El arte urbano es contestatario por naturaleza. Irrumpe ahí donde todo parece estar bien ordenado. Perturba la planificación. Introduce una variable inesperada en el flujo de la normalidad. De ahí también que uno de sus ambientes naturales sean las márgenes del espacio público, esos puntos que de pronto se encuentran sueltos, liberados de la voluntad de control urbanística, que pasan desapercibidos en la cotidianidad porque dejaron de ser útiles y funcionales: bardas, construcciones en ruinas, marquesinas y espectaculares que ya nadie observa.

Ese fue el caso del proyecto la Tour Paris 13, impulsado por la Galerie Itinerrance de París en el Habitat de la Sablière, un edificio a punto de la demolición cerca del quai d’Austerlitz que se tomó para que 80 artistas urbanos de varias partes del mundo lo intervinieran al gusto de su voluntad y su estilo.

arte urbano paris 2

Los colores más diversos, tipografías, formas, esténciles y algunas invenciones fantásticas decoraron los exteriores e interiores del edificio: 4,500 metros cuadrados de arte urbano que permaneció expuesto durante 1 mes, en octubre. Según el testimonio de algunos de los participantes, se trató de una experiencia notable de adrenalina creativa, una especie de lienzo estropeado pero al mismo tiempo vivo que se ofrecía de lleno a sus propósitos artísticos. Para guardar constancia del proyecto se filmó un documental que puede verse en este enlace.

Hay otra cualidad del arte urbano que lo hace ir a contracorriente: su fugacidad. Como en la Tour Paris 13, sus obras están hechas para desaparecer, para ser borradas, para que las cubra una capa de pintura o incluso la ruina de una demolición. Paradójicamente, el olvido no siempre es su destino, y en esa tensión entre la memoria y la desaparición, también encuentra su fuerza.

Teaser del documental:

El arte urbano es contestatario por naturaleza. Irrumpe ahí donde todo parece estar bien ordenado. Perturba la planificación. Introduce una variable inesperada en el flujo de la normalidad. De ahí también que uno de sus ambientes naturales sean las márgenes del espacio público, esos puntos que de pronto se encuentran sueltos, liberados de la voluntad de control urbanística, que pasan desapercibidos en la cotidianidad porque dejaron de ser útiles y funcionales: bardas, construcciones en ruinas, marquesinas y espectaculares que ya nadie observa.

Ese fue el caso del proyecto la Tour Paris 13, impulsado por la Galerie Itinerrance de París en el Habitat de la Sablière, un edificio a punto de la demolición cerca del quai d’Austerlitz que se tomó para que 80 artistas urbanos de varias partes del mundo lo intervinieran al gusto de su voluntad y su estilo.

arte urbano paris 2

Los colores más diversos, tipografías, formas, esténciles y algunas invenciones fantásticas decoraron los exteriores e interiores del edificio: 4,500 metros cuadrados de arte urbano que permaneció expuesto durante 1 mes, en octubre. Según el testimonio de algunos de los participantes, se trató de una experiencia notable de adrenalina creativa, una especie de lienzo estropeado pero al mismo tiempo vivo que se ofrecía de lleno a sus propósitos artísticos. Para guardar constancia del proyecto se filmó un documental que puede verse en este enlace.

Hay otra cualidad del arte urbano que lo hace ir a contracorriente: su fugacidad. Como en la Tour Paris 13, sus obras están hechas para desaparecer, para ser borradas, para que las cubra una capa de pintura o incluso la ruina de una demolición. Paradójicamente, el olvido no siempre es su destino, y en esa tensión entre la memoria y la desaparición, también encuentra su fuerza.

Teaser del documental:

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