Cuando en el siglo XX el monje taoísta Wang Yuanlu descubrió las cuevas secretas de Mogao Ku, una vieja biblioteca del espíritu estaba por anunciarse. Estos pasajes del exotismo prebudista incluyen más de 400 templos. Dentro de ellos, cual cicatrices indelebles, perdura un impresionante acervo de murales, esculturas y manuscritos que, siguiendo la leyenda de Dunhuang, se comenzaron a introducir a estas grutas en el 366 d.D., proceso que duraría aproximadamente cien años.

Algo particularmente fascinante ocurre con los manuscritos que han sido hallados en este  atemporal santuario. Aquí yacen escritos tan antiguos como sus lenguas mentoras –el tibetano el chino, el sánscrito, el sodiano y muchas otras que hoy en día prácticamente son fantasmas.

Gracias al lujoso coleccionismo de internet, hoy podemos encontrar acervos de esta simbología antiquísima en formato de fácil acceso. Ejemplo de esto es la colección que concentra el International Dunhuang Project en su sitio web, que esencialmente se aboca a reunir información preciada de esta zona de China. Como es el caso del manual ritual de Bhiksu Prajñāprabhā, una especie de libro tibetano de hechizos.

Este manuscrito, cocido y escrito a mano sobre una especie de papel reciclado (algo así como un Pothi ), expone en su primera página el nombre de un tal Bhikṣu Prajñāprabhā. Las siguientes páginas están fraccionadas en nueve apartados y contienen nada más que hechizos. En suma, se trata de rituales para la enfermedad o contra los malos espíritus; descripciones de amuletos y protocolos medicinales que nos remite al cuerpo de conocimiento de los primeros monjes magos de la historia.

Es ya conocida la inclinación de los ensayos budistas hacia la medicina y ciertos procesos alquímicos: compendios de tratamientos medicinales a partir de acupuntura, hierbas, amuletos, ejercicios físicos, sonido y mantras por mencionar unos pocos. Gracias a este manual nos podemos permitir imaginar algunos de ellos:

A manera de conjuros, se invocan fuerzas específicas para que intercedan en el dominio de la voluntad de la naturaleza, del cuerpo o de la mente ajena. Se lee, por ejemplo, una cura para la locura a partir de un ritual donde se arrojan limaduras de metal al fuego. En éste, se involucra el mantra Kilaya (Vajrakilaya), una metáfora de la daga clavada al suelo, el destructor de obstáculos. También la realización de prácticas adivinatorias utilizando espejos o  la sanación de enfermedades físicas, son atendidas por estos hechizos. Algunos de ellos se organizan de la siguiente manera:

Si se desea una profecía

Para conducir a los demonios (gnod sbyin) bajo tu poder

Para apaciguar a las personas malignas

Para vencer animales salvajes

Para causar un manantial y aliviar la sed

Para agudizar tu comprensión (prajñā)

Para conseguir varios objetos valiosos

Para encontrar un tesoro

Para curar una enfermedad

Para capturar una enfermedad-fantasma (nad pa ‘dre) con una trampa

Para cortar maldiciones y malos nacimientos

Para invertir el agua, lo que hace que fluya hacia arriba

Para hacer que fluya hacia abajo de nuevo

Para curar la locura

Para evitar ser mordido por un perro

Para tener a sha dru bajo tu poder

Para dividir a dos amantes (pri ya)

Para conciliar a dos amigos

Si no puede hablar con otras personas

Si quieres ser amigable con otra persona

Para obligar a alguien

Cada ritual incluye una guía de prácticas, imágenes y recitaciones de diferentes mantras.

Este manual sin duda rinde homenaje a ciertos preceptos que han regido indispensablemente al planeta. Culturas tan atávicas como la de los lamas del pre-budismo Bön, conocían a ciencia cierta las capacidades (favorables y a caso arriesgadas) de sostener una palabra con especial intensión. Más allá de la idea comunicada, la palabra como conjuro advierte una serie de deseos dispuestos a articular voluntades. Rituales, conjuros, hechizos, bendiciones o letanías. Las palabras –o quizá su vibración– han sacudido a su favor cientos de destinos. Y hay que reconocerlo, son una medicina (o un mal) con acentuada magia.

Imagen: British Library Or.8210/S.9498A, fragmento del Testamento de Ba’ / Dominio público

Cuando en el siglo XX el monje taoísta Wang Yuanlu descubrió las cuevas secretas de Mogao Ku, una vieja biblioteca del espíritu estaba por anunciarse. Estos pasajes del exotismo prebudista incluyen más de 400 templos. Dentro de ellos, cual cicatrices indelebles, perdura un impresionante acervo de murales, esculturas y manuscritos que, siguiendo la leyenda de Dunhuang, se comenzaron a introducir a estas grutas en el 366 d.D., proceso que duraría aproximadamente cien años.

Algo particularmente fascinante ocurre con los manuscritos que han sido hallados en este  atemporal santuario. Aquí yacen escritos tan antiguos como sus lenguas mentoras –el tibetano el chino, el sánscrito, el sodiano y muchas otras que hoy en día prácticamente son fantasmas.

Gracias al lujoso coleccionismo de internet, hoy podemos encontrar acervos de esta simbología antiquísima en formato de fácil acceso. Ejemplo de esto es la colección que concentra el International Dunhuang Project en su sitio web, que esencialmente se aboca a reunir información preciada de esta zona de China. Como es el caso del manual ritual de Bhiksu Prajñāprabhā, una especie de libro tibetano de hechizos.

Este manuscrito, cocido y escrito a mano sobre una especie de papel reciclado (algo así como un Pothi ), expone en su primera página el nombre de un tal Bhikṣu Prajñāprabhā. Las siguientes páginas están fraccionadas en nueve apartados y contienen nada más que hechizos. En suma, se trata de rituales para la enfermedad o contra los malos espíritus; descripciones de amuletos y protocolos medicinales que nos remite al cuerpo de conocimiento de los primeros monjes magos de la historia.

Es ya conocida la inclinación de los ensayos budistas hacia la medicina y ciertos procesos alquímicos: compendios de tratamientos medicinales a partir de acupuntura, hierbas, amuletos, ejercicios físicos, sonido y mantras por mencionar unos pocos. Gracias a este manual nos podemos permitir imaginar algunos de ellos:

A manera de conjuros, se invocan fuerzas específicas para que intercedan en el dominio de la voluntad de la naturaleza, del cuerpo o de la mente ajena. Se lee, por ejemplo, una cura para la locura a partir de un ritual donde se arrojan limaduras de metal al fuego. En éste, se involucra el mantra Kilaya (Vajrakilaya), una metáfora de la daga clavada al suelo, el destructor de obstáculos. También la realización de prácticas adivinatorias utilizando espejos o  la sanación de enfermedades físicas, son atendidas por estos hechizos. Algunos de ellos se organizan de la siguiente manera:

Si se desea una profecía

Para conducir a los demonios (gnod sbyin) bajo tu poder

Para apaciguar a las personas malignas

Para vencer animales salvajes

Para causar un manantial y aliviar la sed

Para agudizar tu comprensión (prajñā)

Para conseguir varios objetos valiosos

Para encontrar un tesoro

Para curar una enfermedad

Para capturar una enfermedad-fantasma (nad pa ‘dre) con una trampa

Para cortar maldiciones y malos nacimientos

Para invertir el agua, lo que hace que fluya hacia arriba

Para hacer que fluya hacia abajo de nuevo

Para curar la locura

Para evitar ser mordido por un perro

Para tener a sha dru bajo tu poder

Para dividir a dos amantes (pri ya)

Para conciliar a dos amigos

Si no puede hablar con otras personas

Si quieres ser amigable con otra persona

Para obligar a alguien

Cada ritual incluye una guía de prácticas, imágenes y recitaciones de diferentes mantras.

Este manual sin duda rinde homenaje a ciertos preceptos que han regido indispensablemente al planeta. Culturas tan atávicas como la de los lamas del pre-budismo Bön, conocían a ciencia cierta las capacidades (favorables y a caso arriesgadas) de sostener una palabra con especial intensión. Más allá de la idea comunicada, la palabra como conjuro advierte una serie de deseos dispuestos a articular voluntades. Rituales, conjuros, hechizos, bendiciones o letanías. Las palabras –o quizá su vibración– han sacudido a su favor cientos de destinos. Y hay que reconocerlo, son una medicina (o un mal) con acentuada magia.

Imagen: British Library Or.8210/S.9498A, fragmento del Testamento de Ba’ / Dominio público

Etiquetado: , , ,