerosas comunidades de piratas. Poco después Anne se divorció de Bonny para unirse al feroz capitán pirata Calico Jack Rackham. Juntos surcaron los mares en el Revenge y, tras la captura del famoso buque, Bonny culpó a Calico Jack por la derrota. Se dice que las últimas palabras que le dijo a su amante antes de ser ahorcado fueron: “Siento mucho verte ahí, pero si hubieras peleado como un hombre no te colgarían como a un perro.” La vida de Anne fue perdonada por su embarazo; algunos sostienen que su padre pagó una generosa cantidad de dinero para que su hija fuera liberada.

5. Ching Shih (1775-1844). Prostituta de orígenes humildes que fue secuestrada por piratas chinos y en 1801 se casó con el famoso corsario Zheng Yi, cuya flota consistía en trecientos barcos y cerca de cuarenta mil marineros. Cuando éste murió, Ching Shih tomó el control de la conocida ”Flota de la bandera roja”, logrando que en poco tiempo el número de embarcaciones creciera hasta integrar mil ochocientos barcos. Ella comenzó su propio gobierno, cobrando impuestos a todo aquel que quisiera navegar bajo sus dominios y decapitando a cualquiera que no cumpliera con sus mandatos; otras versiones sostienen que ella solía clavar los pies de sus enemigos a la cubierta del barco, para después golpearlos hasta matarlos. La flota de Ching Shih fue atacada varias veces por navíos ingleses y portugueses, pero nunca lograron derrotarla, por lo que las autoridades cantonesas ofrecieron amnistía a la poderosa pirata. Esto implicaba que ella se hincara ante un oficial del gobierno y para evitarlo, ella lo nombró testigo de su boda con uno de sus hombres de confianza; de esta forma evitó hincarse ante aquellos que ya había derrotado una y otra vez en el mar.

De todos los roles humanos, el que jugaron los piratas, navegantes de los mares sin dueño, despiadados ladrones del mar, es quizá uno de los más apegados a lo que normalmente identificamos con lo masculino —particularmente en el caso de los piratas europeos del siglo XVIII—. Su barbarie y, valga decirlo, valentía los han hecho sobrevivir en la historia como los personajes más enigmáticos y crueles de los últimos siglos.

Por lo anterior resulta particularmente emocionante cuando navegando la historia de estos personajes, de pronto nos encontramos con ejemplos de mujeres que hicieron de la piratería su ocupación y su vida, no solamente en Inglaterra, sino en todo el mundo y en diferentes épocas. A continuación cinco mujeres piratas que vale la pena recordar, y quienes antes de abordar fieramente buques y galeras, tomaron por asalto un rol social que se mantenía destinado, exclusivamente, a los hombres:

1. La reina Teuta de Iliria, una de las más antiguas mujeres pirata. Tras la muerte de su esposo, reinó entre 231 y 228 a.C. en la región de la península balcánica conocida como Iliria, conquistando territorios, e interceptando y saqueando embarcaciones romanas. Sus corsarios dominaron el Mar Adriático y el Mar Jónico, dominando la ruta marítima entre Grecia e Italia. Tras sus cuatro años de reinado, Iliria había ganado numerosos territorios y se había hecho de grandes riquezas, pero en 227 a.C. tuvo que rendirse ante el imperio romano.

2. Jeanne de Clisson (1300-1359), “la leona de Bretaña”. Su historia está llena de tragedia y venganza. Ella era una noble bretona, madre de familia, cuyo esposo —acusado de traición— fue decapitado por el rey francés Felipe VI durante las guerras territoriales entre Francia e Inglaterra. Ella juró vengarse del rey y, poco después, vendió sus tierras para comprar tres buques de guerra que pintó de negro y adornó con velas del color de la sangre. De 1343 a 1356, su flota navegó el Canal de la Mancha, secuestrando las embarcaciones de Felipe VI y decapitando con un hacha a cualquier aristócrata a bordo de ellas. Sorprendentemente, después de unos años, ella se casó y volvió a tener una vida tranquila. Algunos dicen que su fantasma aún recorre los pasillos del Castillo de Clisson.

3. Mary Read (1690-1721) fue la hija bastarda de una viuda inglesa; su padre había sido marinero. Uno de sus sellos distintivos era que Mary solía vestirse de hombre —desde niña, su madre la disfrazaba con la ropa de un hermano difunto para conseguir dinero de su abuela paterna—. Años después se unió a la armada británica, haciéndose pasar por “Mark Read”. Tras la muerte de su amante, un soldado flamenco, Read zarpó hacia América, pero en el camino su barco fue asaltado por piratas que la convencieron de unirse a sus filas. Mary fue parte de la tripulación del Revenge, famosos barco pirata, al lado de Anne Bonny y su afamado amante el capitán Calico Jack. Se dice que sólo ellos dos sabían que Mary era mujer. Pronto, Read se unió a otro tripulante del barco, que hizo su esposo y, cuando el Revenge fue finalmente capturado, logró que le perdonaran la vida porque estaba embarazada. Mary murió de fiebre en prisión.

mujeres piratas

4. Anne Bonny (1700-1782), pirata irlandesa conocida por su furiosa y roja cabellera. Se hizo famosa después de casarse con el corsario Jack Bonny, con quien, tras ser desheredada por su adinerado padre, huyó a las Bahamas, que en aquella época albergaban numerosas comunidades de piratas. Poco después Anne se divorció de Bonny para unirse al feroz capitán pirata Calico Jack Rackham. Juntos surcaron los mares en el Revenge y, tras la captura del famoso buque, Bonny culpó a Calico Jack por la derrota. Se dice que las últimas palabras que le dijo a su amante antes de ser ahorcado fueron: “Siento mucho verte ahí, pero si hubieras peleado como un hombre no te colgarían como a un perro.” La vida de Anne fue perdonada por su embarazo; algunos sostienen que su padre pagó una generosa cantidad de dinero para que su hija fuera liberada.

5. Ching Shih (1775-1844). Prostituta de orígenes humildes que fue secuestrada por piratas chinos y en 1801 se casó con el famoso corsario Zheng Yi, cuya flota consistía en trecientos barcos y cerca de cuarenta mil marineros. Cuando éste murió, Ching Shih tomó el control de la conocida ”Flota de la bandera roja”, logrando que en poco tiempo el número de embarcaciones creciera hasta integrar mil ochocientos barcos. Ella comenzó su propio gobierno, cobrando impuestos a todo aquel que quisiera navegar bajo sus dominios y decapitando a cualquiera que no cumpliera con sus mandatos; otras versiones sostienen que ella solía clavar los pies de sus enemigos a la cubierta del barco, para después golpearlos hasta matarlos. La flota de Ching Shih fue atacada varias veces por navíos ingleses y portugueses, pero nunca lograron derrotarla, por lo que las autoridades cantonesas ofrecieron amnistía a la poderosa pirata. Esto implicaba que ella se hincara ante un oficial del gobierno y para evitarlo, ella lo nombró testigo de su boda con uno de sus hombres de confianza; de esta forma evitó hincarse ante aquellos que ya había derrotado una y otra vez en el mar.

Etiquetado: , , , ,