El poder de los espejos está en su capacidad de no sólo mostrarnos un reflejo de la realidad, sino casi siempre un reflejo de algo más. La artista japonesa Yayoi Kusama lo sabía cuando creó hace más de 50 años Narcissus Garden, una de sus piezas más famosas que consiste en una gran cantidad de esferas metálicas reflejantes que son colocadas en un espacio específico, y que ha sido mostrada y reinventada durante décadas. Su capacidad de transformarse, de dar distintos mensajes dependiendo de lo que refleja, ha permitido que esta pieza sea exhibida una vez más, actualmente, en la ciudad de Nueva York.

El actual “Jardín de los Narcisos” (que son más bien espejos) consiste en 1,500 esferas de acero inoxidable que reflejan su entorno y también a quien se acerca a ellas. Esta pieza se presentó por primera como parte de un performance no oficial en 1966, durante la 33va Bienal de Venecia. En aquella ocasión las esferas reflejantes estaban hechas de plástico y fueron colocadas en un jardín frente al pabellón italiano; parada, entre las plateadas esferas, se encontraba Kusama, vestida con un kimono dorado, sosteniendo un letrero que decía “Tu narcisismo a la venta” —una protesta y un fuerte cuestionamiento al mundo del arte y su faceta comercial, además de un comentario sobre el narcisismo que es tan común en el mundo del arte. Alguna vez, en una entrevista al respecto, Kusama aseguró que lo mejor de la presentación de esta pieza en aquella ocasión fue que las esferas se vendieron “como si fueran hot dogs o conos de helado”. Cada esfera costaba unos dos dólares.

En las décadas siguientes, Narcissus Garden fue montada en distintos países y los performances que formaban parte de la pieza se hicieron más elaborados e incluyeron a más participantes; se realizaban, frecuentemente, en parques o espacios culturales emblemáticos de Nueva York y otras ciudades.

narcissusgarden1

Narcissus Garden se encuentra en exhibición actualmente en Nueva York, presentada por MoMA PS1 como parte de Rockaway! 2018, un festival gratuito de arte público en Queens. La instalación de Kusama fue colocada en una vieja bodega de trenes en Fort Tilden, un lugar que, por cierto, fue gravemente dañado en 2012 con la llegada del huracán Sandy. En esta ocasión, la pieza (y también el festival) fueron pensados como herramientas para crear consciencia en torno al estado de abandono y destrucción en el que hasta hoy se encuentra la zona.

Narciso es la epítome de la vanidad y la soberbia —según el mito, el joven griego más hermoso de todos, el más cruel con sus pretendientes, que fue castigado por los dioses enamorándose de su propio reflejo en un estanque; encandilado por su apariencia, él no pudo sino aventarse al lago en un afán de tocarse, de amarse. Así, la relación entre la mitología y la instalación invita a una de las muchas lecturas de esta pieza, una confrontación forzosa con la vanidad y el ego. Las esferas de Kusama son capaces de reflejarte (o de enfrentarte contigo mismo), pero también de repetir, magnificar y multiplicar una realidad o un entorno, forzando a la audiencia a reflexionar sobre éste. Ese es el caso de la versión actual de la pieza, una cuyo mensaje y significado ha evolucionado con los años sin nunca perder su cristalina esencia.

 

 

 

Imágenes: 1) emc – flick 2) josep – Creative Commons

El poder de los espejos está en su capacidad de no sólo mostrarnos un reflejo de la realidad, sino casi siempre un reflejo de algo más. La artista japonesa Yayoi Kusama lo sabía cuando creó hace más de 50 años Narcissus Garden, una de sus piezas más famosas que consiste en una gran cantidad de esferas metálicas reflejantes que son colocadas en un espacio específico, y que ha sido mostrada y reinventada durante décadas. Su capacidad de transformarse, de dar distintos mensajes dependiendo de lo que refleja, ha permitido que esta pieza sea exhibida una vez más, actualmente, en la ciudad de Nueva York.

El actual “Jardín de los Narcisos” (que son más bien espejos) consiste en 1,500 esferas de acero inoxidable que reflejan su entorno y también a quien se acerca a ellas. Esta pieza se presentó por primera como parte de un performance no oficial en 1966, durante la 33va Bienal de Venecia. En aquella ocasión las esferas reflejantes estaban hechas de plástico y fueron colocadas en un jardín frente al pabellón italiano; parada, entre las plateadas esferas, se encontraba Kusama, vestida con un kimono dorado, sosteniendo un letrero que decía “Tu narcisismo a la venta” —una protesta y un fuerte cuestionamiento al mundo del arte y su faceta comercial, además de un comentario sobre el narcisismo que es tan común en el mundo del arte. Alguna vez, en una entrevista al respecto, Kusama aseguró que lo mejor de la presentación de esta pieza en aquella ocasión fue que las esferas se vendieron “como si fueran hot dogs o conos de helado”. Cada esfera costaba unos dos dólares.

En las décadas siguientes, Narcissus Garden fue montada en distintos países y los performances que formaban parte de la pieza se hicieron más elaborados e incluyeron a más participantes; se realizaban, frecuentemente, en parques o espacios culturales emblemáticos de Nueva York y otras ciudades.

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Narcissus Garden se encuentra en exhibición actualmente en Nueva York, presentada por MoMA PS1 como parte de Rockaway! 2018, un festival gratuito de arte público en Queens. La instalación de Kusama fue colocada en una vieja bodega de trenes en Fort Tilden, un lugar que, por cierto, fue gravemente dañado en 2012 con la llegada del huracán Sandy. En esta ocasión, la pieza (y también el festival) fueron pensados como herramientas para crear consciencia en torno al estado de abandono y destrucción en el que hasta hoy se encuentra la zona.

Narciso es la epítome de la vanidad y la soberbia —según el mito, el joven griego más hermoso de todos, el más cruel con sus pretendientes, que fue castigado por los dioses enamorándose de su propio reflejo en un estanque; encandilado por su apariencia, él no pudo sino aventarse al lago en un afán de tocarse, de amarse. Así, la relación entre la mitología y la instalación invita a una de las muchas lecturas de esta pieza, una confrontación forzosa con la vanidad y el ego. Las esferas de Kusama son capaces de reflejarte (o de enfrentarte contigo mismo), pero también de repetir, magnificar y multiplicar una realidad o un entorno, forzando a la audiencia a reflexionar sobre éste. Ese es el caso de la versión actual de la pieza, una cuyo mensaje y significado ha evolucionado con los años sin nunca perder su cristalina esencia.

 

 

 

Imágenes: 1) emc – flick 2) josep – Creative Commons