Navegar es, antes que cualquier otra cosa, un acto de fe. Por eso, aquellos que perecen en el mar no son dueños de una muerte cualquiera. Y es que pocas cosas reflejan más la valentía, el arrojo y la ingenuidad de un hombre que hacerse a alta mar y perder de vista tierra firme (por eso es tan importante ser marinero).

Una vez dentro, las agua pueden ser terribles; tormentas, naufragios y bestias marinas son sólo algunas de las calamidades que pueden encontrarse —eso sin mencionar todas esas tierras desconocidas (y quienes las habitan) que se están en la otra orilla.

Existe un volumen, Tragedy of the Seas; or Sorrow on the Ocean, Lake and River (1841) de Charles Ellms, dedicado exclusivamente a historia trágicas que sucedieron alguna vez en mares, ríos y lagos, una colección de historias, que nos habla de tiempos que se han ido y que es capaz de recordar el portentoso poder del océano. Las 37 catástrofes náuticas que narra este libro sucedieron en distintos cuerpos de agua alrededor del mundo entre 1803 y 1840.

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 tragedies2 

Entre las 432 páginas que integran el tomo de Ellms (que era dependiente de una papelería y escritor de libros de aventuras) es posible encontrar lamentables historias de barcos que se hundieron después de chocar con arrecifes de coral o a causa de huracanes, historias de exploradores que desparecieron sin dejar rastro, navíos que explotaron en medio del mar o la terrible historia de 116 pasajeros que murieron de hambre y frío en un barco que zarpó de Long Island con destino a México en 1837 y que se perdió en las aguas durante meses.

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El autor afirma en la introducción de su libro de tragedias marinas que los relatos que narra son verídicos y narrados sin adornos, aunque algunos de los expertos que han estudiado este volumen no dudan que Ellms haya adornado, de una u otra manera, los acontecimientos que registra —algo que pone a Tragedy of the Seas en algún lugar entre la literatura y la crónica de viajes.

Uno de estos recursos tiene que ver con la dramatización de los recuentos y ciertas posturas que reflejan un claro recelo, tan propio del siglo XIX, ante los indígenas de naciones no europeas, una visión que los retrataba como “salvajes” y “bárbaros”. Pero esta colección de historias también nos habla de la valentía y la resistencia, como en el caso de un hombre que nadó 25 kilómetros de aguas heladas para salvar su vida, o la tripulación de un navío japonés  que flotó por las aguas del Pacífico durante más de 11 meses y sobrevivió.

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Finalmente, las ilustraciones del libro de Ellms, que brillan por su preciosa ingenuidad, nos dejan ver el lado más sentimental de una serie de historias unidas por dos factores, la tragedia y el mar. Se trata, finalmente, de un epitafio a la memoria de estos fantasmas que compartieron historias similares y cuya memoria se ha perdido, casi completamente, en el tiempo.

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 Imágenes: Public Domain Review

Navegar es, antes que cualquier otra cosa, un acto de fe. Por eso, aquellos que perecen en el mar no son dueños de una muerte cualquiera. Y es que pocas cosas reflejan más la valentía, el arrojo y la ingenuidad de un hombre que hacerse a alta mar y perder de vista tierra firme (por eso es tan importante ser marinero).

Una vez dentro, las agua pueden ser terribles; tormentas, naufragios y bestias marinas son sólo algunas de las calamidades que pueden encontrarse —eso sin mencionar todas esas tierras desconocidas (y quienes las habitan) que se están en la otra orilla.

Existe un volumen, Tragedy of the Seas; or Sorrow on the Ocean, Lake and River (1841) de Charles Ellms, dedicado exclusivamente a historia trágicas que sucedieron alguna vez en mares, ríos y lagos, una colección de historias, que nos habla de tiempos que se han ido y que es capaz de recordar el portentoso poder del océano. Las 37 catástrofes náuticas que narra este libro sucedieron en distintos cuerpos de agua alrededor del mundo entre 1803 y 1840.

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Entre las 432 páginas que integran el tomo de Ellms (que era dependiente de una papelería y escritor de libros de aventuras) es posible encontrar lamentables historias de barcos que se hundieron después de chocar con arrecifes de coral o a causa de huracanes, historias de exploradores que desparecieron sin dejar rastro, navíos que explotaron en medio del mar o la terrible historia de 116 pasajeros que murieron de hambre y frío en un barco que zarpó de Long Island con destino a México en 1837 y que se perdió en las aguas durante meses.

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El autor afirma en la introducción de su libro de tragedias marinas que los relatos que narra son verídicos y narrados sin adornos, aunque algunos de los expertos que han estudiado este volumen no dudan que Ellms haya adornado, de una u otra manera, los acontecimientos que registra —algo que pone a Tragedy of the Seas en algún lugar entre la literatura y la crónica de viajes.

Uno de estos recursos tiene que ver con la dramatización de los recuentos y ciertas posturas que reflejan un claro recelo, tan propio del siglo XIX, ante los indígenas de naciones no europeas, una visión que los retrataba como “salvajes” y “bárbaros”. Pero esta colección de historias también nos habla de la valentía y la resistencia, como en el caso de un hombre que nadó 25 kilómetros de aguas heladas para salvar su vida, o la tripulación de un navío japonés  que flotó por las aguas del Pacífico durante más de 11 meses y sobrevivió.

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Finalmente, las ilustraciones del libro de Ellms, que brillan por su preciosa ingenuidad, nos dejan ver el lado más sentimental de una serie de historias unidas por dos factores, la tragedia y el mar. Se trata, finalmente, de un epitafio a la memoria de estos fantasmas que compartieron historias similares y cuya memoria se ha perdido, casi completamente, en el tiempo.

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 Imágenes: Public Domain Review