En notas pasadas hemos hablado de la relevancia de la meditación para enriquecer la condición física y mental a un nivel cotidiano. La técnica de mindfulness, que ha ganado tanta popularidad en la última década, tiene un atractivo inherente: cultiva una conciencia para abarcar el momento presente, y por lo tanto disuelve ansiedades acerca del futuro o dolores que vienen con el recuerdo. Existe también un impulso científico a estudiar cómo terapias basadas en mindfulness pueden beneficiar patologías o problemas psicológicos. Esta técnica se utiliza no sólo para generar claridad mental; también para aliviar la ansiedad y el estrés, y los resultados son realmente prometedores.

La meditación, es verdad, tiene una reputación problemática. Muchas personas piensan que si meditan tienen que formar parte de algún grupo espiritual o adorar íconos extraños de la filosofía oriental. También se cree que para meditar se necesita tener tiempo, y ¿quién tiene tiempo para no “hacer nada”? Pero la técnica de atención plena (mindfulness) consiste solamente en concentrarse en algo específico –por ejemplo en la respiración— con absoluta conciencia de ello. No demanda conocimiento previo de ninguna filosofía y no es parte de un sistema de creencias. Además, la mayoría de las prácticas no duran más de 15 minutos.

El Mindful Awareness Research Center (MARC) de UCLA subió una serie de meditaciones guiadas a iTunes, donde se puede bajar cada una de manera gratuita. De este modo, el “estoy muy ocupado” no funciona como excusa. Casi todas las meditaciones allí son de diez minutos. La claridad, definitivamente, no está sobrevaluada. Transforma todo lo que toca.

Es esencial saber que la práctica meditativa no es meditar muchísimo ni evadir quienes somos; sino al contrario, es efectiva cuando es constante, discreta y honesta. Aunque sólo le dediquemos algunos minutos al día.

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En notas pasadas hemos hablado de la relevancia de la meditación para enriquecer la condición física y mental a un nivel cotidiano. La técnica de mindfulness, que ha ganado tanta popularidad en la última década, tiene un atractivo inherente: cultiva una conciencia para abarcar el momento presente, y por lo tanto disuelve ansiedades acerca del futuro o dolores que vienen con el recuerdo. Existe también un impulso científico a estudiar cómo terapias basadas en mindfulness pueden beneficiar patologías o problemas psicológicos. Esta técnica se utiliza no sólo para generar claridad mental; también para aliviar la ansiedad y el estrés, y los resultados son realmente prometedores.

La meditación, es verdad, tiene una reputación problemática. Muchas personas piensan que si meditan tienen que formar parte de algún grupo espiritual o adorar íconos extraños de la filosofía oriental. También se cree que para meditar se necesita tener tiempo, y ¿quién tiene tiempo para no “hacer nada”? Pero la técnica de atención plena (mindfulness) consiste solamente en concentrarse en algo específico –por ejemplo en la respiración— con absoluta conciencia de ello. No demanda conocimiento previo de ninguna filosofía y no es parte de un sistema de creencias. Además, la mayoría de las prácticas no duran más de 15 minutos.

El Mindful Awareness Research Center (MARC) de UCLA subió una serie de meditaciones guiadas a iTunes, donde se puede bajar cada una de manera gratuita. De este modo, el “estoy muy ocupado” no funciona como excusa. Casi todas las meditaciones allí son de diez minutos. La claridad, definitivamente, no está sobrevaluada. Transforma todo lo que toca.

Es esencial saber que la práctica meditativa no es meditar muchísimo ni evadir quienes somos; sino al contrario, es efectiva cuando es constante, discreta y honesta. Aunque sólo le dediquemos algunos minutos al día.

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